la mirada de especialistas

Qué tienen en la cabeza los jóvenes que van a fiestas clandestinas

A pesar de que está prohibido asistir a este tipo de reuniones, frente a la peligrosidad de contagio, un sector de la sociedad arriesga sus antecedentes y concurre a estos eventos.
lunes, 28 de septiembre de 2020 · 15:50

Según las estadísticas, los jóvenes resultan una preocupación ya que son el mayor foco de propagación de Covid-19 en San Juan, algo que se repite en el país y el mundo. Sin embargo, estos datos -sumado a la cantidad de víctimas fatales que se registraron (37) desde que inició la pandemia- pasan por alto para quienes asisten a fiestas las clandestinas, que no solamente están prohibidas sino también penadas por las leyes locales. 

A pesar de las consecuencias penales y de la realidad que cada vez empeora, los jóvenes concurren a las reuniones ilegales y su comportamiento despierta la indignación de una buena parte de la sociedad sanjuanina. Una muestra de eso son las repercusiones que tuvo la fiesta clandestina VIP en las redes sociales, desde la detención de los 48 imputados hasta el inicio del juicio en Flagrancia.

Tras la condena social que pesa sobre los implicados, una pregunta se impone y es qué pasa por su cabeza y qué los conduce a violar las restricciones impuestas, que tienen como finalidad evitar la propagación del coronavirus. Para ello, dos psicólogos que dialogaron con Tiempo de San Juan analizaron la situación y ofrecieron su visión sobre la conducta que elevó la polvareda.     

Melisa Mas explicó que los jóvenes adolescentes -que son el tipo de pacientes que atiende- están en una etapa de mucha vulnerabilidad y riesgo, aunque no son conscientes de ese peligro y tienden a la exposición del mismo. "En este contexto de pandemia, ninguno es consciente del riesgo al que está expuesto. De hecho los primeros contagios se han dado por subestimar los cuidados. Si a todos se nos hace difícil tomar conciencia sobre este asunto, imaginémonos lo que es para los jóvenes que tienen una necesidad imperiosa de la exogamia, de salir fuera de la familia", indicó.

Tal y como señaló la profesional, los jóvenes necesitan a sus pares y, frente a esta necesidad y la posibilidad de reunirse y de salir, existen las fiestas clandestinas. "Es compleja la mirada de la condena. Lo ideal no es condenarlos sino, justamente, poder tener una mirada que contemple estos asuntos", detalló y agregó: "Sumado a que ni siquiera tienen la escuela, que es uno de los contextos donde se van desarrollando, formando, encontrando, eligiendo, es un momento complejo para ellos que no pueden sociabilizar".

Para comprender mejor las acciones de quienes violan la cuarentena asistiendo a estas fiestas, Mas señala que hay que tener en cuenta esos factores antes de ejercer una crítica. "El de ellos es un momento critico, de duelo, de des-idiliación con la autoridad, con los modelos que ya tienen (padres, adultos) y se hace insoportable estar encerrados. Entonces la fiesta, el encuentro con los pares se vuelve necesario, a pesar de los riesgos", sostuvo. 

Para Germán Peralta, cuyo trabajo se enfoca en la salud mental, el transgredir las normas es la mejor solución creativa que los jóvenes encuentran ante una situación de incoherencia global que se vive. Es que lo que siempre fue normal, con el contexto de pandemia, cambió y se convirtió en un delito. "Las normas son circunstanciales y, de no ser por la pandemia, sería saludable salir y compartir momentos con otros. Todo es paradójico, porque lo que hace bien está prohibido y necesito desobedecerlo", apuntó. 

Sin ánimos de juzgar si deben ser castigados o no, el psicólogo aclaró que el joven tiende a romper las normas, a desafiarlas, desde su búsqueda de funcionamiento, que pasa por una coherencia inaccesible para quienes quieren controlar sus conductas. "No entiende el para qué de las normas y eso propicia el choque", alegó. 

Sobre la reacción del común de la gente con el caso puntual de los fiesteros VIP, el experto realizó una interesante distinción: "Hay que diferenciar qué es lo que está en debate, qué es lo que se está juzgando. Si es la conducta de desobedecer una norma (de romper la cuarentena) o si es lo particular del caso, de quiénes son los implicados, si son hijos de, si pertenecen a un sector social privilegiado y lo que suponen, que no podrían pagar las consecuencias de sus actos. Se le pone una intensidad a la violación de cuarentena, cuando en realidad la molestia viene por otro lado".

A su criterio, la repercusión del caso corresponde a una respuesta general que también se ve alterada por el contexto. "La pandemia afectó a la generación de recursos y eso moviliza emociones de impotencia, bronca, de venganza. Este evento es tomado como un chivo emisario, proyectan todo lo que tienen y se anula la capacidad racional", añadió.

En conclusión, ambos especialistas coinciden en el acompañamiento de estas personas y a ampliar la mirada sobre sus actos, que en circunstancias convencionales, no implican un delito. 

Por el momento no hay fecha de juicio fijada, después de una audiencia de presentación caliente que duró más de una semana y ofreció serios inconvenientes para juzgar -vía internet- a 48 imputados al mismo tiempo. Las defensas pidieron la suspensión del juicio a prueba, más tareas comunitarias a cambio, pero el juez de Flagrancia rechazó la propuesta, por lo que apelaron la decisión. En una audiencia final, la cuestión terminará de resolverse.      

 

 

  

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