Dramática situación en Pocito

Lo chocaron, dejaron tirado y ahora hace rifas para sobrevivir: el calvario de un sanjuanino

Noelia Rojas, su esposa, es la encargada de hacer todo tipo de malabares para salir adelante. Ella dio testimonio del momento familiar. Necesita ayuda de los sanjuaninos.
miércoles, 2 de diciembre de 2020 · 18:32

Salía de dejar a su hija menor en casa de los suegros. Iba en moto a buscar a su mujer para llevarla al trabajo. No llegó. A las 10.50 del 5 de octubre, una camioneta Fiat Toro lo impactó en la intersección entre Vía Rápida y Guayaquil. La embestida lo eyectó 10 metros del choque, quedó tirado en el incipiente calor del cemento, no pensó ni imaginó nada, el dolor seco en las piernas dejó paso a una presión indescriptible en las costillas, el corazón y el hombro. Ocurrió dos veces. El anciano de 85 años que conducía el rodado mayor “se abatató” y lo pasó por encima. Lo dejó tirado y se fugó. Media hora más tarde llegó la ambulancia y el paramédico notó que Ezequiel Olivera –de 33 años, padre, esposo, trabajador-  tenía “aplastamiento pulmonar”.

Han pasado casi dos meses del accidente. Noelia Rojas -30 años, sostén del hogar- cuenta a Tiempo de San Juan el calvario de su marido. Hubo idas y vueltas hospitalarias, el rebusque de dinero, la absoluta ausencia del presunto culpable, que está en proceso judicial y que pasó dos semanas en presión domiciliaria. Sin embargo, ahora, en retrospectiva, Noelia se ríe como quien sabe que no pueden ser tantas desgracias juntas, pero que sí, que fueron, y lo peor, que aún son. “Fue un milagro”, dice, sobre la vida fuerte de Ezequiel. “Tampoco tengo odio hacia el anciano”, asegura.

Noelia es la encargada de la casa, de los niños –tienen dos hijos pequeños-, y hasta de suministrar la medicación que tanto le costó conseguir. Ezequiel ingresó a Urgencias del Hospital Rawson con fracturas en la parte superior izquierda del tórax y los pulmones frágiles, con la amenaza permanente de que podían colapsar. Fue trasladado al Hospital Privado pues tenía que ser internado en terapia intermedia, pero con asistencia respiratoria mecánica no invasiva, y el nosocomio público no contaba con la posibilidad de alojarlo.

La familia Olivera, en los viejos buenos tiempos. 

“Así estuvo 10 días, en un momento –muy breve- tuvo que entrar a terapia intensiva, pero no pasó a mayores, por suerte”, relata. Y prosigue con la dificultad para que atendieran a su esposo: “Después de eso, los doctores del Privado me firman la internación domiciliaria, lo mandaron a la casa así nomás”. Noelia salió a buscar la cama ortopédica, comprar un oxímetro, calmantes e inyectables. De pronto se encontró cumpliendo funciones que la excedían y los resultados fueron negativos. “Seguí lo que decía el informe médico de 20 páginas. Todos usaban el mismo calmante. Entonces compré ese y se lo daba”, así fue como pasaron varios días y Ezequiel tuvo que ser internado nuevamente: había sufrido una descompensación.

De la mano de un amigo, compañero de karate de la pareja, y cirujano, llegó la solución. “Él salió del Privado sin líquido en los pulmones, cuando yo lo llevo al Rawson de nuevo, los tenía llenos, otra vez tenía una hemorragia pleural”: el médico recetó los remedios correctos, muy costosos. Noelia vendió todo lo que tenía a mano para conseguirlos: se esfumó el celular, algunos muebles y empezó con una rifa para juntar dinero. “En fin, el ahora camina” dice ella, con un suspiro de alegría, de alivio. Pero la plata ingresa a casa a cuenta gotas.  

“Nosotros tenemos un parripollo en Rawson, con todo esto yo no lo puedo atender. Antes mi marido hacía changas, lavaba autos, fue asistente terapéutico independiente, yo cuidaba niños”, señala, en pos de mostrar que la voluntad de trabajo nunca faltó y que ahora nada de eso es posible. La supervivencia, en estos momentos, está en la venta de números para una las tantas rifas que organizó para recuperar a la salud de quien fue el pilar del hogar.

Para ayudar, comunicarse al 2645307830.

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