Siempre existieron rumores que en la Residencia de Adultos Mayores Eva Duarte de Perón (ex Asilo de Ancianos) había túneles de muy vieja data. Estructuras que fueron funcionales en su momento, pero que ahora son obsoletas y poco frecuentadas. A decir verdad, nadie camina por esos desolados pasillos. Salvo alguno que otro solitario conserje que cada tanto se introducen a ese mundo subterráneo para reparar alguna válvula o buscar a alguien que se pierde. El sitio es característico para que ocurra cualquier tipo de cuestión fantástica o misteriosa, pero en esta historia los hechos que se narrarán son tan reales como asombrosos.
Las misteriosas catacumbas del Hogar de Ancianos y los secretos que esconden
Se sabe que estos pasadizos conectan el Hogar de Ancianos con la Escuela de Policías, pero la extensión y las dimensiones reales son difíciles de detallar por falta de planos arquitectónicos. Así lo sostiene la directora de la Residencia, Sonia Recabarren: “No hay informes previos que hablen de la historia del lugar, nosotros estamos hace un tiempo tratando de reconstruir los antecedentes, pero es difícil porque el material es escaso”. Sobre lo que sí hay certezas es que allí funcionaban las viejas calderas de la Escuela Hogar José Manuel Estrada, inaugurada por Perón en 1954.
En estas primeras imágenes te mostramos cómo se ingresa a las catacumbas:
El viejo edificio de la residencia es por demás conocido entre los sanjuaninos porque es un punto de paso casi inevitable para los que visitan destinos como el Dique de Ullum o la zona de "El Pinar". Pero pocos saben que antes de ser una institución abocada al cuidado de los adultos mayores fue una escuela modelo para chicos carenciados. Dicen que era una de las mejores instituciones que había en el país y que la educación que ahí se impartía estaba a la altura de cualquier establecimiento privado. Pero el paso del tiempo y las malas administraciones hicieron estragos en la escuela que perdió gran parte de la estructura que servía para albergar a los chicos; porque además de estudiar ahí se vivía las 24 horas del día y los 365 días del año. El sistema que tenían con las calderas hacía que tuvieran agua caliente durante todo el día, e incluso les servía para calefaccionar el gigante establecimiento. Pero el descuido fue tan fulminante que en un tiempo la escuela hogar llegó a tener la mitad del edificio inhabilitado.
Después las corridas de chicos se remplazaron por las corridas de médicos y enfermeros porque la escuela hogar se convirtió en el viejo Hospital San Roque, que funcionó hasta el 25 de mayo de 1971; fecha en la que quedó inaugurado el Hospital Marcial Quiroga. Como ya había otro hospital de mayor complejidad y casi en la misma zona, decidieron convertir el San Roque en el sitio para que funcione la Dirección de Protección al Menor que estuvo activa hasta el año 1974. Después de esa fecha se instaló definitivamente el Hogar de Ancianos, que con el tiempo pasó a ser la Residencia Eva Perón.
Hay varias maneras de llegar a los túneles del asilo; de una u otra manera los respiraderos tanto de la Escuela de Policía como del asilo conducen inevitablemente a las viejas calderas. De todas esas entradas hay una que solía usarse con frecuencia cuando había que chequear el funcionamiento de los generadores. Pero ahora, permanece sellada con unas maderas y una pieza vieja en desuso que funciona como bloqueo para la puerta.
Primero está la escalera y luego la oscuridad total. Hay que tener una buena fuente de energía lumínica y caminar agazapados porque la altura de los muros no es superior al metro setenta. “Estos sótanos están en la galería y los pasillos del asilo, estos caños es por donde circulaba el agua caliente y la calefacción para varios sectores, así mismo tenemos los respiraderos que es por donde entra toda esta basura”, sostiene Víctor Gordillo (47), que lleva 17 años trabajando en el lugar. “La extensión debe ser de 3 cuadras aproximadamente y siempre que estas acá tenés una sensación rara porque la gente camina encima tuyo; eso y las historias que se cuentan”, afirmó.
“La gente más vieja cuenta historias, algunas son reales y otras se comentan como cuentos del lugar”, aseguró Víctor, basado en su larga experiencia como trabajador de mantenimiento.
Una historia verídica: el hombre que vivió en los túneles en completa oscuridad
La más llamativa de las historias de los túneles fue algo que ocurrió el año pasado, cuando un anciano introvertido desapareció sin dejar ningún rastro. “Lo buscábamos por todos lados, me acuerdo que era un hombre que se quería ir a toda costa, era muy inteligente hablaba varios idiomas, y lo había puesto en el sector de psiquiatría para que no se escapara, pero se escapó igual. Por donde no sabemos, lo buscábamos pero no lo encontrábamos, después la gente que estaba arriba empezó a asustarse porque decía que sentía ruidos y ahí nos enteramos de que se había metido al parecer por uno de los respiraderos”, recordó Gordillo mientras avanzaba por los túneles con su luz de emergencia.
“Ahí fue donde lo encontramos”, dijo mientras señala una valija vieja que era utilizada por el anciano. Su nombre es Pablo Romualdo Olivares, es de nacionalidad chilena y en el archivo del asilo se enumera que “tuvo varias fugas, ingresó con identidad falsa, siempre lo busco la policía”. Además quienes lo conocieron dicen que era ingeniero y hablaba varios idiomas. “A mí me gustaba escucharlo, porque decía cosas muy ciertas”, indicó la Directora de la residencia y agregó que “el problema es que no le gustaba estar aquí y por eso se nos escapaba, una vez lo encontramos solo en el campo, por eso se tomó la decisión que quedara en una institución donde no esté en riesgo su integridad en estos escapes”, afirmó Recabarren. Olivares estuvo tres días en los túneles, subiendo solo a buscar comida. Ahora está internado en el Hospital Mental de Zonda, cada tanto también se escapa.
Las otras historias: el misterio de la enfermera y hechos difíciles de explicar
Hay otras historias que circulan en el lugar, pero carecen de lógica y son difíciles de explicar racionalmente. “Una de ellas es de una enfermera que aparece y cuando uno la mira bien ya no está, ya son varios los que la han visto y le tienen miedo pero a mí en particular nunca se me apareció en estos 17 años, por suerte”, comentó Víctor.
Otra de las historias del lugar es la que recuerda Francisco Ferrera (56), que trabaja en el asilo desde el año 92. Según él en el asilo antes había un duende, varios abuelos lo vieron, hasta vino una radio en esos momentos.. Más allá de que sea creíble o no, lo cierto es que los empleados de mantenimiento tienen varios rosarios colgados como amuletos de protección.
Los túneles llegan a la Escuela de Policías pero la mayoría de los accesos están bloqueados. “Por ahí tenemos que pedirle permiso, pero ellos tienen otras reglas de funcionamiento”, informó otro de los trabajadores consultados.
En la actualidad, las catacumbas del asilo ya casi que no se recorren, solo en ocasiones donde los trabajadores tienen tareas puntuales para hacer. Hay algunos que a pesar de los largos años que llevan como empleados no se animan a bajar a los túneles. La pregunta final es: ¿después de esta historia te atreves a ir a las profundidades del asilo?