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domingo 12 de abril de 2026

Personaje

Olga, la kiosquera de los gobernadores

Tiene 73 años y lleva 25 en el kiosco de Casa de Gobierno. Funcionarios y periodistas la conocen por su tonada riojana y por sus bizcochuelos caseros.
Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Natalia Caballero 

ncaballero@tiempodesanjuan.com

Pasaron seis gobernadores, pasó el "sanjuaninazo”, pasó el regreso de José Luis Gioja tras la caída del helicóptero, pasó de todo en los últimos 25 años en Casa de Gobierno y ella es una de las pocas protagonistas que sigue allí, inmutable. Se trata de Olga Vega, la kiosquera de la casa de calle Paula Albarracín de Sarmiento. La mujer es conocida no sólo por su atención personalizada sino por su tonada riojana y por sus delicias caseras.

El puesto de kiosquera oficial de Casa de Gobierno se lo ganó a pulmón. Durante tres años vendió tortitas, bizcochuelos, pastafrolas y maicenitas en la puerta del emblemático sitio. Cuando decidió irse porque el frío le hacía doler los huesos, allá por 1991, un funcionario escobarista le dijo que le iban a hacer un lugar para que vendiera en la Guardia de Infantería. Y así comenzó su historia como la kiosquera de los gobernadores.

Olga, como su tonada lo indica, es riojana, de Corral de Isaac, un pueblo rural ubicado al sur de Chepes. Siempre fue hiperactiva, el primer contacto que tuvo con la actividad comercial la tuvo gracias a su padre, quien era almacenero y le ponía un banquito en el negocio familiar para que atendiera al público cuando apenas tenía cinco años.

El primer gran ejemplo de lucha fue su madre. La mujer quedó viuda con 36 años y 12 hijos. Hizo de todo para salir adelante, para que nunca les faltara un plato de comida a sus niños, como les decía.

Como en La Rioja no había mucho trabajo, su familia decidió venirse a San Juan. Primero vino ella junto a algunas de sus hermanas mayores, consiguieron empleo y poco a poco fueron trayendo al resto de los hermanos y a su madre.

Olga tiene una gracia especial, cuenta su historia con lujo de detalles, mientras atiende a los clientes. Hay de todo: desde funcionarios hasta gente con necesidades que va a pedir ayuda de cualquier tipo a Casa de Gobierno. Ella no hace diferencias, a todos atiende por igual mientras escucha la radio en un antiguo minicomponente que tiene ubicado cerca de la ventana del kiosquito.

Hay varias personas especiales en la vida de Olga, pero su marido fallecido en el 2005 ocupa gran parte de sus palabras. Estuvieron juntos 31 años, 31 años de puro amor. Alfredo Laplagne se llamaba su esposo y fue un conocido pediatra de la Provincia. A pesar de que su esposo tenía un buen pasar económico, ella nunca dejó de trabajar.

Cuando su esposo se retiró de la medicina, Olga abrió una guardería en su casa de Libertador y Del Bono. Llegó a atender a más de 100 niños junto a su esposo y un grupo de docentes. "A mi esposo le dio una angina de pecho y tuvimos que cerrar, era mucho trajín la guardería con los 100 niños. Así que en ese momento empecé a vender cosas dulces”, recordó Olguita, como le llaman todos.

En el kiosco hay de todo. Cigarrillos de todas las marcas (hasta de las más insólitas), cremas, sándwiches calentitos, medialunas, budines caseros con almendras, nueces y pasas, al mejor estilo fit. Pero la variedad no es el único punto fuerte de Olga. Su mayor fortaleza es que sabe los gustos de todos y apenas entra alguien a su kiosco pone sobre el mostrador el paquete de cigarros que busca el cliente y hasta el caramelito especial que siempre busca. "Es una maestra, tiene una memoria prodigiosa”, repiten por ahí los clientes.

Cada vez que tiene un tiempito, se aleja de la rutina del kiosco y se toma unos días en La Rioja natal. Allí disfruta de la estancia materna junto al único hermano que se quedó en el campo de la familia.

Además de atender el kiosco personalmente de lunes a viernes de 7 a 14 y de 17 a 21.30, Olga hace un sinfín de actividades domésticas. En la noche prepara los budines, rosquitos y maicenitas que va a llevar al negocio, teje bufandas y gorritos que expone en el pequeño recinto y hasta arma los pedidos de los libritos de Avon, Millanel y Essen.

Las grandes debilidades en la vida de Olguita son sus nietos, uno de 18 años y otro de 10. Al más chico lo lleva a básquet y lo va a retirar de la escuela todos los días. En el kiosco tiene pegados dibujitos realizados por sus nietos de chicos, todos tienen dedicatoria.

Su hijo es también su orgullo. Es un hombre muy conocido en Tribunales y en los medios de comunicación. Se trata del abogado penalista Gustavo De la Fuente, reconocido por protagonizar los juicios más comentados de los últimos tiempos.

"Mi gran secreto ha sido llevarme bien con todos, con los gobernadores, con los funcionarios. Soy apolítica, no me gusta meterme en esas cosas. Con los periodistas me llevo bien, en especial con los de radio La Voz. Es que cada vez que gana River llamo a la radio para cargalos a los conductores que son de Boca, es una tradición. También me saludan los de Colón”, contó Olga.

Aunque tiene 73 años, su cuerpo y su energía no lo demuestran. Parece que fuera mucho más joven. Olguita aseguró que no se imagina sin el kiosco, que quiere seguir atendiendo hasta que el cuerpo se lo permita. Con una sonrisa en la cara y con tonada pícara concluye diciendo: "Es un lugar muy codiciado pero yo me lo gané trabajando a pulmón”. Una verdad que nadie puede refutar.

 
 
 
 
 

 

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