Luchadora es la palabra que describe y representa a María Julio, una ullunera a la que ni su humilde condición y ni su desconocimiento sobre el tema le impidieron mover cielo y tierra para sacar a su hijo del consumo de las drogas. Luchó incansablemente hasta que logró sanar a su hijo. Por amor y para evitar que su hijo vuelva a consumir, terminó el secundario junto a él. Una historia de amor y superación.
Terminó el secundario con su hijo para rescatarlo de las drogas
Se trata de una madre de Ullum, quien antes había perdido una hija y su esposo sufría la adicción al alcohol.
Cuando apenas tenía 13 años, Antonio entró a un mundo donde ninguna madre quisiera que su hijo entrara. Cayó en las garras del consumo de drogas que lo llevó por un camino con pocas salidas.
"Yo trabajaba a la par de mi marido para que nada les falte a mis hijos y no me di cuenta que algo le estaba pasando a mi hijo mayor. Fue una amiga la que me advirtió que notaba algo raro en la conducta de Antonio”, comenzó relatando María.
María venía de perder a su hija menor con apenas 40 días de nacida por una cardiopatía cuando, por alerta de su amiga, comenzó a notar que algo le pasaba a su hijo. "Mi amiga empezó a buscar por internet y me comentó que las actitudes de un chico que consume drogas coincidían con las de mi hijo, y me dijo una frase que me hizo despertar: "
Así fue que María dejó su trabajo y salió en busca de ayuda. Perdida, sin saber por dónde comenzar, y desesperada por conseguir ayuda, golpeó puertas, pidió socorro a gritos y habló con los vecinos para ver si en algún lado conseguía la respuesta que estaba buscando. "Soy una mujer grande y de campo, no tenía idea por dónde comenzar, no sabía qué hacer”.
Tras meses de una desesperada búsqueda de auxilio, la mamá heroína, logró que internaran a su hijo en un centro de rehabilitación al cual debía asistir todos los días. Al principio María y Antonio tomaban el "primer ullunero”, el colectivo que viene de Ullum hasta la Ciudad de San Juan, que pasaba alrededor de las cinco y media de la mañana.
"A veces veníamos colgados en la puerta pero tenía que llevar a mi hijo si o si”, dice María. Y así fue que. Con gran esfuerzo, día a día Antonio llegaba primero que todos sus compañeros al centro de rehabilitación.
Fueron tres años de terapia eternos, de mucho sufrimiento para toda la familia. El tratamiento contaba con tres etapas. "La primera fue muy larga porque nosotros como familia no cumplíamos con todos los ítems que nos pedía la institución. Teníamos muchos errores y eso hacía que me hijo no avance en el tratamiento. Cada lunes cuando asistía a la reunión de padres, yo lloraba toda la reunión porque me explicaban que mi hijo no avanzaba por errores nuestros”.
Claro es que en la casa Antonio no era el único que tenía problemas de adicciones, su padre era alcohólico y eso retrasaba el tratamiento y hacía más dura la batalla de María.
Después de mucho trabajo, Antonio y María lograron pasar a la segunda etapa del tratamiento. Etapa que tenía como objetivo a cumplir reinsertar a Antonio en la sociedad por medio de un trabajo o retomando sus estudios.
La segunda opción fue totalmente descartada desde un principio por el joven que decidió buscar un trabajo. "Por su situación, nadie quería emplearlo y si conseguía un trabajo era sólo por tres meses. Yo no sabía cómo ayudarlo pero después de pedirle mucho a Dios me di cuenta qué tenía que hacer. Mi hijo siempre ha admirado mucho todo lo que hago, por eso decidí ir a la escuela para terminar el secundario. Cuando llevaba apenas un mes estudiando me dijo que quería terminar el secundario conmigo y en ese momento sentí que estaba tocando el cielo con las manos”, comentó emocionada.
La lucha de esta madre estaba dando sus frutos. Antonio estaba cumpliendo con las exigencias de la institución donde hacía el tratamiento y a la vez le estaba devolviendo a su madre un poco de todo lo que ella había hecho por él.
En el año 2008 la batalla de María empezó a dar resultados. No sólo se egresaron con reconocimientos de la escuela secundaria, sino que Antonio fue dado de alta para comenzar con su nueva vida.
Fue el CENS de Ullum, el establecimiento que recibió de brazos abiertos a madre e hijo para que cumplan su sueño de terminar el secundario. Ambos se recibieron de Perito Agro- Industrial, lo que hoy le permite a Antonio desarrollarse en el rubro agrícola.
Hoy, siete años después, Antonio es un joven sano, trabajador y agradecido a su madre, quien hoy es un ejemplo entre los vecinos del barrio Lago, en Ullum, quienes la admiran y toman como ejemplo a seguir.
"Hoy me dedico a mis nietos, a quienes amo profundamente. Además ayudo a familias que están pasando por lo que yo pasé”, culminó.
Antonio y María en la escuela donde se
egresaron.
Dejá tu comentario
Te Puede Interesar
Inclusión
Por Miriam Walter
La libertad tiene tres ruedas en San Juan: la historia de Milagros y el regalo que cambió su vida
Exclusivo
Por Daiana Kaziura
Del ruido y el hacinamiento al silencio y la libertad: cómo es la nueva vida de los peces del Parque de Mayo
Discurso polémico
Por Ana Paula Gremoliche
La batalla impensada que arrancó en Iglesia: "Somos mejores que Calingasta"
Impacto
Por Redacción Tiempo de San Juan