Este viernes a las 21 los integrantes del Club Andino Mercedario y amigos de Iñaki Coussirat se reunieron para recordar y homenajear al "Gordo”, como lo llamaban quienes lo conocían. Sentados en círculo, uno a uno pasó a contar experiencias y anécdotas con el entrañable joven, que perdió la vida a los 24 años durante una escalada al Fitz Roy, cuando una roca se desprendió y cayó sobre él.
Con cariño, con risas y los ojos llenos de lágrimas, cerca de 15 personas se paró frente al círculo y recordó al joven. La capacidad de motivar a todos, la energía que ponía en la escalada, su amor por la montaña y sobre todo su carácter amable y humildad fueron el eje de cada historia. Sus instructores y compañeros en las escaladas recordaron cómo llegó al club, siendo un niño, y cómo con los años se convirtió en un escalador de elite que todos miraban con admiración.
"Una vez escalando una de las partes más difíciles gritaba ‘Dios, por qué me diste esta panza’” relató un amigo y compañero, "pero lo hacía con diversión, para motivarse y motivar a todos, yo le grité, ‘Dios, por qué no soy como vos’. El brillaba entre todos nosotros”. En las anécdotas, todos recordaban cómo los hacía reír y cómo motivaba a todos, que lo seguían al ver la energía que ponía cada día.
Iñaki era también instructor y una de las madres de los más pequeños contó como su hijo se fue a los 3 años en su primera escalada con el joven. "Cuando mi hijo volvió lo primero que me dijo fue que había hecho cumbre 3 veces sin dejar la mochila ‘como le dijo el Gordo’, eso fue hace 4 años y hasta el día de hoy se acuerda, lo marcó para toda la vida”. Esta relación con la seguridad fue lo que remarcó una mujer joven, también andinista, quien relató cómo el mismo Iñaki una vez le dijo que "no había montaña tan importante como para no volver a ver a mi mamá”.
Luego de las anécdotas, cada uno de los presentes se acercó a una de las paredes que tantas veces usó Iñaki para practicar y dejó una vela encendida. Mientras todos caminaban recordaban más anécdotas, se reían, lloraban y abrazaban, recordando a un andinista de elite, que todo el mundo definió como "un gran hombre”.