Jorge Balmaceda Bucci
Milongueando por el mundo
Leo Ortiz entró en la esfera del tango contra su voluntad y con el correr del tiempo descubrió que era su gran pasión, con la que hoy da clases en diferentes puntos del país y Europa. Por Jorge Balmaceda Bucci.
En su certificado de nacimiento figura Buenos Aires, pero Leo Ortiz es sanjuanino de adopción y corazón. Aquí vivió la mayor parte de los 38 años que carga junto a sus padres y hermanos. Le buscó el sentido a sus días desde diferentes puntos. Siempre fue a buscarle las cosquillas al destino, pero nunca imaginó que sería en el tango donde hallaría su pasión y medio de proyección. Accidentalmente –se podría decir y él lo corrobora-, el ritmo del 2x4 se convirtió en su mejor pasaporte dentro y fuera del país. Con decir que, aunque sigue sin creérselo, está próximo a subirse a su segundo viaje al Viejo Continente para enseñar de qué se trata y cómo se baila este sensual ritmo.
El primer contacto con el tango le llegó a Leo de manos de sus padres, que habitualmente lo escuchaban en casa. Pero, para él, ni fu ni fa. Ni siquiera las vacaciones en casa de su tío Raúl Baliera, bandoneonista titular del circuito porteño milonguero, arrimaba su entusiasmo al mundo en el que reinaron por su arte Gardel, Troilo y Piazzolla.
Para el joven Ortiz su vida pasaba por otra avenida. Lo intentó en varios frentes, pero nunca terminó de anidar en uno. La crisis de principio de siglo lo convirtió en actor principal de la frase 'la necesidad tiene cara de hereje'. No encontraba salida laboral y en casa el mango hacía falta. Bajo esta situación, la data de unos cursos de capacitación con buena salida lo llevó a San Luis y fue en suelo puntano donde, sin querer, comenzó su idilio arrabalero.
"Unos amigos me comentaron del tema y allá me mandé. Eran talleres de un programa de producción cultural y la verdad que el que menos me tiraba era el de tango. Me resistía a caer en ese curso de capacitación, pero después de dos semanas de insistencia de mis amigos terminé cayendo. A los dos meses ya formaba parte del ballet municipal y a los tres debuté en un escenario. Todo fue muy loco, muy rápido”, dijo Leo trayendo a colación aquellos días del año 2003. Llegó a San Luis por un par de semana y terminó quedándose 8 años.
La rueda comenzó a ganar terreno y en su discurrir surgió la posibilidad de representar a San Juan en el Mundial de Buenos Aires. Corría 2008. "Fue una experiencia muy linda porque me permitió conocer a grosos del tango. Me salió el cholulo de dentro y me hice fotos con todos los que pude”, comentó Ortiz, que a esta altura del partido está más que instalado en Buenos Aires y regularmente pivotea llevando sus cualidades y conocimientos por toda Argentina.
Su presencia en la cita ecuménica volvió a repetirse en más de una oportunidad, siendo la 11ª posición en 2012, junto a Carla Rossi, su mejor desempeño. Leo pensó tocar el cielo con las manos, pero no sabía que en 2014 se iba a proclamar Campeón Metropolitano de Milonga. Este sanjuanino de ley –aunque el DNI diga otra cosa- subió a lo más alto del escalafón en la meca del tango.
"No lo podíamos creer. En esa oportunidad también bailé con Carla y cuando íbamos escuchando la decisión de los jueces pensábamos que podíamos haber quedado quintos o así. No habíamos tenido tiempo de ensayar y para nosotros ese puesto ya era un gran premio. Dijeron el quinto, el cuarto, el tercero y ya pensábamos que no había más esperanzas de ser nombrados. Dijeron el segundo y cuando anunciaron nuestros nombres como ganadores explotamos de la alegría”, expresó Leo con la mirada cargada de orgullo.
La historia de este tanguero siguió con aplausos, felicitaciones y reconocimientos. En estos último apareció el pasaje a Europa. "Me llegó la oportunidad de ir al norte de Italia y Rotterdam para dar exhibiciones y clases y no la dejé pasar. Fue una experiencia muy linda, es otro mundo y la gente es muy respetuosa del tanto. Por suerte, ahora en septiembre vuelvo para Italia a seguir bailando”, afirmó Leo, el feliz tanguero que encontró en la necesidad el gran amor de su vida.
FRASES
"Una de mis primeras profesoras de tango me dijo que yo no iba a bailar nunca bien porque era gordito. Me gustaría encontrarla ahora”.
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