CANAL 13
Los bohemios del Teresa de Calcuta
El Hogar Teresa de Calcuta es uno de los dos lugares para alojar a personas en situación de calle. Uno podría pensar que es una pensión de linyeras. Pero a la primera charla hallamos un tanguero, un pianista de lujo, un ex locutor cantante y hasta el “Kun” Agüero. La vida los marcó pero ahora tienen una nueva chance, un estilo de vida diferente, que agradecen y defienden.
Pedro Tomás Gómez no dudó en presentarse primero con nombres, apellido y apodo. "Alias Cacho, Cachito para las chicas", aclaró con ojos pícaros entre los párpados rasgados. Llegó en abril del año pasado. "Tuve problemas con familiares y quedé en la calle. No sé cómo, pero de acá (de Desarrollo Humano) vinieron a buscarme".
Cachito es de Buenos Aires, "de Pehuajó donde está Manuelita". Trabajó allí con su papá y luego de un tiempo se casó. "Me fue mal y nos separamos. Nunca más un contacto. Estoy solo", resumió. "Acá estoy tranquilo, tengo familia nueva", acota.
Al no ser una institución de internación, los hombres tiene la libertad de hacer lo que quieran durante el día y volver, o no, a la noche para comer o dormir; siempre dentro de los horarios establecidos y con las normas de convivencia fijadas. Gómez ahora está yendo a una estación de servicio para lavar autos, o hacer alguna changa. "Vuelvo y me tratan muy bien. La comida es rica, estamos muy conformes", cuenta uniendo las manos. "Acá tengo amigos. Con él somos como hermanos" señaló Cacho hacia su derecha.
"Soy Ricardo Rafael Sáenz Peña. Roque era mi viejo", cuenta el señalado. "Tengo para contar una vida de distintas maneras. La quiero a mi vida. He vivido tiempos que nadie creo que vivió desde los 14 años y tengo 66 años. Estoy solo pero tengo a mis amigos y mis compañeros", dijo el "Pelado".
Llegó por una enfermedad que contrajo y al no tener vínculos que lo contuvieran lo derivaron. "Tengo familia e hijos. Soy separado dos veces. Mala cabeza en ese aspecto", analizó. "Estoy recuperándome. Hay que poner un granito más para al otro día decir ¡gracias Dios!".Trabaja en los baños de la Terminal de Ómnibus. "Una moneda que haga es para compartirla acá", indica.
Lo que más los une es el fútbol. "Vi el Mundial y me amargué porque no era lo que queríamos. Ya que llegamos hasta ahí, queríamos estar arriba de todo", dijo Cacho. "Discutíamos sobre Messi. En el Mundial fue un pecho frío", agregó Ricardo.Y así le llegó el sobrenombre a Roberto Agüero, otro de los residentes. Los bohemios lo bautizaron "Kun". "Porque discutimos de fútbol y él lleva todas las estadísticas”, dice Ricardo. El “Kun” es tímido y se le sonrojaron más aún las mejillas rosadas. Perfectamente peinado a la gomina, el estadista del fútbol es el placero de la plaza 25 de Mayo.
La buena comida es otro de los puntos en común entre los residentes. Ricardo lo carga a Roberto. "Se ha comido 5 milanesas". Estallan las risas. "No, han sido 3. Bueno, 3 y media porque él me dio un pedacito de la suya", dice Roberto Godoy.Trabajaba en los autos. Y ahora lo que hago lo hago para mí". Llegó al refugio porque había dejado de trabajar y era económicamente imposible alquilar. "Cosas de la vida", dice con un suspiro. Roberto es pianista, comparte su tiempo entre algún trabajito y el ejercicio, día por medio, en el piano de cola del Club Social. "Es una joya, no como el del Hotel Provincial que lo han dejado desafinado. Toda la vida toqué. A los 12 era el armonio en la iglesia de Concepción", recuerda Roberto. "Y estamos a punto de despuntar el vicio con Ricardo, que canta", agregó repartiendo escraches amistosos. Se conocían desde mucho antes, cuando trabajaron en Mendoza.
La música es el otro pilar unificador. Sobre todo, el tango. "Pero no solo eso, yo canto cumbia, lo que venga", refuta "Pelado". Él era locutor hasta que un día faltó el cantor, "5 días antes de los carnavales". Le pidieron que "pase" algunos temas y se cambió de bando. "Lo que más canta Ricardo es "La vida me engañó" ", aporta Cacho. "Y a mí el que me marca es un tango divino: "Qué me van a hablar de amor"", acota Roberto.La reunión de Roberto con Ricardo 35 años después en el hogar fue de casualidad. Se conocieron en Casa Italia Rivadavia de Mendoza. Uno tocaba tango y el otro cantaba en una orquesta. "Algo vamos a hacer" retruca Roberto. Cachito está callado pero también canta tango. "Yo cantaba con guitarra con mi viejo", aporta el porteño.
No son dos corazones rotos. "Esto es un poco la vida de bohemios, de callejeros. "No callejeros no. Eso es de perros" dice Cacho remarcando las erres porteñas. "Yo aprendí a cantar tango, después folclore, melódico cuando estaba en la wiskería y terminé con cuarteto", dijo Ricardo para la risa de todos. Y empezaron las anécdotas. "Nos buscaban en los cafés y nos llevaban a los casamientos" dijo Roberto. Le tocó un casamiento de gallegos en el que el paso doble se estiraba hasta bien entrada la mañana. "Y dale, lo que pagaran". "Uh, yo canté en una boda gitana. Fueron dos días", recordó Ricardo. No sabe cómo aguantó. "¡Me hice la guita!", recuerda y hace reír a todos. Fue a Río Cuarto a la pista de la Mona Giménez, San Luis, La Plata, Curicó, Chile. " Las vueltas de la vida", recuerda. "Ahora es distinto, todos usan pistas. Y cantan acompañados por D´Arienzo, Pugliese, Troglio", analiza Roberto. "Yo me equivoqué, tendría que haber sido pastor o político". Así le dijo una tía a Roberto Godoy, que no quiere revelar mucho sobre su vinculación con el político Ruperto. "Pastor de ovejas, milanesa y tomate", le dice Ricardo para sacarle una sonrisa.
La casona de Avenida Córdoba ofrece un plato de comida, una cama, una ducha caliente; pero es mucho más. Aquí hay hermanos de la vida que se conocieron por primera vez a los 70 años. "Tenemos buena administración. Y no lo decimos porque nos vayan a tirar las orejas", dice Saenz Peña con mirada cómplice a Estela Cejas, la coordinadora. Ella le responde con gesto maternal.
Fuera de la entrevista Estela admite que los tiene "cortitos". Debe ser difícil que hombres adultos puedan o quieran convivir con otros extraños a esta altura de la vida, después de todo lo que pasaron.
“¿Sabés qué linda la sensación de que se hagan las 7 de la tarde, volver acá y que te reciban con una sonrisa?", dijo Roberto Godoy. Me quedé sin preguntas.
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