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miércoles 8 de abril de 2026

Salud pública

Cuestión de peso

En el Hospital Rawson hacen by pass gástricos y numerosos tratamientos gratuitos para gente con problemas de obesidad mórbida. Los testimonios de gente a la que la cirugía le cambió la vida. Por Miriam Walter
Por Miriam Walter


El dilema con la obesidad saltó al tapete con el caso del sanjuanino Víctor Hourquebie, quien murió días atrás, postrado en su cama y pesando 350 kilos, lo que trajo el debate incluso a nivel nacional sobre el acceso de este tipo de pacientes a la ayuda oficial. En el Hospital Rawson existe desde siempre el consultorio de Bariátrica, que ofrece operaciones de by pass gástrico a personas obesas de manera gratuita. Con el edificio nuevo, el servicio cobró un envión importante y hoy se hacen entre una y dos de estas cirugías por semana, que en  la parte privada cuestan fortunas. El equipo multidisciplinar que dirigen los doctores Diego Varela y Juan Pablo Gempel acerca a los sanjuaninos sin obra social una solución definitiva al problema de los kilos de más. Tiempo de San Juan habló con dos personas a las que el by pass gástrico hecho en el sector público les cambió la vida.

Oscar Sarmiento
Hasta el 6 de diciembre cuando se hizo el by pass gástrico en el Rawson, Oscar pesaba 160 kilos. Ahora está en 104 y tiene que llegar a 90. “Yo siempre tuve sobrepeso de niño y a los 18 pesaba más de 100. Es un poco genética de uno y el metabolismo, pero más de conducta en mi caso. Mi viejo también era obeso y murió a los 49 de un ataque cardíaco. Yo por ahí iba a los asados, a las fiestas y me llenaba pero le seguía entrando a la comida porque la mentalidad del gordo es que no quede nada en el plato”, dice.
“Desde los 20 empecé a subir y no podía frenar, trataba con mil dietas y no podía, al último rebotaba en todos los trabajos. Me pasaba que subía al colectivo y ocupaba dos asientos, odiaba el colectivo, pasar por el pasillito, tenía que viajar a Buenos Aires por el trabajo y siempre era una complicación para el de al lado, me sentía muy incómodo. El año pasado tuve un accidente y no me querían hacer una resonancia en la rodilla porque decían que iba a romper las rueditas de la camilla. Una vez mi papá me regaló una bici y se le rompió la amortiguación, cuando fui a la bicicletería me dijeron que cómo le habían vendido esa bicicleta a una persona como yo. Mi amigo que iba conmigo se re enojó y a mí me dejó re traumado por mucho tiempo. Siempre la sociedad discrimina”, relata.
Casado con Silvina Vargas, Oscar tiene dos hijos. “Yo iba a llevar a los niños al pediatra y el médico me retaba, por ahí es chocante pero ayuda”, asegura. Hasta que un día, el gastroenterólogo de su madre lo derivó al doctor Varela en el Rawson y así empezó el cambio de vida. La primera visita fue en marzo de 2013.  “Yo no tengo obra social, ahora trabajo con un mayorista de ropa, trabajé mucho en fábricas y soy ágil pero cuando me mandaban a hacer el preocupacional me salía una arritmia cardíaca”.
Para llegar a la cirugía, Oscar hizo una dieta estricta que le permitió perder 20 kilos de mayo a noviembre de 2013, cuando le dieron el OK para operarse. “Al principio yo lo hacía tortuoso pero no es que te matás de hambre. Por ejemplo, en los asados comía una rodajita de carne y me llenaba con ensalada y con una fruta y una barra de cereal”.
Ahora que está operado, Oscar usa la campera que le había quedado chica cuando era joven y está por retomar sus estudios que dice que dejó por ser gordo y perezoso. Más adelante piensa buscar trabajo, sin temor a que le pregunten cómo maneja su peso. “Ahora todo es mejor, puedo jugar con mis hijos. La gente se sorprende al verme, paso y se quedan las señoras cuchicheando”, cuenta. El mes pasado fue su cumpleaños, con cuerpo nuevo, “sin torta y con comida ligth pero feliz”.  
La decisión de Oscar contagió a su esposa Silvina, quien también está en tratamiento y espera operarse pronto. “Yo pesé hasta 108 kilos y ya he bajado 11, con lo de Oscar es más fácil hacer dieta”, cuenta. “Creo que todos los gorditos pasan por alguna discriminación, cuando tenía 15 años pesaba 100 kilos, siempre fuimos dulceros en la familia, hice muchas dietas, subía y bajaba, pero con los embarazos subí más”, asegura ella. Me quiero operar para dejar de sufrir y que también sirva de ejemplo para mis hijos”, concluye. 

LA FRASE

“Mi autoestima estaba en el tercer subsuelo y ahora está en las nubes. Ahora con mis chicos vamos a tomar mate al parque, corro, juego a la pelota con mi hijo. Es otra vida, lo que antes no hacía lo estoy haciendo el doble”.

Sonia Valdéz
 “Yo siempre sufrí de obesidad y cuando bajé fue porque tomé pastillas, que después me hacían efecto rebote. Y hace un año y medio atrás llegué a pesar 150 kilos y mido 1,48”. A los 45 años, Sonia Valdéz dice que nunca imaginó verse y sentirse como ahora, que pesa 73 kilos tras hacerse el by pass gástrico en el Hospital Rawson el 23 de agosto de 2012. “Me siento bendecida, no todo el mundo tiene la suerte de poder operarse. Ahora es una vida nueva, increíble”.
Sonia cuenta que desde chiquita fue gordita, “siempre tuve buen carácter, como siempre el gordo es el que trata de hacer reír, de bajar la cabeza, pero siempre sentimos la discriminación y te hiere mucho, tenés baja la autoestima. Una vez salíamos con mi esposo del sepelio del abuelo de él y se burlaron de mí, me dijeron una cosa horrible y yo me puse re mal, mi marido los quería matar. Así, muchas cosas feas me han pasado, pero eso es algo que ha cambiado ahora”.
En octubre de 2011, Sonia escuchó por radio a los doctores Varela y Gempel que hablaban sobre los servicios del Rawson. Un amigo de Sonia le decía siempre que se opere y ella le contestaba que no tenía plata. Y cuando se enteró de que se hacía el by pass gratis en San Juan, pidió un turno. “Tardé en tomar la decisión porque tenía miedo a la cirugía”, cuenta. La vio Varela y empezó inmediatamente el tratamiento. “Hice todo como me pidieron, nunca falté a un turno, pero me costaba mucho hacer la dieta. Yo le lloraba al doctor, me dolían los pies, casi no podía caminar. Me dijeron que era candidata al balón gástrico, para adelgazar los 15 kilos que necesitaba para operarme. Yo lo veía difícil. Pero después con mi marido le puse voluntad e hice la dieta y logré bajar primero 8 kilos. Y al final llegué a bajar casi 40 kilos antes de la cirugía”.  Agrega que “Muchos piensan que es por estética pero es una cuestión de salud. Yo había empezado a tener problemas de presión alta y de insulina, ya no tomo más medicamentos para eso”.
Además del soporte anímico del equipo de profesionales del Rawson, Sonia dice que fue fundamental el apoyo de los más cercanos: “Yo siempre le conté a todos lo que estaba haciendo, entonces por ejemplo cuando iba a un cumpleaños me preguntaban qué podía comer o yo llevaba mi comida”.
Una de las cosas que Sonia dejó de lado por ser obesa fue tener hijos y ahora hasta habla de poder adoptar con su esposo Marcelo. También va al gimnasio, sale a caminar tres veces por semana y está estudiando para terminar el Secundario que dejó hace décadas. El cambio físico es muy notable: “Ahora hay gente que no me conoce, una vecina en el supermercado me preguntó por qué yo la saludaba tan amable y yo le dije que era la señora gorda y no lo podía creer. A mi esposo en el club le preguntaron si se había separado porque lo veían con una nueva mujer, delgada”, relata. Cambió todo su vestuario y la ropa XXL se la regaló a amigos y familiares. “Creo que a mí me han operado y me han puesto una cuerda, quiero hacer de todo y ahora puedo. Cuando uno está gordo no se da cuenta lo que trae la obesidad”, reflexiona. Por miedo al rechazo, Sonia nunca presentó un currículum y ahora piensa en buscar trabajo. Está colaborando con el equipo de Bariátrica: “Yo les doy fuerza a los pacientes nuevos, les digo que no caigan, les saco los turnos. Y en las caminatas que hacemos nos preguntan y eso motiva y van a hacerse atender. Yo paro a la gente en la calle, le cuento mi experiencia y así he llevado a un montón de gente al Hospital”.

LA FRASE
“Yo creí que esto era para los artistas, para las personas de plata y nunca me imaginé que iba a poder operarme. Y el Hospital nos da toda la contención que necesita el gordo y hasta las vitaminas gratis”.
   

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