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domingo 26 de abril de 2026

José Luis Pennachi

El encantador de perros

Se ríe cuando lo comparan con el mediático César Millán, pero parece obrar maravillas con los canes que le dejan en custodia. Es uno de los pocos que se dedican al cuidado y entrenamiento integral. Dejó a las mascotas de Amalita Fortabat y Alfano para afincarse en San Juan. Por Ernestina Muñoz.
Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Ernestina Muñoz
CANAL 13

Hace 22 años, Luis empezó a enamorarse de los perros, lo que hoy considera que no es un trabajo sino una dedicación. “Pasé hasta 10 horas mirando el comportamiento de perros en el Rosedal de Palermo o el Parque Japonés, aislados, en su estado animal. Son como un rescate del mundo, como debe ser para la gente que tiene hijos mirar a sus hijos”. Él a sus 40 años no tiene otra descendencia, ademas de sus 10 perros. Ellos "trabajan" como profesores para los otros canes que saca a pasear.

En Buenos Aires trabajó con las mascotas más selectas, como los de la multimillonaria Amalita Fortabat o los ovejeros ingleses de Graciela Alfano. "En el country de Fortabat, yo tenía que absorber el nivel primero. Vi mucha plata tirada. Me escaneaban al entrar. A ella nunca la vi.
Tenía mil secretarios. Alfano, vivía enfrente de mi departamento y yo veía a sus hijos jugar a la Play en un led enorme en el que los jugadores parecían de tamaño real", detalló. Contra el dicho que afirma que los perros se parecen a los dueños, Luis afirma que  “lo más difícil es tratar con clientes. Cuando me preguntan ¿cómo se portaron? siempre digo que mejor que sus dueños.  A veces el mejor perro tiene el dueño más rata. Y cada vez que me alejo de la Capital, siento que la gente te trata distinto. Tengo clientes desde el barrio Costa Canal 2 a Countrystop. Generalmente el que tiene plata, exige más explicaciones".

Hace tres años y medio que llegó a la provincia para el funeral de sus suegros, de origen sanjuanino. “Yo me quedo acá. No me voy si estoy bien. No vuelvo a otro lugar como Buenos Aires o Córdoba porque acá hay valores que están buenos. Hay buen clima, es una ciudad para vivir el día, porque la noche no existe. Está bueno que sean muy cerrados porque entonces a la gente que viene a joder, le dicen que no venga.  A mí me vaciaron la casa dos veces en otros lugares, me secuestraron perros. Una vez fuimos a hacer una producción de fotos y nos asaltaron. Eso acá no pasa”, afirmó.

Clave griega

En un paseo es normal ver a Luis con perros grandes, mínimos, hembras y machos. Supo pasear un rottweiler de la barra Los Piratas de Córdoba, que le llegaba a la cintura. También un mini salchicha.  ¿Cómo se hace para llevar 20 perros de la cintura y no morir en el intento? “Alfa, beta, gamma”, contesta el encantador de perros local. “En la camada, es Alfa el que explora, es independiente, se las ingenia. Son bestias. Betas son los obedientes que siguen al alfa. Los gamma son los psicológicos, duermen todo el día, son ideales para departamentos. Si hubiera dos alfas en la jauría se van a matar. Por eso antes de aceptar a un perro me interesa observarlo primero”, advierte. Asegura que en general su jauría es un cosmos bien organizado.
“Hay mucho respeto con el género, no agreden a las hembras. Cortejan bastante, no abusan, además, la perra ubica al macho (como en la vida)”, asegura entre risas. Sin embargo, a veces ingresa al conjunto  algún perro con problemas físicos, psíquicos y hormonales. Aquí entran a jugar las maniobras y el manejo de grupo. “A veces ves que un perro de 4 años juega con un cachorrito, es porque tiene un retraso. En cuestión de meses se acomoda en la jauría. O ves un perro alzado que va al choque, las hembras son las que mandan y los acomodan”. El profesional asegura que las relaciones que uno forma con los perros y entre ellos son la clave de la convivencia. Los testimonios aseguran que las mascotas se domesticaron después de esta suerte de terapia.

Son más de 20 años de experiencia los que avalan el trabajo de José Luis, también los malos momentos. “Los primeros 5 años me mordieron mucho. Unos ovejeros de la esposa del comisario de la Cuarta de Mar del Plata me atacaron. Después, veía ovejeros y se me caía la gota de sudor. Pero porque huelen el miedo, es una hormona que los descoloca y por eso atacan. Si uno está seguro por dentro, no te muerden más. Después de los 5 años de trabajo no me mordieron más”, afirmó.

Actualmente estudia nutrición y sociología, para pulir más el oficio. Son solo 3 horas con los perros. El resto de la educación, depende del dueño. “Hay que informarle todo y pedirles paciencia porque el tiempo que se demoran en entregármelo es el tiempo que falta para educarlo, para que desaprenda mañas. Son como niños, te miden”; dice sobre los pichos. Además, remarca que hay que tener un espacio propio o una buena plaza para el paseo y cada 15 días sí o sí bañarlos, para que no tengan infecciones.

Proyecto político

Para José Luis Pennachi es urgente una perrera municipal al menos en Capital. “Y si no hay gente idónea, me gustaría hacerlo yo”. El objetivo sería que haya multas a los dueños irresponsables de mascotas y con esos fondos sostener un lugar para contener a los callejeros.
“Generaría unos 20 puestos de trabajo y limpiaría las calles. Hay que mirar la metrópolis más grande para ver cómo les va.  Cuando llegué, esta era una Ciudad muy limpia. Hoy el agua está contaminada, las calles sucias, apenas 6 papeleros en toda la peatonal. Se les está escapando”, consideró.

“Acá veo a muchos dueños sin correa para el perro. Es como tener auto sin llave. Tienen que levantar la caca. Dedicarle tiempo a las mascotas, no es una cuestión de espacio. En Palermo, trabajé con gente que vivía en departamentos. Lo que pasa que elegimos por comodidad la raza, el tamaño, el pelaje. Entenderlo como un escape de la rutina”, consideró.

Tipografía del cliente

Hay tres tipos de necesidades, de parte de los propietarios de mascotas que contratan el servicio de Penacchi. Por status, para conformidad o aprendizaje y “la necesidad primaria es porque los bichos rompen todo. Acá no hay cultura del paseo”, en el sentido de que los dueños no lo consideran como una terapia placentera y parte de sus obligaciones para con los animales.

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