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jueves 23 de abril de 2026

Chimbas

Cambio de vida: tres historias de la erradicación

Lidia Olmos, Marcela Escudero y Juana Quiroga ahora tendrán un nuevo hogar. Las tres viven desde hace 20 años en la villa y contaron su experiencia.
Por Redacción Tiempo de San Juan

Con lágrimas en los ojos por dejar aquella vivienda que los alojó durante años, 41 familias de varios asentamientos de Chimbas, empezaron a bajar a combazos sus propias casas. Las lágrimas de tristeza son por dejar un pasado, vecinos y amigos, pero también son por lo que se viene, por ser dueños de un hogar digno, ese con el que soñaron durante años.

Lidia Olmos y Juan Díaz viven desde hace 20 años en el asentamiento Virgen del Milagro. Ella es ama de casa, madre de 7 hijos pero vive solo con dos. Mientras su marido baja a martillazos la casa que habitaron durante dos décadas, Lidia recuerda el nacimiento de sus últimos hijos en el lugar, las charlas compartidas a la mañana con el mate y también las inundaciones y vientos que los dejaron aislados. "Todos mis hijos decidieron quedarse porque ellos se construyeron lindas casas, los voy a extrañar pero estoy muy feliz”, dijo Lidia.

Marcela Escudero tiene 7 hijos, vive desde hace 20 años en la villa Juan Pablo II. "Dejo un pasado de lluvias, de inundaciones, de tierra y de letrinas”, manifestó con lágrimas en los ojos la joven mujer mientras recorría lo que quedaba de su casa, ese hogar que nunca dejó de ser cálido a pesar de la humildad con el que fue construido. Marcela es ama de casa y su marido es empleado de la construcción. Para evitar que sus hijos estuvieran con la demolición, los mandó a la casa de una familia amiga. "Voy a tener una casa digna, voy a extrañar a todos pero es lo mejor”, finalizó la mujer.

Juana Quiroga es la otra beneficiada. Ella vive en villa Unión, al poco andar sobre calle Luna. Ella es empleada doméstica y su marido es obrero de la construcción. "Hace 20 años que vivo acá, en esta casa nacieron mis hijos, pasamos momentos felices”, contó Juana. Su marido fue el encargado de bajar la vivienda a combazos. Se mezclaban las risas y las lágrimas, pero lo que primó siempre fue la felicidad. "Empezamos de nuevo, empezamos una nueva vida en una nueva casa”, finalizó.

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