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Doble violación en El Pinar

Después de 17 años en silencio, habla Mónica

Fue una de las chicas violadas en el parque de Rivadavia hace 24 años, habló con un medio porteño en 1996 y no se supo más de ellas, hasta ahora. Hoy cuenta cómo siguió su vida después. Dice que aún no les contó a sus hijos lo que le tocó vivir y asegura que no odia a sus violadores. Por Viviana Pastor

Por Redacción Tiempo de San Juan

Hace 24 años Mónica Castro vivió una pesadilla en San Juan. Lo contó a un medio porteño en 1996, después no se supo nada de ella, hasta hoy. Mónica y Carina Bertolini fueron emboscadas por 12 tipos y violadas en El Pinar, en el año 1989.

Mónica tomó la decisión de hablar con este medio después de leer la nota escrita por Omar Garade, publicada en Tiempo de San Juan en diciembre de 2011, ya que le pareció que el tema había sido “muy bien tratado, con respeto”.

El que quiera datos escabrosos, el amante del morbo y el saboreador de desgracias ajenas, puede abandonar ya mismo esta lectura: No hay detalles acá sobre cómo 12 jóvenes se complotaron y engañaron, y luego violaron a dos pibas.

Sobre lo que pasó esa noche del 23 de febrero del ’89, Mónica no quiso dar detalles, aunque en líneas generales fue como se publicó: Ambas vinieron de vacaciones a San Juan y salieron a pasear hasta el Dique de Ullum, invitadas por Andrés Di Febo y Francisco Merino, dos chicos a quienes ellas conocían. Eran vecinos de la tía de Mónica y había con ellos una relación de confianza porque las familias se conocían.

“Mi familia vivía en San Juan y con ellos nos conocimos cuando fuimos a pasear a mi tía, eran vecinos y así empezamos a charlar. Preferiría no hablar de eso en particular porque me pone mal, hace 2 días que se que voy a charlar con vos y me puso muy angustiada, porque los años pasan pero el dolor no”, dijo Mónica.

Di Febo y Merino no las llevaron al dique, sino a El Pinar, donde otros 10 ‘amigos’ las esperaban. A Daniela la violaron 9 de ellos y 2 a Mónica, ya que fingió descomponerse. El caso tuvo repercusión nacional por la bestialidad del ataque.

Después de eso, ambas volvieron a Buenos Aires y trataron de reconstruir sus vidas sobre una pesadilla que sería recurrente, que con el sol desaparecía y con la noche volvía a tomar sus almas. “Esto es como una montaña rusa, cuando estás en lo alto, todo bien, pero de repente suceden cosas, ves la tele o ves a tus chicos creciendo y no querés que les pase lo mismo, entonces entrás en un estado depresivo. Es jorobado. Estuve medicada mucho tiempo, no podía dormir, tenía pesadillas y se remitían a 20 años atrás, no podía estar bien. Mis hijos me veían llorar y no podía explicarles por qué.  Por suerte mi pareja es un amor, un divino, él es policía y me ayudó mucho. Pero siempre caigo al tratamiento, estuve haciendo terapia el año pasado y este año lo empecé bien”, confesó Mónica.

Ella tiene 42 años, se recibió de maestra y profesora, fue directora y volvió al aula por decisión propia, “para estar más tranquila”. Tiene un hijo varón de 13 años, de su primer matrimonio, y una nena de 6 años con su actual pareja. Ellos aún no conocen lo que a los 18 años le tocó vivir a su madre. “Hay cosas que no cerraron, mi hijo es un adolescente y en  algún momento tendré que explicarle lo que me pasó, pero es tan engorroso y doloroso”, lamentó.

Mónica explicó que la violación grupal de la que fueron víctimas “es algo que no se supera, está ahí, es como una chispita y cualquier cosa lo vuelve a prender y lo tratamos de apagar”.
 
Ella volvió muchas veces a San Juan, ya que sus padres viven acá, y dijo que “por suerte” nunca se volvió a encontrar con alguno de los 12 hombres de ese nefasto 23 de febrero. “En algún momento mi mamá me dijo que me fuera a vivir a San Juan, pero no lo haría, me da terror que el día de mañana algún hijo de esos 12 se ponga de novio con alguno de mis hijos. Acá (en Buenos Aires) me siento más segura, estoy bien  y puedo seguir visitando cada tanto a mi familia”, contó.


El regreso

Con el apoyo de su psicóloga, Mónica logró volver a la zona del dique, pasando por El Pinar. “Me costó mucho volver, pero tuve mucho apoyo para superarlo y cuando voy con mis hijos de vacaciones  los llevo al dique porque a ellos les encanta; vamos y trato de pensar que voy a disfrutar con mi familia de los paisajes de San Juan y nada más”, dijo.

-¿Hay odio o rencor hacia los que te hicieron esto?
-No, el odio y el rencor no te sirven de nada, no te dejan vivir, y creo que lo que uno hace, vuelve. Yo sé que la justicia divina funciona, ya que la de Argentina no sirvió, aunque algunos jueces trabajaron bien pero desde otros organismos no se hizo suficiente. No tengo rencor por ellos, recibirán lo que hicieron. Sí me da bronca e impotencia con la justicia, no sólo por lo mío, sino por un montón de casos similares que se siguen repitiendo. En otros países los tipos violadores van a la cárcel y a perpetua, acá nada, vuelven a salir y vuelven a violar, eso me da mucha impotencia y me hace carburar mucho porque digo: la pucha, tengo una nena 6 años y cuando sea una adolescente ¿cómo la cuido? No puedo estar tranquila porque desde la justicia y la seguridad no se hace nada.

Con Daniela ya casi no tienen contacto. Daniela había confirmado que era virgen cuando la violaron 9 de los 12 hombres que esa noche estaban en El Pinar. Ella es hoy agente de la Policía Federal y tiene una nena de 6 años. “Daniela tiene su vida armada; nos habremos visto durante un año después de lo que nos pasó y no más. A veces veo algo de ella por Facebook, pero no quiero insistir y relacionarme porque le debe traer cosas muy feas. Cada uno vive esto de manera distinta, ella no habla de lo que nos pasó y yo sí lo hablo. Sé que me costará cuando lo hable con mis hijos, pero en general no tengo problemas para hablarlo, en cambio ella cerró esa puerta y nunca más la abrió. Creo que no es casual que haya elegido esa carrera”, señaló Mónica.

La causa para lograr algún resarcimiento para las víctimas está parada y hace varios años que Mónica  no se comunica con su abogado en San Juan, Juan Bautista Bueno.

Con signos de cansancio en su voz y ganas de no hablar más del tema, Mónica se despidió agradeciendo a la gente de San Juan que siguió su caso y le dio apoyo a su familia. “Estoy muy agradecida de los sanjuaninos porque trataron muy bien a mi mamá y papá que son grandes, y a ustedes que son el medio para que la gente conozca más lo que sucedió y que sepan que ninguno está libre de que le pase esto”.


El histórico caso

El periodista –fallecido- Omar Garade, había publicado en Tiempo de San Juan en el 2011  una crónica llena de interrogantes sobre el macabro hecho de El Pinar. Puso en tela de juicio todo el procedimiento policial y judicial y hasta el accionar de las familias de los implicados: Francisco Merino, Fernando Aguirre, Sergio Quintana, Alejandro Orozco, Gustavo Centeno, Marcelo Gallardo, Sergio Landa, Sergio Brazzolotto,  Juan Antonio González  Andrés Di Febo, Alfredo Landa y Alfredo Gómez. “Estos son los nombres de las personas que participaron de la doble violación. Estos son los nombres que tuvieron la oportunidad y el tiempo para quedar impunes por su crimen”, publicó Garade.

Mónica Castro dijo que lo que le pasó sigue sin culpables, “hubieron 2 o 3 detenidos en mi caso, pero después todo quedó en nada. Supuestamente se pedía algún resarcimiento económico, algo, ya que no cumplieron con la cárcel, al menos que paguen algo por lo que hicieron”.

Landa y Di Febo son dos de los sí fueron condenados por la justicia sanjuanina, después de que fueron atrapados en momentos que vivían en la clandestinidad.

A esto se agrega que cuatro de ellos eran menores al momento del hecho, por lo que no sufrieron condena efectiva.

El último escándalo con uno de los violadores de El Pinar fue con Francisco “Pancho” Merino, quien cayó en una investigación por drogas que hizo el juzgado Federal de Leopoldo Rago Gallo. Merino vivía en Mendoza y lo atraparon en San Juan. Sin embargo, por la violación nunca fue preso. Su padre había sido intendente de Calingasta y Merino formó familia con una chilena, país donde siempre se sospechó que se ocultó.

Los 12 sospechosos habían recuperado la libertad por un escandaloso fallo del juez Horacio Zavalla, quien fue destituido por esa acción: anuló todo el procedimiento policial y judicial y los liberó. Después la misma justicia revirtió esa decisión y se liberaron órdenes de captura para todos los violadores. Pero ya era tarde: la mayoría había logrado organizarse para no ser atrapados.

Así, uno de los mayores escándalos judiciales de la provincia había quedado sin respuesta social. Con el tiempo se intentó ir dándola, pero quedó la sensación de que ya era tarde.

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