Valores como respeto, confianza, integridad, solidaridad y en suma, ser una buena persona, es lo que aprenden los chicos en la escuela de fútbol Crucero General Belgrano, que funciona en la Unión Vecinal Chimbas Norte, y dirige Albarez.
Después de la guerra, la escuela de la vida
Este año la escuela, que recibe niños desde 5 años y adolescentes hasta 12, tiene 75 inscriptos, pero aspiran llegar a 150. Su creador dijo que siendo un emprendimiento privado, no reciben subsidios ni ayuda alguna del Estado, la unión vecinal sólo pone las instalaciones y los chicos pagan una cuota mensual, con la que se pagan los salarios de los tres profesores adjuntos, los elementos de trabajo y el seguro por accidentes que tiene cada uno de los alumnos. Todo lo demás se consigue con donaciones y trabajo comunitario de los papás, como el festejo de los cumpleaños o los días de merienda compartida.
No es una escuela de fútbol cualquiera, es un espacio de diversión y también de aprendizaje de normas y valores de convivencia. Para ello había que empezar con la base de la familia. Los primeros encuentros fueron charlas con los padres, se les explicó que debían apuntar a tener mejores objetivos para sus hijos, que pueden sacarlos de la calle y focalizarlos en otra cosa. También se le entrega a los padres material fotocopiado sobre los valores que se enseñan en la escuela y hasta reflexiones de la amistad y la fe.
El aspecto deportivo se logra, explicó, si el chico patea 100 veces con la izquierda, aprende a patear con la izquierda, “lo difícil es trabajar con la cabeza, para que ese niño sea buena gente, que sea una buena persona el día de mañana. Lograr que un niño después de un año me de la mano para saludarme, es un logro, porque cuando entran no saludan. Uno da lo mejor para tratar de cambiar esa mentalidad y creemos haber logrado algo”, dijo.
Los resultados fueron rápidos y lo notaron los padres y hasta los docentes de las escuelas a las que asisten los pibes. “La escuela de fútbol le hizo muy bien a la comunidad porque son niños muy rebeldes y el profesor trabaja sobre los valores, que sean buenas personas y la verdad eso se nota en el aula”, dijo una maestra de Chimbas de apellido Campillay.
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