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miércoles 1 de abril de 2026

Historias

El cincel de la abstracción

José Carrieri es uno de los escultores más importantes del país, realizador del Rosetón del Deporte. Vivió en Francia, compartió charlas con Picasso y Moore y hasta enseñó en la Facultad de Arquitectura. Una vida al servicio de la creación. Por Natalia Caballero.
Por Redacción Tiempo de San Juan

El punto de luz era pequeño, poco a poco comenzó a crecer en tamaño y en intensidad en el escenario parisino. Gracias al inicio de una obra de teatro, el escultor José Carrieri dimensionó la importancia del punto, el elemento básico de la geometría que le dio vida a todas sus obras. El Monumento al Deporte, ubicado en calle Félix Aguilar y San Luis, es uno de sus trabajos más conocidos en la provincia.

El hombre, de semblante pacífico, nos abre la puerta de su residencia. Con bastón en mano, Carrieri ingresa a su taller, un espacio amplio en donde el olor a hojas de papel se complementa perfectamente con el de las plantas que se encuentran en su jardín. En su guarida hay de todo, desde una réplica miniatura del Rosetón del Deporte, a grabados montados en un caballete. Todo luce perfectamente ordenado, las herramientas para esculpir, los pinceles, los libros de arte y hasta una tablet, que discrepa con el paisaje nostálgico que predomina en el salón.

El primer acercamiento que Carrieri tuvo con el mundo del arte fue con un libro de la Antigua Grecia que su hermano tenía cuando estudiaba en el Colegio Nacional de Mendoza. Inspirado en las lejanas tierras europeas, José a los ocho años realizó su primera escultura en terracota, la que todavía conserva en uno de los estantes de su taller. Luego vino una seguidilla de obras, que incluyó desde la copia de su dedo chico del pie, hasta un grabado de perales y olivos. Desde aquella incipiente incursión en el arte, el hombre no paró más y se convirtió en uno de los escultores más renombrados del país.

A medida que fue creciendo, su interés por el arte se fue acrecentando, intercalando libros de pintores y escultores con la práctica de remo, el deporte de sus amores. Cuando finalizó sus estudios secundarios, decidió ingresar a la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo. Una vez terminada la carrera, en la que se formó en técnicas puramente figurativas, ganó una beca del gobierno francés de dos años. En París tuvo el placer de acceder a clases con el maestro de la escultura moderna, Antoine Pevsner. Este artista, apasionado por el arte abstracto y constructivista, fue el que despertó la pasión de Carrieri en la escultura abstracta, técnica que predomina en toda su obra.

Fue justamente la abstracción el método a través del cual le dio vida al “Rosetón al Deporte”, su obra más conocida en la provincia. La mega escultura la realizó para el Mundial de Hockey sobre patines que se realizó en San Juan en la década del ’70. Necesitó del trabajo y la colaboración de más de cien personas y se inspira en los cinco anillos olímpicos.
José contó que Pevsner no daba clases habitualmente, pero que fue su insistencia la que posibilitó que el hombre le permitiera trabajar con él en su taller. Gracias a la sabiduría de Antoine, José descubrió la trascendencia del arte abstracto. “No hay nada más sensible que el abstracto, porque tiene que ver con lo humano, con los temas metafísicos más profundos”, señaló. Comparó la abstracción con la fe religiosa, que se engendra y se arraiga a lo más interno del ser humano.

En su obra “Metáfora del Vuelo”, que es totalmente simétrica, puso en práctica todos los conceptos de la abstracción enseñados por Pevsner. La escultura, compuesta por líneas, es de singular belleza y cuesta no perderse en sus formas que dan esa sensación de movimiento y libertad.

Su labor en Francia fue vasta, al igual que su vida social. Es que Carrieri se codeó con las esferas artísticas más importantes del mundo. En dos oportunidades, estuvo con Pablo Picasso, maestro al que conoció gracias a un amigo en común, el poeta italiano Francisco Bernareggi. También compartió charlas con Henry Moore, un escultor inglés que es catalogado por intelectuales del arte  como “el mejor escultor del siglo XX”. Entre risas, también recordó que durante el intervalo de un Festival de Danzas Clásicas, en París, estuvo con el actor norteamericano Gary Cooper.

Aunque cualquiera se hubiera obnubilado con la “ciudad de la luz”, José Carrieri al terminar su beca decidió vivir en San Juan porque en Francia había un “gran culto a la fama”, según explicó. El escultor describió como se planteó a sí mismo el adiós a Europa, allá por la década del ‘40: “Soy sudamericano, argentino y provinciano, me voy a vivir a una provincia a hacer mega- esculturas, obras gigantes que no se puedan trasladar y que obliguen a quienes quieran ver las obras a visitar el lugar en donde estén, me dije”.

A la hora de realizar una obra, José suele encontrar inspiración en la música. La sucesión constante y casi infinita de notas, tan típica de las melodías barrocas, las interpreta como una sucesión de líneas. Y se nota que Carrieri escucha mucha música, porque tiene un equipo de música en su taller que no para de soltar, a través de sus parlantes, ritmos fantásticos nacidos en la antigüedad.

Radicado en San Juan comenzó a dar clases en la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño. Describió como el período más bonito de su vida a aquellas épocas  en las que daba clases en la universidad y dice que siempre quiso que sus alumnos sean creadores. Muestra con orgullo los trabajos que realizaron sus estudiantes en sus clases  y también un folleto  de gran calidad que la Facultad le hizo a modo de homenaje. En la casa de altos estudios también descubrió su amor por la fotografía, arte al que también le dedicó años de su vida, incluso en su casa de calle Del Bono montó un taller de revelado.

Su jubilación del mundo académico fue hace algunos años, pero todavía rememora con orgullo los momentos en los que enseñó con pasión. Esa pasión todavía la conserva y al explicar su paso por el mundo del arte habla gesticulando mucho, con la mirada llena de chispa y una gracia singular. Así es José Carrieri, un hombre que vive el arte desde la profundidad de la abstracción sentimental.

 

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