Por Gustavo Martínez Puga
gmartinezpuga@tiempodesanjuan.com
El nuevo capítulo de Liliam I
En el hall de entrada del lujoso chalet de la calle Tucumán antes de Córdoba, donde funciona la Clínica del Prado, Liliam salió de entre las pacientes y el personal de la clínica junto a sus dos hijos para recibir a Tiempo de San Juan, a quien los presentó socialmente: Amadeo, de dos años y medio, y Amparo, de 1 año. Rubios, ojos celestes y elegantemente vestidos, los chicos se robaban la atracción del lugar. Pero parece que irán por más: “Siempre quisimos tres. Es posible que el año próximo busquemos al tercero”, confiesa Liliam.
A los 31 años, esta imagen materna y de esposa de Liliam se contrapone con la de la pocitana que paseaba su belleza en moto por las calles de la Villa Aberastain. Dispuesta y de buen humor, como siempre, Liliam accede primero para las fotos y luego invita a pasar a la sala de reuniones de la clínica, un salón comedor finamente decorado.
“Siempre digo que del reinado lo más importante fue conocer a mi marido”, dispara cuando se le pregunta de qué le sirvió ser Reina del Sol. Y se explaya: “Mi mayor satisfacción fue haber podido conocer a mi marido por haber sido reina”. Y recuerda cómo fue que lo conoció: “Yo estaba sola y él también. Él me miraba en los medios y siempre me quiso conocer. Un día, a través de una amiga mía que es instrumentadora de él, en conversaciones de quirófano, le contó que iba al egreso de Liliam Marí. Él le dijo: ¡Cómo que conocés a esa diosa! ¡Presentámela ya! Y nunca más nos separamos. Eso fue en el 2007, en septiembre, durante la última etapa del reinado. Siempre dice que se arrepiente de no haberme conocido cuando inauguró la clínica en junio de 2007, que es su mayor logro profesional. Para él fue un año importante. Tres años después nos casamos”.
Tras pedirle a su niñera que le diera un yogur que había dejado en su camioneta a Amparo, Liliam cuenta que se considera “una mujer multifacética. Estoy haciendo de todo. Aunque mi mayor preocupación es mi familia, mis hijos, que son dos bebes porque son muy seguidos. Dedico mucho tiempo a ellos. La paso muy bien. También dedico tiempo a mi trabajo como profesora de inglés en el Instituto Saint Johns”.
A la hora de las precisiones de su rol como ama de casa, Liliam cuenta que le gusta hacer todo lo que sean elaboraciones caseras para agasajar a su marido: “Hago pan, pizza… a mi marido le encanta y es lo mínimo que puedo hacer por él después de todo lo que nos da, todo el tiempo que invierta en la clínica, lo mínimo que puedo hacer es recibirlo con un buen almuerzo o una buena cena”.
Además de atender a sus hijos, a su marido y de dar clases de inglés, Liliam nunca abandonó aquella bandera que levantó cuando era Reina del Sol: la de la solidaridad. En el 2007 se destacó por salir a buscar por los comercios de Pocito zapatillas y ropa para los chicos más necesitados de su departamento. Su acción luego se extendió a varios puntos de la provincia. Ahora lo sigue haciendo, pero junto a su marido y con un perfil bajo: “Con el reinado te haces conocer, te haces conocida y se te abren muchas puertas. Yo canalicé todo con las campañas solidarias. Lo sigo haciendo pero con otro perfil, ya sin las cámaras de por medio. Lo gestionamos con mi marido. Vamos a las iglesias, llevamos cosas. Para el Día del Niño pude hacer una gran donación en el Hospital de Niños”, cuenta.
Si bien su esposo es socialmente muy conocido, su exposición pública es prácticamente nula. Pero ser la esposa de un joven cirujano plástico parece no ser problema para Liliam: “Él es muy tranquilo y tiene un perfil muy bajo. Donde salimos lo hacemos juntos, siempre en familia. Somos muy mezquinos con los niños, muy pocas veces los dejamos, más allá de que salimos poco. Cero celos. Confío plenamente”, asegura.
Si bien Liliam entra, sale y se moviliza por toda la clínica, cuenta que tiene “cero vínculo” con el trabajo de su marido. “Me prefiere fuera de su ámbito laboral, porque así no mezclamos las cosas. Yo me encargo de los niños, todo el tiempo. Y él se encarga de trabajar, mantenernos, de velar por nosotros. Pero yo, fuera”.
Si bien ahora Liliam y su familia viven en una casa alquilada en la Ciudad, pronto se mudarán a su nueva casa, que está pegada a la Clínica del Prado: “Él le dedica mucho tiempo a la clínica, los sábados está con nosotros, pero hasta el domingo él va siempre a la clínica. Pero vivir al lado va a estar bueno, sobre todo por el tiempo con los chicos”.
A futuro, más allá de querer un tercer hijo, Liliam dice que su objetivo personal “es mejorar como madre, aprendo día a día con ellos. Son demandantes y tienen personalidades totalmente diferentes”.
Finalmente, respecto de estos últimos cinco años de su vida, Liliam saca su propia conclusión: “Es muy positiva. Fui reina, lo disfruté mucho; conocí a mi marido; ahora como madre tengo la familia que siempre quise tener. Estoy en mi mejor momento".
“Tendrían que invitar a las ex reinas”
Respecto de su vínculo con la Fiesta del Sol, Liliam dice que en este momento no tendría tiempo para participar en alguna actividad. Pero sí se anima a sugerir un cambio que, según ella, serviría para mejorar la principal fiesta de los sanjuaninos: “Lo que veo que está mal y considero que habría que cambiar, es por qué no nos invitan como ex reinas para formar parte del palco, con las personalidades que van. Somos parte de la historia de la Fiesta del Sol. Al año siguiente de ser reina, yo fui a la fiesta, compré mi entrada e hice la cola para entrar. Había gente que me reconoció y que me pedían que pasara primero, porque consideraban que yo seguía siendo una reina. Es una opinión, nada más. No es para armar lío”.