La cría de animales y el servicio de turismo aventura (trekking, cabalgatas, mountain bike), son las actividades que se destacan entre las menos de 100 personas que viven en Sierras de Chávez, y ahora se suma la miel. El proyecto se desarrolla bajo el marco de la Ley de Bosques Nativos, y busca promover productos no madereros para diversificar la economía local. En esta primera tanda se obtuvieron 100 kilos provenientes de dos apiarios que cuentan con 10 colmenas cada uno. Una producción baja pero buena mientras descubren cuales son las mejores fechas y el comportamiento de la naturaleza en el lugar.
Sierras de Chávez se puso dulce: concretó la primera cosecha de miel en la historia de la comunidad
En un hecho sin precedentes para los vecinos de esa localidad vallista finalizó con éxito su primera cosecha de miel. Fueron cien kilos de un producto ámbar ligeramente oscuro y aromas serranos. Un buen inicio para una nueva actividad productiva sustentable.
Los grupos de colmenas tienen una distancia entre sí de 10 kilómetros que permiten ver el desarrollo en cada uno de ellos. Así se logró cosechar 30 kilos del apiario bautizado El Porvenir y 55 kg de El Progreso, con mieles color ámbar ligeramente oscuro y notas muy particulares que aparentemente serían dadas por las hierbas de la zona y un sofisticado aroma mentolado. En principio es para uso familiar, aunque no quita que algunos decidan vender la miel en los festivales o al turismo que llega a la zona como inicio de una actividad comercial.
El camino hacia la iniciación de la apicultura comenzó en realidad en 2020, cuando los promotores tomaron el primer contacto con los integrantes de la Unión Vecinal, pero luego hubo dos hechos que detuvieron su marcha. Uno fue la pandemia y el otro un gran incendio que afectó a las sierras y obligó a posponer las actividades durante casi tres años
Finalmente, en 2024, se retomaron las capacitaciones técnicas que incluyeron desde la biología de la colmena hasta tareas de carpintería para que los propios vecinos aprendieran a armar y reparar su material apícola
“Debido a las grandes distancias entre los pobladores y las dificultades de transporte -muchos se movilizan en moto, mula o caballo-, se decidió instalar dos apiarios estratégicos de 10 colmenas cada uno. Uno se ubicó cerca de la Unión Vecinal y el otro en las proximidades de la casa de Arturo Fernández, que es el presidente de la Unión Vecinal”, explicó Augusto Prado, quien forma parte de la Dirección de Bosques Nativos de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la provincia.
El equipo de esa repartición que participó en la reciente cosecha estuvo conformado por Martin Vega, Ignacio Puchol, Luis Artes, Juan Castillo, Gustavo Mercado (Director del área), Eber Balmaceda y Augusto Prado, además de Gonzalo Medina de Prensa y Difusión.
Prado también explico que “a pesar que el clima fue particularmente seco y las heladas tardías limitaron el calendario apícola a solo tres meses -de noviembre a febrero-, se logró cosechar aproximadamente 100 kilos de miel entre las 20 colmenas. Si bien el rinde se considera bajo técnicamente, representa un logro significativo dado que es la primera vez que la comunidad maneja colmenas de forma profesional, superando la antigua práctica de recolectar miel silvestre de alguna colmena en la ladera del cerro”.
Identidad de montaña: Sabor y aroma
La miel obtenida es un producto único y particular. Presenta un color ámbar ligeramente oscuro y un aroma intensamente perfumado, atribuido a la abundancia de plantas aromáticas locales como el Chinchil, que aporta notas mentoladas al producto final.
La miel se integrará también a la oferta turística de la zona, complementando servicios de trekking, cabalgatas y gastronomía regional, fortaleciendo así el arraigo y el desarrollo de las aproximadamente 20 familias que habitan la Sierra.
El proyecto
“Como hacemos con todas las comunidades, comenzamos dando unas charlas de reconocimiento, qué es una colmena, quiénes son los integrantes, qué se puede producir y acto seguido se procede a la entrega de material apícola que llega totalmente desarmado. De ese modo les enseñamos cómo armar una colmena, y como repararla. Más que nada trabajo de carpintería que consiste en clavar, martillar, alambrar y pintar”, cuenta Prado quien asegura que el apicultor es también carpintero.
Luego llegó el material vivo (las abejas). En ese momento se capacitó a la gente en cómo hacer y proceder en cada momento, las precauciones y cuidados que demanda. Si bien la primera cosecha debió ser el 2025, las condiciones climáticas no fueron las mejores. Por el contrario hubo un clima muy seco y no juntaron nada de miel. Ahora queda por terminar de conocer la zona para mejorar los rendimientos para las próximas cosechas siempre que las condiciones acompañen.