Quienes caminan por las inmediaciones de Tribunales, incluso en su interior, seguramente alguna vez se encontraron con él y su bandeja a cuestas, sorteando todo tipo de obstáculos para llevar el pedido a sus clientes. Es que Nicolás Quiroz o simplemente Nico, como lo conocen todos, es el mozo del café que está situado justo al frente del palacio de justicia y, por ello, se convirtió en uno de los personajes más característicos que componen el paisaje del lugar.
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Nico, el mozo de Tribunales que se ganó el cariño de todos
Ya sea en el interior o en la vereda del Bar La Ley, como así también en los pasillos de la sede judicial, el joven de 28 años oriundo de Chimbas cumple con su trabajo con el mayor de los respetos y, por tanto, se convirtió en uno de los mozos más requeridos y también queridos por abogados, fiscales y jueces.
Hace más de 8 años que cumple funciones como mozo en el tradicional café y, a pesar de haber tenido experiencia previa en el rubro, la tarea para él fue diferente. "Acá se trabaja a un ritmo acelerado, esto es palo y palo, sobre todo en la mañana cuando hay más actividad en los alrededores", asegura el protagonista.
Con toda la atención puesta al servicio de jueces y abogados, cruzar la calle Rivadavia que separa al edificio público de la confitería es un ejercicio que repite varias veces en una mañana. Le mandan un mensaje de WhatsApp y, de inmediato, prepara la comanda para llevarla a destino.
"Tenemos que salir disparados a llevar el pedido para cumplir con los clientes, todos son muy buenos, son buenos 'propineros'", señala entre risas el mozo todoterreno que esquiva autos, escaleras y personas en su camino. Por todo ello desarrolló una habilidad de la que se siente orgulloso: "Gracias a Dios, todavía no se me cayó una taza".
Satisfecho por la confianza que generó con sus clientes a lo largo de los años, relata que entabló relaciones estrechas con algunos de sus clientes. Fanático de River y el fútbol, Nico reconoce que es uno de los temas que más comparte con la clientela; incluso la cosa se presta para bromas, chicanas y hasta apuestas. "Apostamos con bebidas, por ejemplo un vino, un fernet también he ganado", recuerda.
Para él, lo fundamental es poner buena cara y dar lo mejor mientras cumple sus funciones. "Tengo en la mente que siempre hay que estar positivos y así encarar la vida, porque acá la gente y sobre todo los abogados vienen a relajarse y no les puedo hacer cara fea, ni ofrecer una mala atención. Al contrario, me objetivo es darles una cuota de humor y buena onda para que ellos vengan y la pasen bien", revela.
Por tener contacto permanente con personas de todo tipo, asegura que tiene diversas anécdotas; algunas divertidas, otras no tanto. "He tenido que parar al Payito en la puerta del café porque estaba lleno de señoras tomando el té y él insultando", rememora entre risas.
Quien se describe a sí mismo como "caradura", detalla que es alguien que aunque es respetuoso, va al frente y nada ni nadie lo intimida. "Trato de entrar en confianza para generar comodidad en el otro y, si me dicen algo malo, no tengo problema en contestar", asevera y agrega: "Si me dicen que el café está caro, les digo en broma que 'no es para pobres' y enseguida se quedan callados. Es que esa gente se queja conmigo, sabiendo que soy empleado".
Consultado por sus metas a futuro, el chico que vive con su mamá y su hermana en la Villa Observatorio confiesa que con todo lo que aprendió estos años escuchando a los abogados, le gustaría trabajar en la justicia como administrativo. "No estudié, pero entiendo bastante. No opino, no digo nada, pero callado escucho todo y observo cómo es el manejo", cuenta y añade: "De todos modos, por ahora estoy bien acá, estoy muy conforme con lo que hago".