Entre el bullicio de Capital, en una de sus esquinas más transitadas, se levantan todavía los vestigios de un ícono gastronómico que marcó a varias generaciones de sanjuaninos. Lo que en el pasado fue uno de los negocios más famosos de la provincia, hoy es un local vacío que guarda el eco de un tiempo en que el olor a pollo asado y las publicidades pintorescas eran parte del paisaje urbano. El drone de Tiempo de San Juan sobrevoló la esquina de Avenida Libertador y Paula Albarracín de Sarmiento y registró cómo el tiempo parece haberse detenido en ese lugar.
Lugares abandonados: el pollo más famoso de San Juan y un local hecho reliquia
Aunque sus puertas están cerradas desde hace años, Polidoro aún se asoma a una de las esquinas más transitadas de Capital. El drone de Tiempo de San Juan sobrevoló este rincón detenido en el pasado. Fotos y video: Leandro Porcel.
La historia de Polidoro comenzó en la década del ’80, cuando la competencia era mínima y el concepto de “parripollo” todavía no había inundado las calles. Su propuesta sencilla y contundente, sumada a una ubicación estratégica, lo convirtió en una parada obligada para vecinos y visitantes. Desde sus parrillas salían pollos dorados que conquistaban paladares, mientras que en las paredes y carteles, un dibujo de un simpático pollo se transformaba en marca registrada.
El auge llegó durante los ’90 y los primeros años del 2000. Las publicidades creativas, la atención rápida y la calidad del producto hicieron de Polidoro una referencia indiscutida. Sin embargo, el tiempo y la competencia empezaron a jugar en contra: la proliferación de nuevos locales, sumada al aumento constante del alquiler y los gastos, fueron debilitando un negocio que parecía eterno.
Hace unos seis años, la persiana se bajó definitivamente. Desde entonces, el local permanece cerrado, pero no vacío: aún se pueden ver las parrillas, algunas sillas y hasta potes de aderezo en su interior, como si los últimos clientes se hubieran ido hace apenas unas horas. Afuera, el famoso dibujo del pollo todavía corona la fachada, desafiando al olvido.
Hoy, mientras San Juan se agita con la llegada de KFC, el lugar donde reinó Polidoro permanece como un recuerdo congelado. Un testimonio visible de una época en que una pollería podía convertirse en punto de encuentro y en símbolo de identidad, y que ahora espera, silenciosa, el desenlace de su propia historia.