El hundimiento del Crucero ARA General Belgrano significó un hecho clave en la guerra de Malvinas que marcó un antes y un después en el conflicto bélico. De este modo, el barco se convirtió en un símbolo de la Armada Argentina y la cultura nacional como recuerdo de los combatientes fallecidos y la magnitud del ataque, donde murieron prácticamente la mitad de los caídos. Santiago Álvarez fue uno de los soldados que estaba a bordo y contó su experiencia a Tiempo de San Juan. A su vez, un historiador dio detalles sobre la importancia del buque para la historia militar del país y en la guerra.
Hundimiento del Crucero ARA General Belgrano: el testimonio de un excombatiente de San Juan en primera persona y por qué marcó un quiebre en la Guerra de Malvinas
Santiago Álvarez es un veterano que estuvo en el buque y contó su experiencia sobre el suceso que marcó al conflicto bélico.
Álvarez ingresó en la Armada en 1981 en busca de un mejor futuro en esa época. De este modo, tuvo que prepararse y realizó la formación correspondiente que exigía la institución. "Luego de completar un curso de un año de duración, se me asignó como destino el Crucero ARA General Belgrano. Fue en diciembre del año 1981 cuando me incorporé a la unidad, siendo destinado específicamente a la División 11", dijo.
En esa parte estaba a cargo como mecánico en sistemas de control de tiro, es decir, dedicado al comando y la parte eléctrica de los procedimientos de armamento a bordo. Detalló que, antes del conflicto, tuvieron la oportunidad de hacer una navegación de 23 días que los llevó a Puerto Madryn, Cabo de Hornos e inclusive a Punta del Este, Uruguay. Al regresar a Puerto Belgrano, el crucero entra en una etapa de reparaciones. "Había que hacerle un mantenimiento integral de todos los sistemas, con especial énfasis en la planta motriz. Dado que el buque fue construido en 1938, contaba ya con muchos años de servicio y presentaba diversas fallas estructurales y mecánicas propias de su antigüedad".
En marzo de 1982 empiezan a notar algo extraño y a observar que empieza a salir una flota desde Puerto Belgrano con una gran cantidad de víveres e incluso camiones que partían hacia el sur. En este momento, Álvarez creía que se trataba de tareas de adiestramiento, pero evidentemente no era así.
Cuando el Ejército recupera las islas Malvinas el 2 de abril, el veterano comentó que el crucero todavía estaba bajo tareas de mantenimiento y los jefes les indicaron que aceleraran los trabajos. De este modo, cada uno de los soldados procedió a llevar a cabo las labores encomendadas lo más ágil posible para que brevemente pudiera estar navegando en las aguas del sur. Al concluir, el 16 de abril inician el viaje con 1093 tripulantes, dos de los cuales eran civiles porque tenían la concesión del kiosco del ARA General Belgrano. "Iniciamos el alistamiento del buque mediante intensos simulacros. Realizamos ejercicios de defensa antiaérea y de combate contra otras unidades de superficie. Asimismo, llevamos a cabo prácticas de salvamento y control de averías para preparar a la tripulación ante un eventual ataque que pudiera afectar la integridad del buque".
"A pesar de ser un buque antiguo, se encontraba bien conservado. Hasta donde alcanza mi conocimiento, todos los sistemas de armas estaban operativos; incluso el crucero contaba con misiles antiaéreos", siguió.
El combatiente explicó que la navegación en los mares del sur es compleja porque se juntan las corrientes marinas y es muy agitado. Esto causaba que el barco se moviera mucho, lo que podía causar en algunos descompensaciones, mareos y vómitos. El objetivo era patrullar desde la Isla de los Estados hacia el sur ante el posible tránsito de un buque británico desde las islas Malvinas hacia Chile, o viceversa.
Más adelante, específicamente el 1 de mayo, les avisaron que se iban a dirigir hacia las islas y, de esta manera, emprenden el viaje hacia las Malvinas. El ARA General Belgrano iba acompañado de un buque petrolero y dos destructores porque el crucero, por una cuestión de antigüedad, no tenía un medio tecnológico para poder detectar submarinos y los destructores sí, de acuerdo al relato de Álvarez. Sin embargo, el 2 de mayo las autoridades cambiaron esa decisión y resolvieron regresar hacia el continente. "Nos dicen que se había cambiado la orden, que no íbamos a navegar hacia Malvinas, que volvíamos al continente porque nuestro turno había pasado de largo desde las 4 de la tarde hasta las 12 de la noche y volvimos a tomar la guardia. Eso nos iba a permitir descansar en el lugar, arriba de los salvavidas, cosas que hacíamos normalmente".
Explicó que pasadas las 16 horas sintieron una explosión y el barco se movió bruscamente, similar a los movimientos sísmicos. El ARA General Belgrano había sido atacado por un submarino nuclear inglés que estaba en el área. "Quedamos todos por el piso. Producto de un movimiento tan brusco y fuerte, todo lo que estaba suelto salió despedido; los manuales de operación y el material de estudio volaron por el lugar. En ese instante, no sabíamos qué estaba pasando", declaró.
"—Comando, comando, ¿qué pasó? ¿Qué fue eso? —pregunté repetidas veces, pero nadie contestaba. Mi evaluación rápida fue que se había cortado la comunicación. El buque sufrió una frenada brusca; fue esa misma sensación de inercia que se siente cuando un auto frena de golpe. En ese mismo instante, se cortó la energía eléctrica", continuó.
De esta manera, dijo que le dieron la orden de ir a su puesto de abandono y, finalmente, al ver que el navío se estaba inclinando, dieron la directiva de abandonarlo. "Desconozco por qué no se dio la orden más rápida de abandonar el barco. No intento leer el pensamiento del comandante, pero creo que su intención inicial fue estabilizar el buque; pensó que, aun averiado, se podría navegar hasta un puerto, posiblemente Ushuaia. Sin embargo, el buque continuó inclinándose. Fue entonces cuando empezaron a dar las órdenes 'a viva voz', es decir, a los gritos".
Así, fueron evacuados en unas balsas y terminaron a la deriva en el mar pasando noches enteras en medio del inmenso océano. Álvarez manifestó que la embarcación desapareció de la superficie entre 45 minutos y una hora, terminando para siempre en el fondo de las aguas del sur. Fue testigo de sus últimos momentos. "El problema de dormirte cuando hace tanto frío es que corrés el riesgo de morir congelado. Por eso, empezamos a hacer pequeñas guardias de 15 o 20 minutos. El que estaba despierto tenía la obligación de despertar a todos los demás cumplido ese tiempo; movías un poco las piernas y los brazos, y te volvías a acurrucar con los otros mientras alguien más quedaba de guardia. En realidad, no dormía nadie, pero eso no importaba".
Agregó que permanecieron en la balsa desde el domingo (día del naufragio) hasta el martes, cuando fueron rescatados por una embarcación donde tuvo atención médica y los cuidados correspondientes para recuperarse.
La historia de Álvarez permite recorrer ese suceso trascendental en el conflicto de Malvinas y revalorizar el papel y la entrega de los héroes y soldados que lucharon en las islas. "Para mí, esa fue una etapa fundamental que me marcó de por vida. Y no solo a mí: marcó a muchísima gente que, al igual que yo, venía de ciudades pequeñas, así como también a aquellos que llegaron desde grandes centros urbanos. Llevamos siempre, con el máximo honor, la responsabilidad de haber formado parte de un evento que hizo que nuestra bandera volviese a flamear en las islas Malvinas", finalizó.
Un día fatal para la historia militar del país
El historiador y especialista en la cuestión Malvinas, Miguel Montaño, explicó que el hundimiento del Crucero ARA General Belgrano el 2 de mayo de 1982 es recordado como un día fatal para las Fuerzas Armadas argentinas. Detalló que el ataque ocurrió fuera de la zona de exclusión impuesta por el Reino Unido. Al momento del impacto, el Belgrano estaba patrullando y regresando hacia Tierra del Fuego, por lo que se sostiene que no representaba un peligro directo. "El submarino nuclear Conqueror detectó al crucero a finales de abril. Tras deliberar con su gabinete, la primera ministra Margaret Thatcher dio la orden directa de atacarlo", contó.
"Para muchos, el hecho de ser atacado fuera de la zona de exclusión y mientras se alejaba del conflicto lo convierte en un crimen de guerra o un ataque a traición", continuó.
Montaño aseguró que, de acuerdo al libro Los 100 días, los ingleses temían un ataque en pinza coordinado entre el Belgrano y el portaaviones 25 de Mayo. Además, comentó que existía el temor de que Argentina pudiera atacar o capturar buques británicos que transportaban armas nucleares, las cuales no habían tenido tiempo de descargar al salir de Inglaterra. Tras el hundimiento, el experto señaló que Argentina retiró sus buques del Atlántico Sur por temor a los submarinos ingleses, dejando el mar bajo control británico.
El crucero ARA General Belgrano es un buque insignia del país. Fue una nave con una trayectoria notable; construida en Estados Unidos, fue famosa por salir ilesa del ataque a Pearl Harbor durante la Segunda Guerra Mundial. La embarcación llevaba 1093 tripulantes a bordo. Tras el ataque inglés, un total de 770 hombres alcanzaron las balsas, en tanto 323 quedaron en las profundidades del Mar Argentino; 21 de ellos eran sanjuaninos.