“El terremoto del ‘44 fue la gran marca entre el antes y el después de la forma de construir en San Juan”. Lacónica y contundente definición del arquitecto Jorge Cocinero, presidente de la Asociación Civil para la conservación y defensa del patrimonio sanjuanino (ACCODEPAS).
El terremoto del '44, una bisagra para construir en San Juan: el plan Pastor y los nuevos barrios
El sismo de 7.4 en la escala de Ritcher destruyó gran parte de los edificios que había en el centro sanjuanino y el miedo, como se verá más adelante, impulsó a que cayeran otros más.
“No es que hasta entonces no existiera la conciencia sísmica, sino que recién se empezaba a implementar. Sobre el 1900 se comienzan a construir bajo esta modalidad los primeros edificios más significativos e importantes de la provincia, como por ejemplo el Hospital Rawson, el Colegio Nacional, la Escuela Normal Sarmiento. Estos ya empiezan a tener conceptos de construcciones sísmicas, que hasta el día de hoy han hecho que estén en pie”, explicó el profesional pintando el panorama previo al fatídico 15 de enero.
La construcción pre-terremoto, al igual que ocurre en la actualidad, también iba de la mano del poder adquisitivo. Estaba la gente pudiente, que podía trasladar a la Provincia las tendencias arquitectónicas de Europa. Es lo que terminan explicando la presencia de los grandes chalets, que si respondían a normas antisísmicas y por eso se conservaron.
Sobre el 1900 se comienzan a construir bajo esta modalidad los primeros edificios más significativos e importantes de la provincia, como por ejemplo el Hospital Rawson, el Colegio Nacional, la Escuela Normal Sarmiento
Por otro lado, estaban los que apostaron al ladrillo, pero bajo la denominación de ‘ladrillo trabado’. Las paredes se unían sin la presencia de columnas y “eso fue el detonante de muchos colapsos”. Y también existía una parte de la sociedad que solo podía acceder a la construcción de adobe para levantar su hogar. “Todo esto explica por qué el 70% de las construcciones de San Juan terminaron cayéndose”, apuntó Cocinero.
Pero en el análisis se encuentran más factores que confluyeron en la devastación edilicia que aconteció en aquel fatídico verano: “En esa época regía el concepto de la “casa chorizo”, construcciones donde estaba una habitación pegada a la otra y las unía una galería. Eran finitas y largas. Estás construcciones con el sismo se quebraron y cayeron. Las casas de adobe con un concepto de construcción cuadrado se salvaron, ya que el cuadrado es mucho más rígido”.
“Y muchas casas que no se cayeron las terminaron tirando por miedo. Sinceramente, creo que muchas construcciones se podrían haber salvado, pero el miedo generalizado que provocó ese dramático episodio llevó a que se tomaran medidas algo apresuradas”, contextualizó el presidente de ACCODEPAS.
El Consejo de Reconstrucción de San Juan
Las falencias que desnudó el histórico sismo y la necesidad de volver a poner la capital sanjuanina de pie dieron lugar al ‘Consejo de Reconstrucción de San Juan’.
El punto de partida fue implementar el ‘Plan Pastor’, del arquitecto José Manuel Felipe Pastor, quien es considerado como el padre del planeamiento en la Argentina. Se trató de un nuevo diseño de la Ciudad de San Juan, dando paso a calles y veredas más anchas y aumentando el protagonismo de las avenidas. Esta segunda apuesta provocó, por ejemplo, la aparición –y/o apertura- de la Avenida Ignacio de la Roza, el hoy corazón de la circulación citadina.
El punto de partida fue implementar el ‘Plan Pastor’, del arquitecto José Manuel Felipe Pastor, quien es considerado como el padre del planeamiento en la Argentina.
Y, como no podía ser de otra manera, se levanta el telón a un nuevo sistema de construcción, tomando por brújula el Código de Edificación. Allí se establecieron todas las normas de construcción que se debían respetar.
Según explicó Cocinero, “en este código de edificación estaba totalmente pautado de qué manera se debía construir. Por ejemplo, quedaba establecido que en todos los encuentros de muros debería ir una columna de hierro y todo unido con vigas. Todo quedó normado y debía ir calculado por un ingeniero técnico constructor”.
“Aquí toman una gran relevancia los técnicos, ya que ellos fueron los que reconstruyeron la provincia de San Juan. Me animo a decir que más que los ingenieros. Había muy pocos ingenieros, así que la gente acudía al técnico constructor para resolver los problemas de construcción de su casa”, sumó el profesional.
Rumbo a la mitad del siglo XX, e incluido en este proceso de resurgimiento, nacen barrios como la Villa América, Patricias Sanjuaninas y Capitán Lazo. “Todos fueron construidos después del terremoto bajo el sistema ya antisísmico”.
Asumiendo el pecado de obviedad, esta nueva forma de construir encareció los gastos de obra en comparación a lo que se invertía en años previos al colapso edilicio. Pero lo que no se ha podido cuantificar es el valor de la tranquilidad que generó en gran parte de la sociedad la apuesta por la edificación antisísmica.
“Antes ni siquiera se exigía que estuvieran densificados los estribos y desde el ‘44 –y más desde el ’77- se empezaron a poner muchos más estribos. Con lo cual, a más material, más cara la construcción”, puntualizó Cocinero.
Barrios de Emergencia
Para salir del paso –y un poco más también como ha mostrado la historia- se levantaron los denominados ‘Barrios de Emergencia’ o ‘Viviendas de Emergencia'. Fue una maniobra para dar una rápida solución al déficit habitacional que generó el terremoto del ’44. Así aparecieron en distintos puntos del Gran San Juan ‘casillas’ con bases de ladrillo y paredes de ‘ondalit’ -chapas acanaladas de fibrocemento- y, también, ‘casas prefabricadas’ de madera. En función del número de integrantes, las familias tenían acceso a uno de los tres modelos que se barajaron en estas construcciones provisorias, conformadas mayoritariamente por materiales livianos.