Horas antes de que se aprobara la aclaratoria de la Ley de Glaciares en Diputados, hubo un debate por los pasos a seguir en la minería, para que el boom deje de ser una promesa y empiece a ser una realidad. En medio de esta discusión, el empresario mendocino José Luis Manzano chicaneó a Martín Pérez de Solay, CEO de Glencore, la empresa que opera Los Azules de San Juan. Le habría dicho que invierta en infraestructura, porque "tiene espalda".
El empresario Manzano chicaneó al CEO de El Pachón: le pidió que haga infraestructura porque "tiene espalda"
La chicana de Manzano expuso el trasfondo del boom minero: sin financiamiento para obras clave, el despegue del sector depende de quién se anime , o se haga cargo, de pagar la infraestructura.
Según publicó La Política Online, el cruce se dio en un evento organizado por el Atlantic Council, el think tank con sede en Washington. Allí, el empresario José Luis Manzano compartió panel con el vicegobernador de Catamarca, Rubén Dusso, Michael Meding, del gigante McEwen Copper (con operaciones en San Juan con Los Azules) y Pérez de Solay, de Glencore (a cargo de El Pachón), moderados por Kezia McKeague. El clima fue cordial. El contenido, no tanto.
Manzano fue directo. Dijo que el problema no está resuelto. Que falta logística. Y tradujo sin vueltas: trenes, líneas de alta tensión, puertos. Recordó que Estados Unidos avanzó con instrumentos financieros y acuerdos comerciales, pero marcó lo que falta: que la plata baje a la obra concreta. “Tiene que ir a donde más impacto produce”, insistió.
El planteo fue más allá. Si Estados Unidos quiere consolidar una alianza económica real con la Argentina, tiene que meterse en el corazón del problema: infraestructura pesada. Ahí es donde se juega todo.
“Estados Unidos hizo el paquete de rescate, abrió la línea de Eximbank, hizo el acuerdo comercial. Ahora el dinero tiene que ir a donde más impacto produce, donde más impacto produce es infraestructura. Es trenes, línea de alta tensión y puertos. Eso es lo que necesitamos”, afirmó Manzano.
Y en ese punto llegó la chicana. Miró a Pérez de Solay y dejó flotando el mensaje: Glencore tiene espalda. Tiene capital. Puede hacerlo.
Pero la respuesta no tardó. Desde McEwen Copper, Meding bajó el discurso a números concretos: “Yo necesito bajar 200.000 toneladas de cátodos y subir 200.000 toneladas de azufre. Son cuatro buques al año. Y tengo que cruzar del Atlántico casi al Pacífico”, explicó.
Después vino la frase que resumió todo: los trenes necesitan “apoyo y cariño”. Y la energía, directamente, otra escala. “Tenemos cuatro proyectos que van a demandar 1,5 gigavatios adicionales. Es una planta nuclear”, graficó.
“Apoyo, cariño” y una central nuclear. En lenguaje empresario, la traducción es simple: alguien va a tener que poner la plata primero. Porque esas obras no cierran en el Excel de un privado.
Ahí quedó planteado el cruce real. Mientras desde Estados Unidos se pide apertura, reglas claras y reformas —como la ley de glaciares que se votaba en paralelo—, las propias empresas que miran el país piden infraestructura financiada y dejan abierta la puerta al Estado.
Hubo consenso en eso. Desde Glencore hasta McEwen Copper coincidieron: Argentina mejoró el clima macro, bajó la incertidumbre y generó expectativas. Pero todavía no resolvió cómo pasar de proyectos a producción real.
Sin infraestructura, no hay salto exportador. Y sin salto exportador, el boom minero sigue siendo promesa.
Un empresario que siguió el panel lo resumió en voz baja, pero sin eufemismos: “Todos quieren que esto avance. Nadie quiere pagar la cuenta completa”.