Seis de seis, inapelable. Todos los diputados nacionales por San Juan dijeron que votarán en contra del aborto legal, cuando sea el momento de marcar voluntades parlamentarias a mano alzada seguramente este año.
Hoy aborto, ayer matrimonio gay: ¿Por San Juan cómo andamos?
Contundencia que se desmarca de la tendencia nacional en territorio parlamentario. Sacando punta al lápiz, podrá encontrarse que alrededor del 28% de los miembros de la Cámara Baja ya anunciaron que responderán con mano en alto a la iniciativa: hasta ahora son unos 70 de 257 los que adelantaron el voto a favor, manteniéndose algunos indecisos que hacen soñar a los impulsores del proyecto con conseguir la mitad más uno de las voluntades.
Tampoco coincide el 0% a favor que cosecha el aborto en San Juan con el porcentaje de aprobación en la provincia que tiene la iniciativa. Varía de acuerdo con la muestra, las hay de todos los colores: la de este diario indicó que el respaldo es del 25% (minoritario frente a un desacuerdo del 75%), otras a nivel nacional alcanzaron los 50%.
Depende siempre del formato de la pregunta, del territorio donde se la formule, entre otros condicionantes. Lo que sí parece evidente, a ojo de buen cubero y sin pruebas en el terreno de juego que lo sostengan, es que en San Juan la aprobación del aborto legal es menor que el que opera a nivel nacional.
Sin que llegue, por supuesto, al 0% que indica el marcador porcentual de apoyo de los legisladores nacionales. Lo que implica, por lógica, que existe un porcentaje de sanjuaninos, posiblemente minoritarios pero tampoco insignificantes en términos cuantitativos, que no están representados por las manos alzadas locales en el Parlamento.
Sin que exista tampoco rigor científico para señalar que el aborto es en San Juan un flagelo menos preocupante de lo que representa a nivel nacional, también mundial. Al tratarse de un fenómeno clandestino, no hay manera de tabular indicadores de casos. Sí en cambio los pone al descubierto los hechos que se filtran a la opinión pública porque la policía hizo su trabajo en allanamientos de consultorios aborteros.
Ocurre generalmente en casos en que se produce algún efecto no deseado, casi siempre el fallecimiento de la madre. O una denuncia descolgada. Como ocurrió en un caso de extrema gravedad con un jefe de servicio del Hospital Rawson acusado de practicar abortos en su clínica personal, inclusive desviando hacia allí a las “pacientes” que captaba durante su función en el hospital público. El caso, como casi todos los relacionados con denuncias de abortos, sigue en trámite de resolución, pese a que ocurrió ya hace varios años.
De no mediar esos factores, nadie se entera, se patea la basura debajo de la alfombra, y good show, al decir del célebre Tato. El aborto sigue siendo punible con fuertes sanciones penales salvo excepciones tipificadas hace casi un siglo, que en escasas ocasiones se cumplen. Y el aborto clandestino goza de buena salud: todos en San Juan conocen dónde funciona, quién son los que lo practican, y que no tendrán ninguna sanción penal pese a que se trata de un delito grave.
Volviendo al enigma inicial sobre los motivos por los que ninguno de los diputados nacionales sanjuaninos apoya el aborto pese a que hay un número importante de sanjuaninos que sí lo hace y el promedio nacional está lejos de ese cero, resulta interesante indagar en los motivos por los que eso ocurre.
Los seis diputados que deberán levantar o bajar la mano respondieron a Tiempo de San Juan sobre los argumentos por los que adelantaron el No. Sin hacer ciencia ficción, hasta podría proyectarse en los senadores un resultado contundente de 9 a 0 en contra de la iniciativa pro aborto.
En esas respuestas predominan las apelaciones filosóficas y éticas sobre el comienzo de la vida, asociadas a la postura de la Iglesia Católica sobre el tema. La eficacia del mandato religioso en la contundencia del resultado lleva a preguntarse si la sociedad sanjuanina tiene mayor sintonía con la óptica de la Iglesia que el promedio nacional, como lo señala en este caso la postura de sus representantes ante el Congreso.
El resultado del marcador parece insinuar alguna respuesta. Sin que se trate de una valoración positiva o negativa sino de un análisis de los datos. Vale como antecedente lo que ocurrió en un debate similar activado hace algunos años, también de resolución parlamentaria y asociado a las creencias religiosas: el matrimonio homosexual.
No la pasó bien Maira Riofrío, la única senadora que se desmarcó del rechazo generalizado de parte de los legisladores sanjuaninos a esa ley. En la madrugada de julio de 2010, el Senado trató el proyecto en una sesión cuyo resultado nunca estuvo decidido sino hasta el final. César Gioja y Roberto Basualdo, ambos dos senadores sanjuaninos, votaron en rechazo. Y Riofrío –la tercera representante en la Cámara Alta- no estuvo presente porque integró la comitiva de Cristina Kirchner a China.
Hubo todo tipo de versiones aquella vez. Que la sanjuanina había aceptado viajar para que no alcanzaran las manos en el rechazo a la ley (finalmente aprobado por diferencia mínima), y ella se abstuviera de votar a favor, lo que en su provincia resultaba muy difícil de explicar. Más allá de todo, ella había planteado previamente posturas no enroladas claramente en el rechazo, y hasta había sido criticada duramente con nombre y apellido en la marcha de globos naranja que se organizó en San Juan en los días previos al tratamiento en el Senado, cuando aún la moneda de los votos estaba en el aire.
También se dijo por lo bajo que se trataba de un acuerdo entre Cristina y el entonces gobernador José Luis Gioja para facilitar la aprobación sin necesidad de votarla, con la condición en el medio de la financiación a las obras sanjuaninas. Podrá contemplarse en estos días lo que les pasa a los gobernadores no del todo obedientes con los dictados nacionales (el matrimonio homosexual lo era en ese momento tanto como la reforma jubilatoria lo es ahora) en debates de todo tipo. Ayer y hoy, unido por el hilo de las bravuconadas del poder central a las provincias. Conclusión: nada difícil de creer.
Y justo cae en el medio de este áspero debate que recién se inicia –incluida la sospecha de funcionar de manto de cobertura para otros debates más incómodos para el gobierno nacional- un episodio sanjuanino y doloroso, que algo dice al respecto.
La imagen de una mujer que, como si fuera a hacer la cola de un supermercado, abrió la puerta de Tribunales con su hijo en brazos y dijo estar llegando para entregar a su hijo. Peor aún, pronunció la palabra regalar.
Sin el más mínimo ánimo de cargar sobre esa mujer y los terribles dilemas que habrán atravesado por su cabeza en los minutos, las horas, los días previos a tomar semejante decisión. Por el contrario, interpretarla y valorarla. En especial, por haber tenido la sangre fría de ponerse a pensar en qué era lo mejor para su criatura. Por doloroso que resulte.