Podrá explicarse de mil maneras, pero no habrá ninguna que consiga convencer cómo fue que un gremio estampa la firma de un acuerdo en San Juan y a los pocos días convoca a un paro a nivel nacional, pero en la búsqueda de repercusión en San Juan, que es su única jurisdicción.
Un paro docente contra sus propios intereses
Insólito, pero ocurrió en esta apertura de ciclo lectivo sanjuanino que tuvo en su historia reciente infinitas versiones de negociaciones, nunca alguna en la que se consiguiera estampar la firma para iniciar el ciclo lectivo con normalidad y se bata el parche al mismo tiempo.
Argumenta el gremio que una cosa es su rol en defensa de los docentes en San Juan y otra es su calidad de docentes en la Argentina, con su consecuente carga sobre toda la actividad. Pero ocurre que desde que Domingo Cavallo endosó las escuelas a las provincias en los 90 sin los correspondientes recursos para mantenerlas en medio de un pacto fiscal de extraño curso político, la educación primaria y secundaria es una potestad de los estados federados y no del gobierno central.
Es ese el mismo motivo por el que UDAP tiene jurisdicción sanjuanina en su ejercicio gremial: no puede, para que se entienda la brutalidad, ejercer la defensa de un docente –pongamos- pampeano. Y así como en el grotesco del ejemplo se comprenden con comodidad los límites de jurisdicción, habrá que decir con la misma cara de asombro que los maestros sanjuaninos que hicieron paro lunes y martes lo hicieron en reclamo de las condiciones laborales de Buenos Aires –y de un puñado de provincias más que no vienen a cuento porque no les importan a nadie- de manera simultánea al acuerdo al que se llegó en su propio distrito.
Señala la línea argumental de UDAP para sostener ésta insólita medida, que su adhesión al paro obedece a una solidaridad con el llamado de Ctera, que es la central docente nacional. Si apenas se propusiera utilizar el sentido común, caerá en la cuenta del abismal sinsentido de acordar en su distrito y parar igual, cuando puede sin obstáculo ejercer algún método de solidaridad alternativo.
Que, por otro lado, no dañe ni la credibilidad de su propia firma en el convenio ni su poder de fuego como entidad gremial mayoritaria de la actividad. Que quedó evidentemente torpedeado por una medida a la que una mínima parte de la docencia decidió convalidar, acompañándola.
Demás está aclarar: si un gremio convoca a una medida y sus afiliados no la cumplen (como claramente ocurrió esta vez más allá de las cifras de uno y otro lado), mala noticia para un liderazgo. Y buena parte de la responsabilidad recala en una cúpula gremial que no tuvo reflejo ni sentido de la ubicación: acababan de firmar un acuerdo en el distrito donde ejercen su representación.
Queda por preguntarse qué hubiera ocurrido si las cosas ocurrieran a la inversa. Porque sucedió que los gremios docentes de siete provincias –San Juan incluida- que habían llegado a un entendimiento para empezar las clases, debieron convivir con un paro nacional convocado por Ctera por la falta de acuerdo en el resto de los distritos nacional, incluida la poderosa Suteba bonaerense de Roberto Baradel.
Los incrédulos de un país federal que se nos vende desde el Billiken se animan –entre ellos este escriba- a desconfiar de una solidaridad apabullante recíproca si las que hubieran quedado en la banquina fueran, por ejemplo, Formosa, y no el gremio que pulsea con Mariú Vidal. Si se convalidara el razonamiento, nuevamente el federalismo habrá servido de bandera para la popular, cuando la pelea de fondo parece ser otra.
Y el orden de los factores sí altera el producto: lo debieron pagar los gremios como UDAP, sometidos a que le cuenten las costillas por obra y gracia de una lectura “nacional” del sector, cuando cada gremio negocia lo suyo y se expone a su propia lógica de distrito desde que la Nación descabezó la paritaria nacional de un plumazo: está el gobierno bonaerense y su presunta elegía de valientes contra los barbudos, está el puntano Rodríguez Sáa que no le dio tiempo a nadie y de arranque clavó un 40% para todo el mundo, en el medio está todo el resto. Si el reclamo es el restablecimiento de esa paritaria perdida y no la escolta de Baradel, no dio esa sensación.
Más evidentes desde aquel momento fundacional de la famosa transferencia de Cavallo, los reclamos y los paros docentes se convirtieron una modalidad que forma parte de un paisaje al que hubo que acostumbrarse. Es muy extraño un año en que las clases comienzan con normalidad: éste lo fue en San Juan, aunque por desgracia se intentó borronear.
Desde esos tiempos también, los reclamos docentes acarrean cierta aureola de protección de parte de la sociedad en general, pese a los daños que le ocasionan. Se recuerda a grandes luchadoras, a largas y desgastantes conquistas como la carpa blanca, que peleó por una asignación presupuestaria del 6% del PBI, que se logró y que, al parecer, no fue suficiente. O se comenzó a esmerilar.
Quién no tiene a una madre maestra, o a un familiar, o a algún otro ser querido, y convive de cerca de ese modo con las angustias de un maestro intentando llegar holgado a fin de mes. No son ciencia ficción los relatos de sus padecimientos por no recibir un pago a la altura de una persona en esa condición, maestro. Más aún, de escuela pública.
Pero no le hacen bien a esa sana militancia los contrasentidos como el que ocurrió en este inicio de clases en San Juan. En un contexto en que ninguna propuesta salarial parece calmar la ansiedad de un asalariado –cualquiera sea, docente o no- por empatarle a la inflación galopante que está bien lejos de amainar- la propuesta provincial no fue mala. De hecho, la conducción gremial del sector (no sólo UPAP sino también UMA y AMET) la aceptaron con relativa rapidez, si el espejo son los años anteriores en los que hizo falta hasta tres semanas de paros.
Incluso hubo provincias que cerraron por abajo del 17% con cláusula gatillo que se ofreció y se aceptó en San Juan, que supera la meta inflacionaria proyectada por la Nación del 15% y ofrece el salvoconducto de la cláusula que este año pagó sin chistar porque se disparó al exceder el cálculo previo de aumento de precios del INDEC. Otras, como Buenos Aires, están más agarradas del dogma nacional de no salirse de la expectativa inflacionaria pronunciada por Dujovne y Marcos Peña. En esa, Vidal siente que no debe abandonar el barco discursivo que baja la gestión de Macri no sólo a los que deben negociar con ellos pauta salarial, sino también a los mercados en este juego del manejo de expectativas.
En San Juan fue otra cosa, afortunadamente. Se cerró rápido, pero para el gremio pesó más la solidaridad con sus colegas bonaerenses –y luego también otra extraña convocatoria a parar fuera de cálculo, como en Día de la Mujer- que su responsabilidad con los maestros sanjuaninos. Una pena.