Pese al clamor evidente de un sector ciudadano que simpatiza con todo lo que no tenga que ver con la letra K, hay más complicaciones que facilidades para al menos reeditar el polo de oposición sanjuanina que mejor perfomance entregó en mucho tiempo: aquel Compromiso Federal (integrado por Roberto Basualdo como timonel y Enrique Conti, Mauricio Ibarra, Rodoldo Colombo y Eduardo Cáceres en los remos) que hizo pata ancha en las legislativas de hace un año y medio.
La explosión de la bomba opositora dejó expectativas, también demoras
El plan de ir todos juntos como en 2013 pateó el tablero. Pero nadie quiere darle demasiado crédito. Los temores y la estrategia jurídica. ¿El principal escollo? la política y esperar noticias ajenas.
Por Sebastián Saharrea
Esos obstáculos serán –ya son- de tipo estratégico, de tipo personal y de tipo jurídico, pero el más importante es de tipo político: aquello que los dividió, la separación de los referentes nacionales por caminos distintos, está lejos de cicatrizar, y por lo tanto el candoroso intento de volver a juntarse no parece tener bases sólidas.
En cambio, produce un efecto colateral adverso: una evidente parálisis en la estrategia y el posicionamiento de los eventuales socios. Temerosos ahora de dedicarse dardos cruzados, no sea cosa que en pocos días más tengan que compartir la mesa. ¿Cómo podría entenderse que Cáceres profundice su esmerilado hacia Sergio Massa, o que Colombo lo haga contra Macri, si está latente el proyecto de "dos presidentes” que podría dejarlos a todos juntos en poco tiempo más?
El plan "dos presidentes” es la plataforma ideada por el senador Basualdo para reavivar su criatura exitosa del 2013: convocar a los mismos que integraron aquella interna de Compromiso Federal ganada sobre el disco de sentencia por el macrista Eduardo Cáceres, con el condimento especial de un pedido de disculpas al sistema Paso para no quedar encerrados en un solo candidato presidencial, sino en dos: Mauricio Macri o Sergio Massa, de quienes los 5 socios originales son portadores de su enseña.
Sólo de esa manera se podría arreglar el tablero, lo que implica también que no incluye de ninguna manera a los refractarios hacia esos dos presidenciales. Es decir, la UCR –al menos los orgánicos-, la Cruzada Ronovadora (de buena perfomance en esa misma elección del 2013 con casi 10 puntos), los socialistas, la izquierda y en menor medida Dignidad Ciudadana. Por lo tanto, no sería una unidad de "toda la oposición” contra el oficialismo provincial, sino de una parte significativa cuyo tamaño puede ir variando en la medida que irradie –o no- credibilidad.
Lo que necesita para pasar de los papeles a los hechos es que la justicia electoral le dé el visto bueno a esta innovación. Dicen cerca del senador Basualdo que ya lo tienen consultado a niveles superiores entre quienes deciden, y que ya les dieron el Ok. También cuentan algunos antecedentes nacionales, como uno de Entre Ríos, pero también se asoma por lo bajo una fuerte ofensiva judicial del oficialismo para cuestionar el intento si es que prospera, objetándolo por improcedente. Eso lleva tiempo.
Lo otro que puede ocurrir para evitar todo ese camino judicial es que finalmente se produzca un encuentro nacional entre Mauricio Macri y Sergio Massa que tapice el país con otra geografía política. Desde el razonamiento, no deberían demorar un minuto más: una eventual candidatura de Macri a presidente y Massa como gobernador bonaerense en la misma boleta hace soñar despiertos a más de uno y con buenas razones, pero quién lo baja a Massa de su aspiración presidencial si está peleando por los primeros puestos.
Entre los que aún sueñan con eso hay varios en la órbita nacional como el presidente de la UCR Ernesto Sanz o el puntano Adolfo. Y varios en la provincia, como Enrique Conti o el propio Basualdo, el artífice de este nuevo intento. Los gestos que les llegan van por otro lado: el acuerdo Macri-Carrió no hace otra cosa que ir en sentido inverso, fue Lilita quien tildó a Massa de narcotrafiante. Y los tiempos les juegan en contra: a la vuelta de la esquina ya está el cruce electoral en Capital Federal, con fecha de internas abiertas para abril y cierre de listas para dentro de un rato. Allí Macri hace su propio juego y Massa no termina de hacer pie, a la inversa de la provincia donde el tigrense es más fuerte y el porteño navega sin nada firme. Más claro aún: lo ideal sería juntarse, pero los egos personales parecen estar por encima de todo, y las agujas del reloj nunca dejan de funcionar.
Como Penélope, hay muchos en San Juan dedicados a deshacer la madeja para que pase en Buenos Aires lo que tiene que pasar y no pasa. El atajo sería que ambos bunkers nacionales –el de Macri y el de Massa- terminen bendiciendo la movida sanjuanina y se comprometan a no batir demasiado el parche. Eso es complicado porque entrega una veta vulnerable: ¿cómo es eso de se pelean a nivel nacional y acuerdan a nivel provincial, podría preguntarles el oficialismo en voz alta?
También obstruye el clima de desconfianza entre ellos. El massismo encuentra como principal obstáculo al propio Macri para seguir creciendo, es su amenaza más firme. Y en el macrismo hay por estos días una fuerte pretensión de aparecer lo más lejos de Massa posible, el todos lados inclusive en San Juan. No quieren ni ver cerca nada parecido a Massa, e incluso sobrevuela la sospecha de que el paquete presentado en sociedad por el propio Basualdo puede haber sido bajado desde los altos mandos nacionales, con antecedentes jurídicos y todo.
Claro, siempre hay que anteponer la expresión por ahora. Lo demuestra lo cambiante del tablero político nacional en el que un episodio repentino puede poner todo patas para arriba y hay que empezar todo de nuevo. Cuestión nada más que de esperar, sin nada que hacer desde San Juan para que se junten los planetas.
El problema es el tableteo del segundero que opera como tiempo de descuento. Mientras el resto arma y desarma, el espacio massista-macrista aparece freezado a la espera de conocer al menos quiénes serán sus enemigos. Sin margen para establecer sociedades y ni siquiera para elaborar un discurso que no sea el repiqueteo de los últimos tiempos sobre el oficialismo.
En tren de esperar, el otro evento que podría solucionarles la vida sería un adelanto de las elecciones. Pero está visto que a medida que avanza el segundero se hace cada día más improbable que esa buena nueva para este espacio opositor aparezca al menos como una opción firme: queda el resto de febrero y algo de marzo para adelantar, y si no a agosto junto al resto.
Para el caso, se trata de otra eventual nueva noticia por la cual este grupo de opositores no tiene nada por hacer. Igual que con el entente Macri-Massa, si llega, bien. Y si no, a arreglarse con lo que hay. Y, como dijo alguna vez el gran Lebón, el tiempo es veloz.
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