Luego de que cuatro mineros chilenos fueran sorprendidos robando oro en la cordillera sanjuanina, por lo que fueron detenidos por personal del Escuadrón 25 Jáchal de Gendarmería Nacional, surgió la duda sobre los controles en los diferentes pasos fronterizos, en especial en aquellos que son ilegales. ¿Pueden cruzar fácilmente el límite y extraer los recursos naturales de nuestro territorio?
Tras el robo hormiga de mineros chilenos en San Juan, qué factores complican la vigilancia de la frontera
Los sujetos que extraían de forma ilegal el oro fueron sorprendidos por Gendarmería Nacional en la zona de la mina El Zancarrón, a más de 4.700 metros de altura. Fuentes cercanas al operativo indicaron que las autoridades luchan con múltiples dificultades en la alta montaña para evitar este tipo de maniobras.
En ese contexto, Tiempo de San Juan consultó con fuentes ligadas al operativo cuyas imágenes generaron impacto y las mismas señalaron que existen varios factores que complican la tarea de control en las zonas más inhóspitas de la frontera y que, en consecuencia, favorecen a los “piratas de la Cordillera” que llevan adelante el robo hormiga.
Según apuntaron las fuentes, el factor climático es determinante en los despliegues de las autoridades, sobre todo en terrenos hostiles como donde está situada la mina El Zancarrón, un yacimiento abandonado, localizada cerca del límite internacional con Chile y a unos 30 km de la Sección Valle del Cura.
Uno de los principales problemas es la existencia de al menos 15 pasos no habilitados en el límite con Chile. Acorde explicó la fuente, estos sectores representan puntos vulnerables que obligan a la fuerza a intensificar controles, aunque sin posibilidad de una cobertura constante. “Gendarmería custodia la frontera y vigila el límite con Chile, pero hay zonas con muchos pasos no habilitados, lo que dificulta la tarea”, indicaron.
Las condiciones naturales juegan un papel determinante. A más de 4.700 metros de altura, el clima extremo, la nieve y el terreno inhóspito hacen prácticamente imposible sostener una presencia permanente. “El clima y el camino son decisivos. A gran altura suele estar nevado, y en invierno la situación se recrudece aún más”, detalló la fuente.
Además, hay áreas donde “no hay nada, ni animales, ni refugios”, lo que incrementa el riesgo operativo. En el sector donde se realizó el procedimiento, por ejemplo, no existían estructuras de resguardo.
Los operativos de vigilancia se realizan en condiciones exigentes. Los equipos están conformados por unos siete efectivos que deben instalar campamentos por un máximo de cinco días, con relevos constantes.
El acceso tampoco es sencillo: parte del recorrido se hace en vehículo, pero el tramo final debe completarse a pie o a caballo, con caminatas que demandan entre dos y tres horas.
A esto se suma la necesidad de transportar provisiones, equipos especiales y oxígeno, debido a la altura extrema. Si bien se utilizan drones para reforzar la vigilancia, su autonomía es limitada. “Se pueden hacer volar entre 10 y 15 minutos”, precisaron, lo que reduce su eficacia en zonas tan amplias y de difícil acceso.
Otro factor que genera preocupación es la diferencia en la accesibilidad. Según la fuente, en sectores como la mina El Zancarrón, del lado chileno se puede llegar en vehículo, mientras que del lado argentino el acceso es mucho más dificultoso. “Del lado chileno el acceso es más fácil; del lado argentino se llega a pie, tras horas de caminata”, remarcaron.