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domingo 5 de abril de 2026

Historias del crimen

“El Choco”, el ex convicto homicida que mató a su madre arrojándola al canal

Su nombre era Lorenzo Wenceslao Galleguillo. Cargaba con un asesinato por el cual estuvo preso. En 1960, en un ataque de rabia contra su mamá alcohólica, decidió acabar con la vida de la mujer.
Por Walter Vilca

Hay hijos, e hijos. Pero pocos, o casi ninguno, como “El Choco”. Ese changarín sanjuanino que ya había purgado condena por un asesinato en la década del ’50 y que diez años más tarde, en una noche de hastío y alcohol en su casa en Rivadavia, resolvió poner fin a la vida de su madre. Viendo que estaba dormida de la borrachera que acostumbraba, la tiró a las aguas del canal que pasaba por el fondo de su casa.

Aunque suene descabellado y parezca un relato de una novela de terror, esto es lo que pasó en los fondos de la Villa Puig en Rivadavia, allá por 1960. El personaje de esta historia fue Lorenzo Wenceslao Galleguillo, un ex convicto de 36 años apodado “El Choco”, cuya mala vida de joven lo metió en problemas en 1945.

Los pocos registros judiciales y las crónicas periodísticas señalan que fue por un asesinato. En un asalto en el que mató a otro a hombre tras atacarlo con una piedra en la cabeza. Un documento judicial indica que por ese hecho fue condenado a prisión el 27 de junio de 1951. Aunque no se menciona los años que le dieron de pena, se sabe que “El Choco” Galleguillo salió en libertad en 1957 y retornó a su casa en Villa Puig, Rivadavia. Allí vivía su madre Dedicación Olivera viuda de Galleguillo, junto a su hermano Julio y su hermana menor, que era adolescente.

Era triste la vida en esa casa. No sólo la pobreza golpeaba a esa familia, sino también la adicción de la madre de los Galleguillos. La mujer de 62 años había hecho del alcohol su peor compañía. El propio Lorenzo declaró después que, en ocasiones, su mamá pasaba ebria días enteros. Los dos hijos varones y la nena estaban acostumbrados o resignados a verla así.

En ese entonces, Julio y “El Choco” Galleguillo trabajaban haciendo changas de albañilería o de obrero temporarios en las fincas. A mediados de diciembre de 1960, los hermanos viajaron junto a una cuadrilla a trabajar en las plantaciones de cebolla. Regresaron a su casa el 23 de ese mes. Y como otras veces, se encontraron con su mamá bebiendo.

La vida así se tornaba tediosa y frustrante para ellos y la única diversión o desahogo que tenía “El Choco” Galleguillo luego de cumplir con su jornada laboral era salir a tomar. Así fue que la madrugada del 27 de diciembre volvió a beber y llegó borracho al rancho de adobe de su familia. Los problemas de su madre lo “avergonzaban” y más de una vez pensó en no verla más, reconoció en la causa judicial. Esa noche, cuando vio a su mamá durmiendo vestida y destapada en la cama y a sus dos hermanos acostados en unos catres en el fondo, ese terrible deseo de borrarla para siempre de sus vidas afloró en él más que nunca.

Su rabia pudo más, de modo que caminó al cuartucho del fondo donde guardaban los trastos y cosas en desuso y agarró la soga de cáñamo que su mamá usaba para traer leña. Volvió a la habitación de Dedicación, envolvió la cuerda alrededor de sus piernas y la cargó en brazos. La mujer estaba tan alcoholizada que ni se despertó. Ahí enfiló hacia la parte trasera de la propiedad. Todo esto mientras sus dos hermanos dormían.

Trastabillando y dando trancos hizo esos 50 metros que separaban la vivienda de la orilla del caudaloso canal Quiroga, que pasa por detrás de Villa Puig. Cuando estuvo en el borde del cauce, sin pensarlo siquiera, la lanzó al agua. En esos segundos vio cómo el cuerpo de su madre se perdía a lo lejos entre la correntada.

No sintió ningún remordimiento; de hecho, retornó a la casa y se acostó a descansar. A la mañana siguiente se levantó fingiendo como que nada había pasado y se marchó a trabajar junto a su hermano a una obra. A media mañana, un vecino de nombre Eleodoro Sarrascina los fue a buscar y le contó que habían encontrado a su mamá ahogada en una de las parrillas de la vieja usina Graffina, cerca de la calle Maradona y Benavidez.

“El Choco” Galleguillo no quiso ir al lugar. Le pidió a su hermano Julio que se encargara de todo, mientras él iba a buscar a un hermano mayor que trabajaba en Tribunales. En la Policía no les dijeron nada de la cuerda, solo hicieron unas preguntas. El 28 de diciembre entregaron el cuerpo de Dedicación Olivera y sus hijos la velaron en su casa. “El Choco” se convencía que todos pensaban que se trató de un accidente. Y entre llantos de familiares y amigos, el jueves 29 de diciembre de 1960 sepultaron los restos de la mujer en el cementerio de la Capital. Pero cuando todos se retiraban, dos efectivos de civil de la Brigada de Investigaciones se le acercaron a “El Choco” Galleguillo y ordenaron que los acompañara a la Central de Policía.

Ese día, Lorenzo Wenceslao Galleguillo se quebró y confesó el crimen de su madre. Una crónica periodística de Diario de Cuyo afirma que los policías que lo entrevistaron aseguraron que “El Choco” contó con lujo de detalles, y con una “serenidad y cinismo” que impactaba, cómo arrojó a su mamá al canal y después se fue a dormir.

Es verdad que existió esa declaración, pero posteriormente durante el juicio se retractó. Aclaró que no podía explicar qué le pasó y que actuó casi instintivamente, cansado por cómo veía a su madre. En otra parte de ese nuevo relato, también dijo que su intención no fue lanzarla al canal. Contó que fue cierto que le ató las piernas con la cuerda y la llevó cargando hasta la orilla del cauce, pero sostuvo que la dejó sentada en el borde para que, cuando despertara, se asustara y reflexionara. Su abogado defensor argumentó que “nunca pensó en las consecuencias que iba a tener esta acción” y pidió que se contemplara el atenuante de emoción violenta.

El juez de la causa sostuvo que esa segunda declaración resultaba inverosímil y buscaba sólo deslindar su responsabilidad en el aberrante asesinato. El 5 de marzo de 1963, la Justicia condenó a Lorenzo Wenceslao Galleguillo, más conocido como “El Choco”, a la pena de prisión perpetua. Y así fue que purgó por largos años en la cárcel ese castigo por el peor de los delitos, el de asesinar a su propia madre.

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