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miércoles 8 de abril de 2026

El más cruel asesinato

Revivir la tragedia: Antonio Olivares contó el trauma del hijo mayor de Cristina

Después de la cuarta condena a la asesina de su hija contó cómo es vivir con esa tragedia. Aún no consigue cambiar el apellido de sus nietos.
Por Redacción Tiempo de San Juan

"Si por error o mala intención le dicen Palma en la escuela, él se pone a llorar", dijo Antonio Olivares en referencia a su nieto mayor (10 años), hijo de su hija Cristina, quien fuera asesinada en 2012 de 166 puñaladas, el crimen más atroz de la historia sanjuanina.

La chispa que reavivó esta llama dolorosa fue la cuarta condena que recibió Rosa Videla, la asesina de Cristina Olivares, ya sentenciada a cadena perpetua pero que sigue sumando condenas por la violencia que ejerce contra compañeras y guardiacárceles en el penal.

"No sabía nada que la habían condenado otra vez, me estoy enterando pero me parece bien que la justicia siga actuando. Hace mucho que no escuchaba el nombre de ella pero cada vez que se recuerda uno se siente mal", dijo Antonio a Tiempo de San Juan.

"...el más grande tiene un odio terrible, lo llevamos al psicólogo por eso. Para él, no es Palma y no quiere que le llamen por ese apellido..."

Los hijos de Cristina tenían 7 y 5 años cuando asesinaron a su mamá, el más chico casi no se enteró de lo que realmente sucedió, pero el grande sí pudo asimilar más lo que pasaba. Miguel Ángel Palma, padre de los niños, también cumple una condena por su participación en el asesinato de Cristina.

"El problema es que si mañana o pasado sale de la cárcel y quiere ver los niños si tiene su apellido tiene derechos. Pero para los niños sería como clavarles un cuchillo, el más grande tiene un odio terrible, lo llevamos al psicólogo por eso. Para él, no es Palma y no quiere que le llamen por ese apellido, en la escuela él es Olivares. Nosotros todos los años tenemos que ir el primer día de clases y hablar con las maestras para contarles lo que pasaron los niños, lo que siguen sintiendo, y pedirles que los llamen Olivares aunque su apellido es Palma", contó Antonio.

"Desde que terminó el juicio, si fui tres veces al centro es mucho. Somos gente de trabajo, de campo..."

Hace varios años que Antonio y su esposa, Sandra Rojas, iniciaron el proceso para obtener la patria potestad de los nietos y para cambiarles el apellido, pero aún no lo lograron. "Estamos con el proceso de ver si le cambiamos el apellido, estaban todos a favor pero aún no sale eso y lograr la patria potestad para lo que un juez debe resolver. Pero no culpo a nadie, ha sido falta de tiempo de uno. Creíamos al principio que era fácil, que nos iban a dar rápido eso, pero hay que moverse y son cuatro niños chicos, mi mujer no puede, yo estoy abocado a trabajar en la finca. Desde que terminó el juicio, si fui tres veces al centro es mucho. Somos gente de trabajo, de campo y poco nos gusta ir al centro y mas con todo lo que tuve que pasar volver a tribunales y a estar viendo jueces. Pero esto es dejadez de uno también", confesó Olivares.

Antonio Olivares y su esposa Sandra.

El más chico de los hijos de Cristina tiene 9 años y no reacciona de la misma manera que su hermano mayor. "Por empezar tiene otro carácter, es más a la madre, más bonachón, además era más chiquito, con él no hay problemas. Pero el más grande es imposible, los compañeros golpean las manos (hacen "palmas") y él ya se pone a llorar, es terrible. El niega tener el apellido Palma. Lamentablemente el todavía tiene el apellido Palma, pero las maestras hacen esa excepción y lo llaman Olivares", dijo.

Ni Palma ni su familia hicieron nada por ver a los niños en estos años. "Gracias a Dios, no. Si pasara habría que volver a la justicia porque sería hacerle un daño muy grande esos niños. No es por uno, por la rabia, la impotencia de uno, sino por ellos, son niños a los que les destrozaron la vida, se quedaron sin madre y sin padre, por culpa del padre", contó Antonio.

Olivares contó que el día del veredicto quedó grabado para siempre en su memoria. "Yo me muero y mi mujer se muere si este sale a los 25 años por buena conducta o que le rebajen, y no sé qué sería de esos niños. Esa es nuestra preocupación de por vida, que algún día salga. Si algún día sale va a querer ver a los niños y lo hará a toda costa, no le importará leyes ni nada, a las malas. eso nos tiene en vilo", lamentó.

La frase final fue lapidaria: "No tienen que salir más, porque si salen van a volver a matar".

 

 

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