El dato que llama la atención: el crimen del interno Diego
Ramón Zalazar (30) fue en un pabellón donde están los presos con buena
conducta; la mayoría trabaja y el preso asesinado no estaba identificado con
problemas de conducta, por el contrario, además de portarse bien era una
persona que trabajaba y había demostrado no querer tener más problemas, según
fuentes judiciales.
La pista firme: las manchas de sangre. Algunas de ellas
estarían en las prendas de los presos y otras en el lugar donde fue mortalmente
apuñalado el preso Zalazar.
Investigar un crimen adentro del Penal es distinto a un
hecho que se produzca afuera. El principal obstáculo es el código tumbero, donde jamás un preso delata
a otro, por lo que nadie nunca ve ni escucha nada que pueda llegar a meter a
otro preso en problemas legales.
Eso hace complicado el trabajo judicial para llegar a saber
quién mató a Zalazar.
De lo que no tienen dudas los investigadores es que fueron,
por lo menos, dos los presos que participaron del ataque.
Ahí es donde las manchas de sangre se convierten en el mejor
GPS para dar tratar de reconstruir el hecho y dar con los autores.
Siguiendo esa pista es que el juez penal en turno, Pablo
Flores (Segundo Juzgado de Instrucción), estuvo durante la madrugada y hasta
las primeras horas del día en el Anexo 3 Sector 1. Allí recolectaron todas las
pruebas necesarias para tratar de romper el cerco del código tumbero y dar con
los autores del crimen.