En la primera quincena de septiembre de 2013, Raúl Fernando Gómez Cincunegui (59) era el hombre más buscado de San Juan. Todos querían saber de él, conocer más sobre su increíble historia de vida. Es que la inédita supervivencia durante cuatro meses en el corazón de la Cordillera de los Andes en pleno invierno, comiendo ratas y raíces, lo convirtieron en un héroe de carne y hueso. Al alcance de todos. Palpable. Hoy, a un año de esa euforia local, nacional e internacional, nadie sabe a ciencia cierta qué es de la vida del uruguayo. Aunque parece que tampoco hay mucho interés, al menos público, tal vez por el durísimo golpe que significó saber que la Justicia chilena lo venía buscando por el presunto abuso de su propio sobrino.
O tal vez también se deba a que el uruguayo fue bastante reacio a la exposición pública, al menos gratuita, ya que a éste medio le quiso cobrar por contar su historia de vida. O tal vez se deba a que el degradante hecho policial del que lo acusan en Chile generó cierto repudio social.
Lo cierto es que hoy por hoy, a un año del impactante caso del uruguayo que fue rescatado tras cuatro meses de darlo por desaparecido entre los picos nevados de la cordillera, nadie parece querer acordarse del aquel momento.
La última vez que se le vio la cara a Gómez Cincunegui fue en una pensión céntrica, ubicada en la vereda Norte de la calle Rivadavia, antes de Entre Ríos. Con una mano apoyada en la pared y con la otra sosteniendo un cigarrillo, el uruguayo se diluía entre el bullicio y el trajín diario de cientos de sanjuaninos que le pasaban por la cara, totalmente ignorado, como si ya nadie recordara aquel hombre extremadamente delgado que bajaba en una Conmovió que sobreviviera cuatro meses en la Cordillera de los Andes. Decepcionó cuando Chile lo pidió por abusar de un niño. Se diluyó en la sociedad sanjuanina y hoy nadie sabe qué es de su vida. Por Gustavo Martínez Puga. camilla del helicóptero de la Provincia, protagonista de una odisea de película.
En ese momento vestía una remera azul, jeans y zapatillas. Era verano. Su mirada también estaba perdida entre la multitud, lejos de aquellos ojos negros desafiantes y actitud canchera que había mostrado ante éste cronista sentado en la cama de dos plazas de su celda del Penal de Chimbas, donde había permitido que lo visitáramos para contar su historia. Aunque luego dio marcha atrás y pretendió cobrar dinero, aduciendo que ya un periodista italiano le había hecho una supuesta oferta económica y le pedía exclusividad.
Por esos días del verano que se lo vio por última vez en libertad por las calles sanjuaninas, Gómez Cincunegui aún tenía la obligación legal de permanecer en la provincia. Así se lo había fijado el juez federal Leopoldo Rago Gallo cuando decidió denegar el pedido de extradición que había hecho Chile, donde el uruguayo era buscado legalmente por el supuesto abuso sexual de un sobrino suyo, a quien habría intentado besar y manosear.
Todos encontraron en ese hecho policial el principal argumento para entender por qué el uruguayo había decidido tomar la alocada decisión de cruzar a pie la Cordillera de los Andes, en pleno invierno, sin vestimenta ni alimentación adecuada.
Aquello había ocurrido cuando la moto en la que había encarado la travesía se le había averiado y decidió dejarla abandonada en Chile. No era una moto adecuada para cruzar la cordillera, pero le había bastado para viajar desde Uruguay a Mendoza a un encuentro de motoqueros. De allí había cruzado a Chile a visitar unos familiares.
Esa moto es la que se le habría roto cuando viajaba hacia San Juan desde Chile. Siguió a pie. Evadiendo los controles legales, había sido visto con vida por última vez por los arrieros chilenos en la localidad de Petorca. Eso fue el 11 de mayo de 2013. Después, nadie más supo de él.
Eso fue hasta el 9 de septiembre de 2013, cuando el helicóptero de la gobernación sobrevolaba el Refugio Sardinas, en plena cordillera, en un vuelo con personal de Hidráulica, y divisaron a una persona sentada en el inhóspito paraje.
Descendieron y la sorpresa fue total: era Raúl, el uruguayo que ya daban por desaparecido en medio de las tormentas de nieve. Su extrema delgadez por la pérdida de 20 kilos en cuatro meses le ponía al rescate una cuota extra de dramatismo.
Deshidratado, flaco, mal alimentado… todo hizo que fuera a parar a la Terapia Intensiva del Hospital Rawson. Hasta allí llegaron su mujer y sus hijas, quienes viajaron desde Uruguay conmocionados por la aparición con vida de Raúl.
Los medios del país y del mundo se hicieron eco de tremenda noticia.
Pero el paso de las horas confirmaron las malas noticias que llegaban desde el otro lado de la Cordillera de los Andes: Chile lo quería preso por el abuso de un menor.
Así fue como Gómez Cincunegui empezó a quedarse solo en el hospital. De Terapia Intensiva pasó a una sala común, pero ya acompañado por un policía porque estaba privado de su libertad. En esa situación pasó al Penal de Chimbas. Si bien para la Argentina no había cometido ningún delito, la Justicia Federal debía decidir si lo entregaba a Chile para que lo juzgaran o si le negaba la extradición. Finalmente, a fines de diciembre de 2013 el juez Rago Gallo, en coincidencia con la opinión fiscal y el pedido del defensor oficial, falló que no estaban dadas las condiciones legales para enviar al uruguayo al país trasandino.
Fue cuando le fijó una caución real de 50.000 pesos. Como Gómez Cincunegui no tenía de dónde sacar ese dinero, se tuvo que quedar unos días más en su celda del Penal de Chimbas. Vencido el plazo legal, fue puesto en libertad con una condición: debía fijar un domicilio en San Juan hasta que el fallo judicial quedara firme y no fuera apelado por Chile. Vencido ese plazo, tenía la libertad de ir donde quisiera.
En ese momento se explicó que era difícil que Gómez Cincunegui volviera a Uruguay, ya que el convenio de extradición entre ese país y Chile si reunían las condiciones legales para que lo deportaran, si es que el gobierno uruguayo quería tomar esa decisión.
Hasta el presidente José "Pepe” Mujica se había preocupado por esos días por la salud y la libertad de Gómez Cincunegui. Lo había hecho a través del Consulado de Uruguay en Mendoza.
Por esos días la mujer de Gómez Cincunegui se había venido San Juan para ayudarle con los trámites para que recuperara la libertad. Mientras que sus hijas se volvieron rápidamente, en cuanto se supo que Chile lo pedía por abuso sexual de un sobrino.
A Gómez Cincunegui no le era ajeno el paisaje sanjuanino: en la charla que tuvo con Tiempo de San Juan en la celda del Penal de Chimbas, le alcanzó a contar que hacía 35 años había venido a San Juan y había trabajado en una bodega de San Martín.
El uruguayo había encontrado en el ex defensor oficial del Juzgado Federal, Horacio Garcete, una persona de mucha ayuda, tanto en lo legal como en lo humano. Tal vez por eso decidió quedarse por ahí cerca, en una pensión que está a escasos metros de esa oficina judicial.
"No sabemos más nada de él. Cumplido el plazo para que quedara firme el fallo de la no extradición, él podía hacer lo que quisiera porque es un hombre libre”, explicó una alta fuente de la defensoría oficial federal.
En esa pensión de la calle Rivadavia ya no se lo volvió a ver a Gómez Cingunegui. Y nadie allí sabe de él. No se sabe si consiguió trabajo y se quedó en San Juan o si vivía de la pensión que cobraba desde Uruguay, donde supo ser empleado de Aguas y hasta había incursionado en una radio como periodista. Todo indica que, de la noche al día, Raúl Gómez Cincunegui se diluyó en la sociedad sanjuanina.