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domingo 22 de marzo de 2026

Personajes sanjuaninos

Federico Andrada, el infatigable abuelo que se hizo semitero por un motivo que lo engrandece aún más

En inmediaciones de Lemos y Calle 6, Pocito, sus semitas y panes son de los más codiciados. Dueño de una especial simpatía, compartió un secreto que hace que sus productos sean tan ricos

Por Jorge Balmaceda Bucci

Con solo saludarlo, uno se da cuenta que Federico Andrada es de esas personas con las que uno podría pasarse horas escuchando historias muy sanjuaninas. Muchas empezarán pintadas en sepia, pero el hilo conductor de su prodigiosa memoria las iría coloreando hasta la actualidad.

Es el semitero más famoso y recomendado en la zona de Lemos y Calle 6 (Pocito), pero cuando uno puede caer en el error de pensar que lo fue toda la vida sale a flote el tierno y loable motivo que lo lleva cada mañana a levantarse a las 5:00 para amasar y hornear: don Federico lo hace para pagarle la carrera de Enfermería a su nieto Nahuel, el segundo de los tres que tiene.

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Con los puños, la manera más tradicional de amasar semitas y pan.

Sus laboriosas manos albergan recuerdos de cientos obras en las que fue albañil y un puñado igual de sustanciosas tareas cuando trajinaba como empleado de Hidráulica. La jubilación lo invitó a compartir más tiempo con su amada Renee. Pero hace unos años, ante la necesidad de echarle una mano a su hijo Fede en la educación de sus herederos, se arremangó nuevamente las mangas y se puso a compartir generosidad y ejemplo entre harina y chicharrones.

“Hace 4 años empecé a hacerlas para poder pagarle los estudios a uno de mis nietos. Fue una promesa que hicimos con mi esposa Renee, comentó con la simpatía que lo caracteriza don Federico, antes de agregar que la receta que pone cada mañana en práctica “la heredé de mis padres. En mi casa materna siempre se amasó”.

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Don Federico, en pleno armado de las semitas

Hace 4 años empecé a hacerlas para poder pagarle los estudios a uno de mis nietos. Fue una promesa que hicimos con mi esposa Renee Hace 4 años empecé a hacerlas para poder pagarle los estudios a uno de mis nietos. Fue una promesa que hicimos con mi esposa Renee

Unas 200 semitas y 10 panes caseros son el tesoro diario que Andrada comparte con vecinos y alguna panadería cercana que se jacta de la exclusividad. ‘Armado’ con una olla de hierro para los chicharrones, un fuentón para amasar y un horno pizzero saca sin darse cuenta la tarea diaria.

Al ser consultado por el secreto que esconden sus productos, don Federico clavó el freno de mano y avanzó con la debida cautela: “Los secretos no se revelan, pero solo puedo decir que la grasa con la que se hacen los chicharrones es picada a cuchillo. Lo demás que hago queda en el secreto familiar (risas)”.

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Las semitas de Don Federico, un manjar que disfrutan los vecinos de Pocito.

Los secretos no se revelan, pero solo puedo decir que la grasa con la que se hacen los chicharrones es picada a cuchillo. Lo demás que hago queda en el secreto familiar Los secretos no se revelan, pero solo puedo decir que la grasa con la que se hacen los chicharrones es picada a cuchillo. Lo demás que hago queda en el secreto familiar

Y no podía faltar una anécdota en la cálida historia de don Federico ‘El Semitero’: “Mi esposa me retaba cuando vendía todas las semitas y no le quedaban cuando iba a tomarse unos mates. Tenía que salir a comprar porque no había quedado nada. Ella se enojaba y me decía: ‘Cómo puede ser Federico que no dejés nada para la casa’. Jajaja”.

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