La Ruta Nacional 150, en el tramo que une Jáchal con Rodeo, refleja hoy un fuerte contraste: mientras el entorno natural regala paisajes imponentes entre montañas y vegetación, el estado del camino evidencia años de escasa inversión y mantenimiento.
Paisajes imperdibles, caminos destruidos: las dos caras de la Ruta 150 entre Jáchal y Rodeo
El corredor ofrece postales únicas entre cerros y vegetación, pero el deterioro del asfalto, la falta de mantenimiento y la ausencia de banquinas exponen una realidad crítica en uno de los tramos clave del Norte sanjuanino.
Según registros oficiales, la última intervención de peso en ese sector se realizó entre 2011 y 2015, durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner a nivel nacional y de José Luis Gioja en San Juan. Desde entonces, las mejoras han sido prácticamente nulas, lo que se traduce en un marcado deterioro de la calzada.
La única obra posterior data de fines de 2020, en el marco de un plan de reactivación impulsado por el Gobierno Nacional. Sin embargo, se trató de una intervención menor: se trabajó sobre apenas 13 kilómetros en el ingreso a Jáchal, específicamente entre el cruce con la Ruta Nacional 40, en la zona de San Roque, y la localidad de San José de Jáchal.
En ese tramo puntual se ejecutó la repavimentación total, junto con tareas complementarias como la colocación de barandas metálicas de defensa y la construcción de banquinas. No obstante, fuera de ese sector, el resto del corredor presenta serias deficiencias.
Las imágenes actuales son elocuentes: sectores con asfalto destruido, presencia de pozos y hundimientos, ausencia de banquinas y tramos que obligan a los conductores a extremar precauciones. A esto se suma la falta de señalización adecuada en algunos puntos, lo que incrementa el riesgo, especialmente para quienes no conocen el camino.
El deterioro no solo impacta en la seguridad vial, sino también en la conectividad de una zona estratégica, tanto para el turismo como para la producción. La Ruta 150 es un eje clave para el Norte sanjuanino y forma parte de un corredor más amplio vinculado al Paso de Agua Negra.
Así, entre postales que invitan a detenerse y un camino que obliga a avanzar con cautela, la ruta expone sus dos caras: una que enamora por su belleza natural y otra que preocupa por el estado en el que se encuentra.