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domingo 5 de abril de 2026

Editorial

Lemas, el chiche nuevo con el que hay que aprender a jugar

Inminente arribo del nuevo sistema electoral. Que tiene sus rebusques, como todo juguete que recién aparece. Hay expertos en teoría, viejos ejercicios de los 90. Su aparente fórmula infalible.
Por Sebastián Saharrea

Un nuevo ajedrez. Con campo de juego -el tablero-, con fichas de diferentes funciones –las herramientas-, y con jugadores. Que son los que aplicarán al fin y al cabo su capacidad para moverse. Eso es hoy la nueva ley de lemas, el esquema electoral que regirá la vida política de los sanjuaninos en adelante. Y con el que habrá que amigarse con el tiempo para ir descubriendo sus favores.

El asunto es que no hay experiencia previa a la que atenerse, ni quien pueda mostrar capacidad comprobada en sistemas anteriores, que datan en San Juan de más de 20 años (se aplicó en 1995 y 1999), cuando el mundo era distinto. Es por lo tanto una incógnita, tanto sus presuntos favores como sus riesgos. Un juguete nuevo con reglamento y todo, al que sólo la práctica dará gimnasia para orientarse.

Hasta acá, hay certezas y presunciones. Y una máxima que se empieza a imponer como criterio general al momento de cranear cada estrategia. Como el ajedrez se trata de encontrar los caminos para destruir al rey rival o el juego de la oca se trata de llegar a la meta superando obstáculos, la nueva ley de lemas trata de quien aplica mejor una fórmula: sumar a diferentes, no dividir a los iguales.

A partir de allí, lo usual: se dividirán las bibliotecas. Qué caminos usar, por dónde apretar el acelerador, qué jugadores emplear en cada lugar. Qué fichas mover, en suma. Siempre sumar y no dividir será la única novedad incuestionable.

Las certezas.

La primera, aparece una especie de rivalidad y sociedad al mismo tiempo. Porque en cada categoría, ya sea gobernador o intendentes por citar sólo a las ejecutivas, la opción más votada de las que compiten por la misma agrupación toma los votos de todo el equipo. Es decir que si en el equipo 1, el candidato A obtiene 100 votos, el B otros 70 y el C 40 más, entonces A será ganador del equipo 1 con 210 votos, que competirán sumados contra lo que sumen los candidatos del equipo 2 o del equipo 3.

El adversario interno, jugando para el equipo al 100 por ciento. Todos los votos se vuelcan al rival interno, de allí que el sistema encuentre el espíritu de su aplicación en la suma de las diversidades en las internas. En el sentido tomatodo de la perinola: el que gana por uno se lleva prestados todos los demás. Lo dicho, rivales y socios al mismo tiempo. Motivo éste justamente de la crítica opositora y su posible apelación judicial: si no se está ante un voto indirecto, que a su criterio altere el sentido de esa expresión.

Es la interna y la general al mismo tiempo, en respuesta a las quejas razonables de la ciudadanía con las Paso que eran dos turnos distintos, dos elecciones distintas, días distintos, presupuestos distintos. Más aún, cuando las internas a resolver en Paso se muñequeaban de tal manera que en muchas ocasiones se vaciaban de contenido, sin nada que definir. En respuesta también a los reclamos de establecer un mecanismo participativo. Si algo tiene éste, participativo al mango, casi demasiado, como atestiguarán las (muchas) boletas desplegadas en el cuarto escuro.

Aparece como certeza una nomenclatura nueva: en lugar de lemas serán agrupaciones; en lugar de sublemas, subagrupaciones. La intención inconfesa de escaparle a la mala aureola de la ley de lemas, un sistema al que pudo cuestionársele la multiplicación infinita de boletas y su consecuente dificultad en el conteo.

Y que en el oficialismo lleva a pronosticar algunos nubarrones en el debate político por el formato, extensibles a la campaña, aunque en realidad no parece que la instauración del nuevo sistema depare daños significativos en la cuenta electoral. A la gente parece importarle poco el sistema, sí le importan las molestias y los recursos. Y ese mecanismo ahorra recursos y molestias.

Las presunciones

Sujetas a depuración, se parte suponiendo que es lo más conveniente para el oficialismo y por consecuencia lo menos atractivo a la oposición. El cuartel oficial perdió 4 valiosos meses: ya en una nota de marzo de este año y en esta misma columna se hablaba del sistema de lemas como el de mayor utilidad para el espacio, que chocó ese tiempo con un núcleo duro del entorno político del gobernador que demoró en convencerse. Si es que se convenció.

Que no ofrece garantía de triunfo, menos como están las cosas. Sí, es el que más competitivo lo convierte. Aunque aún quedan atravesar varios obstáculos, internos y externos.

Entre los primeros, no sólo se anota el giojismo. Que es el espacio que acudió a Tribunales contra la eliminación de las Paso y con el que más tarde o más temprano hubo de acordar. Entre ambos trazaron los garabatos del primer proyecto presentado, será perfectible en el recinto.

Pero también hubo algún obstáculo en el bloquismo, socio especial del FdT. Que se sumó a los cuestionamientos internos por la manera en que se distribuirían las bancas de diputados y concejales y durante toda la semana que termina no pronunció en voz alta un apoyo incondicional al sistema. Incluso, el jefe de la bancada, Andrés Chanampa, se encargó en persona de expresar esa distancia. Que algunos sectores del uñaquismo interpretaron como un desaire, tratándose de Chanampa un íntimo del entorno.

El problema con el bloquismo es similar al de otros partidos minoritarios del FdT: qué método establecer para facilitar el acceso de los perdedores en las listas de concejales y diputados. Porque el proyecto fija un sistema proporcional para intercalar por sistema D´Hont, pero pone un piso alto para subirse a esa repartija: el 20% de los votos del frente.

Sólo los que rebalsen ese porcentaje podrán colar concejales, lo que hace pensar en el Bloquismo que salvo en dos o tres departamentos, le será muy difícil llegar a ese nivel. Incluido en Capital, donde muchos cacarean pero está por verse quién se sube. Ni hablar en Chimbas, la tierra de Chanampa, en la que un 20% aparece lejano. En el caso en que el Bloquismo arme lista propia, porque otra opción es ir intercalados con los peronistas –como hasta ahora- y santo remedio.

Se les oponen los intendentes peronistas, que no quieren ceder espacios en los Concejos a dirigentes prestados, a riesgo de ganar y tener que enfrentar un legislativo sin manos propias. Igual, para ellos es una preocupación posterior. Primero deben ganar.

Se discutirá en el recinto, tanto ese piso del 20% como la propia ley. Donde ha quedado clara la actitud de ataque frontal al nuevo sistema de parte la oposición, que el día 1 ya utilizó sus principales espadas nacionales para subir el tono: Macri, Larreta y Bullrich salieron a expresarse fuerte contra la ley de Lemas. No pone en jaque su aprobación si hay acuerdo en todas las variantes del oficialismo, como parece que la hay, frente a los apenas 8 opositores. Servirá en cambio como estilete de campaña.

Mientras le buscan el agujero a la sortija, apareció un especialista en el tema. Alfredo Avelín Nollens dio aquel recordado batacazo en 1999 en Capital contra tres poderosos sublemas peronistas: Daniel Coll, Nélida Martín (ministra de Economía) y Roberto Basualdo. Los desbordó en votos a los tres juntos y el martes pasado en Paren Las Rotativas confesó su fórmula: había participado sin suerte en el mismo sistema en 1995 y para el siguiente turno comprendió lo que debía hacer. Armó casi 20 listas de concejales propias, “a algunos ni los conocía”, recordó

Moraleja 1: empapeló el cuarto oscuro con boletas, nadie se lo recriminó sino al contrario, le sirvió para ganar. Moraleja 2: ningún sistema es garantía de triunfo, lo había armado Escobar para no dejar dudas pero no frenó el evidente desgaste político, el nacional y el propio. Moraleja 3: recibió un Concejo Deliberante con todas manos prestadas, y sumó como primera espada al único que le había sumado unos pocos votos, el radical Nito Falcón.

Aprender a jugar a este juego nuevo, de eso se trata. Un desafío nada fácil: saber encontrar al diferente y evitar la lógica insulsa del pan con pan.

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