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Privados de libertad: la violencia institucional – Por Santiago Salinas, psicólogo, especialista en criminología

Por Redacción Tiempo de San Juan

Existe consenso en cuanto a que desde el ámbito penitenciario se está expuesto  a situaciones  que  vulneran   los  derechos  humanos  de  los  detenidos,  pero  que también afectan al personal administrativo, técnico y de seguridad que trabaja en este ámbito.

Quizás  quien  no  haya  tenido  nunca   la  oportunidad  de  ingresar a una cárcel desconozca  los peculiares detalles que la convierten  en una dura realidad cuya naturaleza escapa a los modelos habituales de convivencia. Las  personas  que  allí  se  alojan  (internos)  no  se  encuentran  por  decisión  propia, sino que están custodiadas  en un lugar al que ellas  mismas no eligieron pertenecer. 

No  es  raro  entonces  que  la  permanencia  forzada  en  este  particular  hábitat  desarrolle en la personalidad de los encarcelados una actitud de resistencia  que se expresa  de modos muy diferentes, pero que en el fondo, refleja  siempre su disgusto,  su  oposición,  y  en  la  mayor  parte  de  los  casos,  una  sorda  y  latente  agresividad  que si  se  expresa en violencia manifiesta, deberá ser necesariamente contenida  por  su contraparte: los integrantes del cuerpo.  Los patrones  de  conducta  que expresan esa agresividad pueden traducirse en  una sumisión  casi  servil  que habitualmente encubre sentimientos como la agresión contenida o el desprecio más absoluto y que ante el menor resquicio se puede desbordar, con ribetes  de   hostilidad  que  son  experimentados  por  sus  opuestos  como  una traición anunciada.
En  otros  casos,  la  relación  del  individuo  encarcelado  y  el  sistema  colisionan  desde  un principio  y  entonces uno  se  encuentra   ante  un  interno  díscolo  y  hostil  que  nunca  está satisfecho y siempre demanda y se queja.

Y  entre  uno  y  otro  extremo  de estos ejemplos  expuestos se  encuentran una  infinidad  de modelos  de  conducta  que  desarrollan  los  detenidos  para  sobrellevar  su  difícil  condición, pero  casi  todos  ellos  con  un  común  denominador: la  reacción  impulsiva.

Por otra parte, la  violencia  institucional  siempre  está  latente  en  cualquier  dependencia  de  la  cárcel,  y cuando  se  manifiesta  lo  hace  de  la  forma  más  intempestiva  y  cuando  uno  menos  se  la espera.  Sin  discusión, la  cárcel  es  la  columna  vertebral  relacional  que  genera muchos   tipos  de  vínculos  violentos que podrían sintetizarse  en  dos  básicos:  el  hecho  violento  propiamente  dicho  (peleas  con  armas  blancas,  castigos verbales y/o físicos a otros internos, abusos etc.) o una suerte de contienda representativa  del  caudal  de  violencia  que  se va acumulando paulatinamente y que recae en los protagonistas más cercanos.
 


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