Eusebio Dojorti, militante y periodista - Por Carlos Semorile

viernes, 15 de junio de 2012 · 20:28

Eusebio Dojorti, o Buenaventura Luna, hace su ingreso de adulto joven al periodismo desde la militancia y al servicio de una causa. Que era, justamente, “La Causa” a la que se refería Hipólito Yrigoyen cuando llamaba a combatir al “Régimen” oligárquico; es decir: la posibilidad de que las grandes mayorías argentinas pudieran ejercer sus derechos políticos. En las provincias cuyanas de Mendoza y San Juan este proceso tuvo sus propias características y asimismo sus propios líderes, cuyos “logros sociales sobrepasaron las moderadas ambiciones del Partido Radical a nivel nacional” (en Lencinas y Cantoni -El populismo cuyano en tiempos de Yrigoyen-, de Celso Rodríguez). La magnitud de estos logros sociales (que los hermanos Cantoni impulsaron en San Juan todavía con mayor profundidad que los mendocinos Lencinas, padre e hijo), fue lo que sedujo a Eusebio y lo acercó, primero, a las lecturas necesarias como para poder sentarse de igual a igual en las tertulias de la vida intelectual de la ciudad, lo que equivale a decir en la vida política de la capital sanjuanina. El Eusebio Dojorti que comienza a escribir en los periódicos bloquistas es, pues, un militante que lucha contra el conservadurismo que, desde la oposición, llegará a extremos inusitados de violencia simbólica a través de la prensa escrita. Por citar solo un par de ejemplos: desde Buenos Aires el diario La Prensa decía que el cantonismo era una mezcla de “prepotencia caudillesca y populachera exaltación”, y en la propia San Juan el diario La Época denostaba constantemente a Federico Cantoni  y a su movimiento: “desborde de barbarie, iracundia salvaje, personaje de toldería, sátrapa, gobierno bárbaro y barbarizante, comunismo semigaucho, oficialismo mazorquero”. En ese clima de hostigamiento permanente, pero también de absoluta libertad de prensa, Eusebio Dojorti irá formándose como redactor de La Reforma y Debates, desde los cuales se respondían las críticas: “La Reforma ridiculizó a La Nación y La Prensa porque informaban a sus lectores sobre la situación industrial en Vladivostok o sobre la muerte de tres chinos en Shanghai a causa de una peste (…) Era más imperativo y relevante, sostenía La Reforma, informar acerca de la situación económica y social en el interior del país que publicar un detallado informe sobre el costo de vida en Nueva Zelandia”. Son justamente este tipo de comentarios los que implican un debate amplio sobre el rol profundo del periodismo, su papel como ocultador o como formador, y es en medio de esa fuerte disputa política que Dojorti se forja como militante y periodista, es decir, como un periodista que tiene una opinión y no la oculta detrás de la habitual mascarada de imparcialidad y objetividad. O de “periodismo independiente”, como dice el “slogan” del Monopolio por estos agitados días que preludian su caída. Para cerrar, digamos simplemente que Eusebio Dojorti siguió ejerciendo el periodismo casi hasta el final de sus días, publicando en medios locales y nacionales de Argentina y Chile. El hecho de que sus artículos aparecieran bajo el seudónimo de Buenaventura Luna no cambia lo esencial: su palabra seguía estando al servicio de una idea, y esa causa fue, como siempre, la de “la chusma de alpargata”.

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