recuerdos sanjuaninos

Aquella vigilia de Radio Nacional en la Semana Santa de 1987

El director de la revista Miningpress, Daniel Bosque, recuerda como se vivieron desde Radio Nacional San Juan, donde era periodista, los sucesos de la Semana Santa de 1987.
jueves, 05 de abril de 2012 · 12:56

“Zurdos de mierda, los vamos a matar a todos”, se escuchó la voz seca, con acento porteño, por el viejo teléfono negro de Entel de la desvencijada emisora. La amenaza tenía su razón de ser, Radio Nacional San Juan, a la que con picardía Leopoldo Bravo llamaba “Radio Nicaragua”, no paraba de informar sobre la sublevación carapintada. Los embetunados se habían rebelado en Córdoba contra sus mandos naturales, comenzando por Polo y el “Nabo” Barreiro en Còrdoba a los que luego había seguido el que sería el más famoso de todos, Aldo Rico, desde Campo de Mayo.

Quien escuchó el apriete telefónico de “los servicios” fue el que suscribe, recién llegado LRA 23 como columnista de Radio Abierta, programa bastante escuchado por las polémicas entre sus conductores, Ricardo Olivera y Daniel Illanes con Bravo y el bloquismo gobernante. Nada que ver con los tiempos actuales en los medios gubernamentales; no había presupuesto y este periodista había sido contratado como músico de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Radio Nacional (violinista), un ardid de los radicales para reasignar pobres partidas.

La movida militar avanzaba y redoblaba la apuesta: “no queremos juicios ni revisión de nada de lo actuado en la lucha contra la subversión”, decía desafiante Rico desde su cara embetunada que entonces no adivinaba que terminaría siendo, 25 años después, un aliado K. No había internet ni celulares, pero las instrucciones “de la Coordinadora” a las filiales de Radio Nacional no tardaron en venir desde Buenos Aires: mantengan la programación habitual y esperen novedades. La “programación habitual” era pasar música clásica toda la bendita Semana Santa, una versión más light de la música sacra que propalaba, por ejemplo, la bendita Radio Colón.

El joven José Podda, director de aquella filial sanjuanina, decidió romper con el molde y transmitir, con su gente, la defensa de la democracia en San Juan. Los periodistas fuimos a la radio y por ahí apareció el “Nunca más” de la CONADEP que narraba las tropelías de los sublevados, en particular de Barreiro, mandamás de La Perla en Córdoba donde murieron unas 2.000 personas, el libro de denuncias de crímenes de la Dictadura que había editado en España el recientemente fallecido Eduardo Luis Duhalde. Y progresivamente, decenas de testimonios, racionales y emotivos, de los oyentes que querían dar su mensaje. Muchos iban a los estudios de la radio en el edificio del Correo a expresar su adhesión. Los más solidarios les llevaban comidas y bebidas a los maratónicos informadores. Con el correr de las horas, la vigilia en la modesta Radio Nacional, comenzó a sintonizar con otras más notables en Buenos Aires y con el progreso del movimiento ciudadano en defensa de la democracia en diversas latitudes del país.

No había entonces en San Juan este abanico inmenso de FM y la Radio Nacional competía, como tercera en las grilla, con las históricas Radio Colón y Radio Sarmiento. “Por favor, déjense de joder y vuelvan a pasar música”, imploraba un vocero del bloquismo, cuyo gobernador, Ruiz Aguilar, continuaba desaparecido en las Termas de Pismanta. Ya era tarde, la emisora se había quedado con el 100% de la audiencia y hacia el sábado, resignadas, las otras emisoras dejaron la música y comenzaron a informar sobre el conflicto cívico-militar.

Todo el circuito informativo era más precario, comparado con los medios de hoy. Por eso nadie sabía a ciencia cierta donde estaban las tropas del general Alais que avanzaban contando baldosas desde Entre Ríos, para reprimir a Rico y compañía.

El domingo, en el cenit del conflicto, con miles de argentinos movilizados y los políticos negociando con los militares, la montó un acto en el que 5.000 sanjuaninos reivindicaron la democracia. “Radio Nacional, Radio Nacional” coreaban los manifestantes y en el palco Jorge Méndez, Cecilia Yornet, Carlos Romera y otros colegas se abrazaban emocionados por el afecto de su público.

Poco después de esa matutina demostración cuyana se produciría lo que hoy recuerda la historia nacional. “Felices Pascuas”, “La casa está en orden” de Alfonsín y las leyes de Obediencia Debida y Punto Final que reflejaron lo que era la relación de fuerzas de entonces. Sólo las juntas militares quedarían prisioneras (luego serían absueltas por los albores menemistas, en un indulto que habría sido vendido al mejor postor).

El radicalismo de San Juan no supo aprovechar el envión y el desubique bloquista y esa primavera la dupla Seguí-Moragues no pudo derrotar a Carlos Gómez Centurión. Pero esa es otra historia. Para un grupo de noveles periodistas y para sus fieles oyentes de aquellos días, siempre quedará el recuerdo de aquella vigilia que a muchos sanjuaninos los llevó a cambiar de dial.

 

Comentarios