Quienes tuvieron el gusto de disfrutarlo en vida como yo, habrán podido paladear mucho más que la sabiduría de un viejo conocedor del periodismo. Su charla, la magia de su entrecasa, las sobremesas salpicadas de vinos y anécdotas, su arte de contar, su puntería para descubrir el foco de interés. Su vocación por pelear con respeto sobre la virtudes de los vinos mendocinos aún jugando de visitante, sabiendo que no era otra cosa que el disparador de una nueva conversación plagada de matices. Eso era lo que le gustaba. Ese era Gabriel Bustos Herrera, el “Gallego”.
miércoles 1 de abril 2026



