análisis

Atrapado sin salida

El historiador Edgardo Mendoza analiza para Tiempo de San Juan la situación que enfrenta Mariano Rajoy, recientemente electo presidente español por el Partido Popular.
lunes, 21 de noviembre de 2011 · 21:28

Esa es la situación en la que se encuentra Mariano Rajoy el líder del Partido Popular (PP),  que viene de obtener un triunfo histórico en las elecciones  españolas del pasado domingo. Nunca desde la llegada de la democracia  en 1977, la derecha había obtenido un triunfo tan contundente, esto le permitirá tener una mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y poder aprobar sin ningún inconveniente todas las leyes que desee o necesite. “Gobernaré al servicio de España y de los españoles”, dijo Rajoy la noche del triunfo, debería haber agregado  que también lo hará antes que nada al servicio de Ángela Merkel la poderosa mandamás de Alemania que tiene la riendas económicas de la Unidad Europea y de su moneda el euro.

Las deudas de España son tan colosales y los recursos para pagarlas tan escasos, que  solo que se vislumbra para adelante hacer economías y ajustes cada vez más terribles. Ya no para pagar las deudas sino para contraer nuevos préstamos con que pagar las que llegan a vencimiento. Como muchas de estas deudas son con bancos alemanes, de allí la presión de Merkel para ajustar y poder ir tirando para adelante. España ya tiene 5 millones de desocupados, una economía que está estancada  que entrara francamente en recesión si se persiste con lo de los ajustes.  Con lo que las posibilidades de pagar las deudas será cada vez más difícil hasta hacerse imposible y caer lisa y llanamente en la bancarrota. Así lo han entendido “los mercados”, es decir el gran mundo de las finanzas que saludo el lunes el triunfo del PP con una caída de los valores bursátiles del 3,48% y con un aumento en los intereses que España debe pagar para obtener dinero a fin de pagar las deudas que tiene.

Rajoy deberá hacer ajustes en todo el entramado económico, con lo que el tejido social se debilitará y traerá muchos pesares a infinidad de españoles. Pero también deberá poner en caja a los gobiernos autonómicos, cosa que le fue imposible al Partido Socialista, y esto será motivo de nuevos y muy arduos problemas. Precisamente el PP ha perdido las elecciones en Cataluña y en el País Vasco, allí han ganado los autonomistas en el primer caso y los independentistas en el segundo. Los catalanes de CIU se han impuesto con el programa de que ellos no autorizaran nuevos recortes en su región y además comienza a imponerse la idea de que el gobierno central que presidirá Rajoy deberá firmar un nuevo pacto fiscal que establezca un tope a los recursos que desde Cataluña se transfieran al resto de España. Con lo que están diciendo que ellos no están dispuestos a pagar los déficits o necesidades de gallegos, andaluces o castellanos.

En el País Vasco la situación es mucho más complicada y hasta puede volverse dramática. Durante décadas existió allí la ETA, una organización guerrillera que no vaciló en llevar adelante actos terroristas muy crueles en su afán de luchar por la completa independencia de los vascos. Hace unas semanas atrás decidieron deponer las armas y seguir luchando por sus principios pero con métodos pacíficos. Volcaron todos sus militantes y simpatizantes a la participación electoral y en unión con otros grupos políticos constituyeron la agrupación Amaiur, el  domingo obtuvieron un triunfo espectacular. En número de diputados se impusieron al tradicional PNV, el partido vasco moderado, quien ahora esta atrás de los independentistas.

Amaiur tendrá siete diputados en el orden nacional, lo que les permitirá formar bloque propio, y no será de extrañar que pronto hagan en el exterior un homenaje a los guerrilleros de ETA que permanecen presos. Hay que entender que los independentistas entienden por exterior a Madrid donde está la sede del parlamento para el cual han sido elegidos.  La idea de la independencia del País Vasco se vende como pan caliente, y suena con fuerza el argumento de por qué una economía productiva como la de ellos deberá hacerse cargo de las deudas contraídas por el estado español.
Difícil, muy difícil la situación con la que tendrá que lidiar Mariano Rajoy, su política no solo puede destruir un tejido social ya fragilizado por la precariedad y el desempleo sino que corre el riego de poner en jaque la existencia misma de la estructura nacional española.

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