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Murió a los 86 años la actriz Haydée Padilla

Conocida por su personaje de La Chona, tenía un largo recorrido en radio, cine y televisión

Por Redacción Tiempo de San Juan

Haydée Padilla, reconocida actriz con una destacada trayectoria en cine, teatro, radio y televisión, murió la madrugada de este miércoles en la ciudad de Mar del Plata. Su personaje de “La Chona” le otorgó una gran popularidad, con el que será recordada por siempre. La noticia la dio a conocer la Asociación Argentina de Actores mediante un comunicado en sus redes oficiales.

Con toda una vida ligada a la actuación, su último trabajo fue en el escenario de la Botica del Ángel para el espectáculo Una noche en el café concert, junto a Alejandro Veroutis. Fue un homenaje a las mujeres del espectáculo en el que se fue ovacionada como tantas veces a lo largo de su carrera.

Hija de andaluces, Haydée había nacido el 15 de noviembre de 1936 y pasó su infancia en el microcentro, en un departamento de la calle Viamonte en la que no había registros actorales pero sí una exageración costumbrista que le iba a dar letra para su gran creación. Su otra formación inicial, igualmente autodidacta, fue la calle, en el más amplio sentido del término. Con un grupo de amigos, pasaba las horas en la Plaza San Martín. A su madre mucho no le gustaba que la joven anduviera sola por ahí, y le recomendó que fuera a ver qué era eso que se estaba construyendo a la vuelta de su casa. Allí, donde decían que se iba a levantar un nuevo teatro.

La adolescente vio luz, entró y nada fue igual. Allí, Onofre Lovero ponía la piedra fundacional de Los Independientes, un espacio teatral que enseguida asumió como su segundo hogar. “Y la verdad es que hacíamos de todo: estudiábamos, entrenábamos, estábamos en la boletería. Ése era el espíritu del teatro independiente, una disciplina muy férrea”, destacó sobre lo que fue el germen del Teatro Payró. Acá sí, los padres no objetaron demasiado, la veían a salvo de la geografía urbana del bajo porteño de los ‘50, de oficinistas de día y malandras y prostitutas al caer la noche.

Por entonces sintió que había llegado la hora de dar forma a todo eso que andaba dando vueltas. Su primer flechazo académico lo tuvo con la danza y estudió en el Conservatorio Nacional. Allí conoció a la estudiante María Estela Martínez, con quien entabló una gran amistad que se mantuvo a lo largo de los años, aún cuando una se convirtió en la tercera esposa de Juan Domingo Perón y la otra se hizo famosa como La Chona. Fue Haydée la que organizó a mediados de los ‘70 un encuentro en Olivos del que participaron un grupo de actrices de todas las épocas, desde Susana Giménez y Soledad Silveyra a Tania y Pierina Dealessi.

Pero el gran amor de su vida fue el teatro. Desde su primer trabajo en Pelo de zanahoria, de Jules Renard, sirvió de trampolín para un recorrido en el que paseó por todas las disciplinas y todos los formatos; de los dramas de los autores clásicos hasta la revista y la comedia picaresca de los capocómicos de la calle Corrientes. Y cuando ya andaba cerca de los 30 empezó de manera inconsciente a dar forma a su leyenda.

La Chona no tiene fecha de nacimiento, aunque sí lugar: el teatro. ¿En qué otro ámbito podía surgir? Entre bambalinas y camarines, Haydée jugaba a improvisar desde el absurdo. En ese imaginario estaban las desventuras de las amas de casa de la época, un concepto que hoy resulta obsoleto, pero en aquel momento desarrollista se encontraba en esplendor. Se reproducía en revistas especializadas y en programas de televisión, y las mujeres no parecían tener otro lugar para destacarse laboralmente que en el propio hogar.

En ese panorama, el grotesco era la letra y la música de sus palabras que describían las situaciones más disparatadas. En la vida de quien iba a ser Chona, había un marido de ficción -próximamente, El Hétor-, de oficio camionero, que escuchaba estoico las desventuras de su esposa y que cumplía los requisitos del macho argentino. Había una cuñada, algo tilinga y con visos de grandeza, que vivía en un barrio privado, ideal para sacarle el cuero. Una Doña Rosa al decir de Bernardo Neustadt, pero de claro perfil suburbano: “La Chona era un yo auxiliar, tomado del modelo de las señoras de Lanús (que lo digo con todo amor); personas que no habían ido nunca al teatro y hablaban de lo cotidiano con una brutalidad enternecedora”.

Fuente: Infobae

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