La cantante encantadora. Belén Ramet transmite en persona lindas vibras, pero cuando enciende su voz en un escenario la magia se multiplica y genera vuelos insospechadamente bellos en el público.
Belén Ramet, un ser de luz musical
El tango últimamente se erige como el género preponderante en su vida artística, pero el talento natural (y perfeccionado) que tiene la da licencia libre para moverse por otros universos musicales. En el ciclo ‘Media Hora Entre Preguntas’, esta cordobesa recontra sanjuanina se prodigó en repasar el camino recorrido sin perder de vista los proyectos que la esperan a la vuelta de la esquina.
-A la hora de presentarte, ¿preferís cantante, música, artista…?
-Yo prefiero cantante y después, si tiene que ser una palabra más abarcativa, ahí sí artista porque hago otras cosas además de cantar.
-A ver, contame.
-Por ejemplo, la mayoría de las puestas en escena en mis presentaciones están pensadas por mí. También pienso mucho en la iluminación, el vestuario. También soy productora y hace un tiempo que empecé a componer y ando con ganas de ya comenzar a mostrarlo. Quien te dice que en el 2024 te cante una canción escrita por mí.
-Ya tenés tarea para el 2024, pero en este 2023 también has tenido lindos momentos como cantar en la casa donde pasó sus últimos días el General San Martín.
-Sí, nunca en mi vida pensé iba a estar ahí. Fue hermoso eso que vivimos junto a Juli Romero, mi compañera de dúo. Fuimos a hacer un concierto precioso. Hicimos uno en París y otro en la casa del General San Martín en Boulogne Sur Mer. Fue muy fuerte para mí tomar conciencia que estaba pisando sobre los paso del General.
-Antes de estar oportunidad, ¿San Martín ya era tu prócer preferido?
-Sí, lo era. Yo ya iba muy emocionada al saber que conocería su casa. Y después cuando estás ahí empezás a ver muchas cosas más. A una cuadra está la iglesia en la que él iba a misa. Había dos cerca: una era la Catedral, donde iba la gente pudiente, y otra más humilde, donde iba la gente pobre, y esa eligió San Martín. Siempre sus elecciones eran por la simpleza, por la humildad, por la no ostentación. Y en estos tiempos electorales en los que estamos, yo me tomo de esas figuras ejemplares. Ahí están los ejemplos que tenemos que buscar.
-Te meto un ratito en el ambiente futbolero, vos te presentante en Francia, nuestros rival en la Copa Mundial que ganamos. ¿Te hicieron algún comentario al respeto?
-Había gente que se notaba que quería a Messi, pero se notaba la pica de la final. Pero la anécdota más mundialista la tuve en Nueva York. La verdad que lo que no viajé en toda mi vida, lo viajé este año. Volviendo de Europa, fui a Nueva York, que tengo que decir que es más caro que París. Bueno, el tema es que a mí me gusta la fruta fresca y me hice amiga de un verdulero que era de… ¡Bangladesh! Me daba yapa. Él me decía ‘nosotros somos el país que hinchó por Argentina en el Mundial. ¡Messi, Messi!’. Me lo decía en un inglés muy particular. Cada vez que compraba la fruta del día, él me daba algo más. Un amor.
-¿Y qué tal la experiencia como aprendiz en Nueva York?
-Fue muy linda. Fue una formación apuntada a los cantantes profesionales en la que teníamos ‘coaches’ que son todos de Broadway. Ahí pude aprender dos técnicas nuevas de canto que me atrevería a decir que en Argentina no se conoce. Me vine con una mochila llena de cosas nuevas con las que estoy trabajando en estos días, en un tiempo de verán los resultados.
-Y no terminaste de desarmar las valijas y ya estás metida de nuevo en una presentación con Juli.
-Sí, es el último concierto que hacemos en el año. Es el 6 de octubre, a las 21.30 horas en el Cine Teatro Municipal. Es también con Piazzolla como protagonista, pero con una apuesta diferente a la anterior que hicimos. Hay cambio de vestuario, hay más coreografía.
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