Evocando

Héctor Alterio develó la génesis de la recordada frase “La puta que vale la pena estar vivo”

El actor de 89 años contó cómo se originó la recordada escena de la película “Caballos salvajes”.
sábado, 09 de febrero de 2019 · 17:40

En la escena más recordada de la película Caballos salvajes (1995), José, el personaje que interpreta Héctor Alterio, tras liberar varios equinos baila en una playa al ritmo de un vals y grita: "La puta que vale la pena estar vivo". Veinticuatro años después, el actor contó cómo se originó aquella escena histórica del cine argentino.

Antes de volver a los escenarios, el próximo 15 de febrero en el Teatro Zorrilla de Valladolid para realizar Como hace 3.000 años, la obra que homenajea al poeta español León Felipe en el 50 aniversario de su muerte, Alterio le brindó una entrevista a Radio Nacional para el programa Modo Sábado, que conducen Tatiana Schapiro y Horacio Marmurek.

En la misma, el prestigioso actor de 89 años contó en detalle cómo fue que nació la original frase "La puta que vale la pena estar vivo", que lo acompaña desde que filmó Caballos Salvajes, en 1995. "Bueno, resulta que al director, Marcelo Piñeiro, se le ocurre llamarla a Aida Bortnik, gran autora,  porque le faltaba cerrar una secuencia. En esa conversación, le contó dónde estábamos filmando. Fue algo así: 'Estamos sobre un monte en el medio de un campo y el personaje de Héctor está solo'. Y así, le fue contando casi detalladamente lo que pasaba en cada escena. Fue entonces ahí que ella se inspiró: 'Decile a Héctor que su personaje diga 'la puta que vale la pena estar vivo'. Sin dudarlo, lo agregó el director y yo después lo dije con todas mis ganas...”, contó Héctor.

Leonardo Sbaraglia y Héctor Alterio, protagonistas de Caballos Salvajes (1995).

Leonardo Sbaraglia y Héctor Alterio, protagonistas de Caballos Salvajes (1995).

Y luego reveló la sorpresa que le genera hasta el día de hoy el impacto de aquella actuación suya en ese filme: “No me imaginé que iba a pegar así, han pasado muchísimos años y siempre hay alguien que me grita en la calle y, aunque yo no lo veo, los escucho”. 

El actor, a sus 89 años, está más vigente que nunca y contó que no piensa abandonar su trabajo de actor: “No tengo otra alternativa, todavía me puedo manejar por mí mismo, puedo memorizar, me entretiene… vivo de eso y de una pequeña jubilación que me han dado, pero no me sirve para nada. Yo necesito seguir trabajando… económicamente y espiritualmente”.

Leonardo Sbaraglia y Héctor Alterio, protagonistas de Caballos Salvajes (1995)

Leonardo Sbaraglia y Héctor Alterio, protagonistas de Caballos Salvajes (1995)

Alterio volverá a subirse a un escenario el viernes 15 de febrero, con la obra 3.000 años. Este proyecto es la culminación de un deseo personal de Héctor por interpretar una selección de textos que resaltan la manifestación de unos sentimientos compartidos entre el autor y el intérprete, coincidencias que existen debido a la implicación emocional del actor argentino con el espectáculo.

El actor argentino debutó en 1948 protagonizando Prohibido suicidarse en primavera. Se erigió renovador de la escena argentina de los '60 creando la compañía Nuevo Teatro, que funcionó a pleno hasta 1968. Trabajó en teatro y televisión, pero se hizo famoso por sus trabajos en el cine, que empezaron en 1965 con Todo sol es amargo.

En 1975, durante su estancia en España, fue amenazado de muerte por la Triple A, por lo que decide no regresar a su país. Desde entonces participó en numerosas producciones españolas, algunas tan memorables como A un Dios desconocido (1977), con la que obtuvo el premio al Mejor Actor en el Festival de San Sebastián; El crimen de Cuenca (1979), o El nido (1980), película nominada al Oscar y premio al Mejor Actor de la Asociación de Cronistas de Nueva York.

No dejó de participar en películas de su país, siendo protagonista en cuatro de las primeras películas de la Argentina que llegaron a ser candidatas al Oscar: La tregua (1974), Camila (1984), La historia oficial (1985), ganadora del premio de la Academia de Hollywood, y El hijo de la novia (2001).

Fuente: Clarín

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