Beatriz Salomón

La Turca, más fuerte que nunca

La sanjuanina más famosa se repone tras pasar los momentos más duros de su vida, con la muerte de su hermana Isabel y los resabios del escándalo de la cámara oculta a su ex marido. Recuerda sus momentos en San Juan y cuenta inolvidables perlitas sobre sus épocas de “Chica Olmedo”. Por Miriam Walter.
domingo, 23 de marzo de 2014 · 11:17

Por Miriam Walter

“Estoy reencaminándome y tratando de volver a ser la que fui, estoy segura de que voy a volver a ocupar el lugar que me corresponde y que me sacaron, me censuraron y ahora podría estar a la par de Moria Casán. Me arruinaron la vida privada, la plata, mi carrera, todo. Mucha gente me apoyó pero, de trabajo, muy poco”. Recién llegada de hacer temporada en Mar del Plata y con varios proyectos por delante, la actriz y modelo sanjuanina Beatriz Salomón resurge después de duros momentos tras la muerte de su hermana Isabel en octubre pasado y tratando de dejar atrás los estigmas de la cámara oculta que en 2004 terminó con su matrimonio con el cirujano plástico Alberto Ferriols. La ex vedette se queja de que no la invitan a la Fiesta del Sol.

“He pasado momentos muy duros. Para mí si bien es cierto que mamá se fue hace dos años, ella tenía 83 y uno asume que vivió mucho tiempo, vivió una vida, pero lo de Isabel es muy tremendo, muy irreparable, era más chica que yo, dejó en su momento un hijo de 10 años, la necesitaba mucho, y tenía mucho por hacer, la extrañamos mucho. Era demasiado joven para morir”, dice dolida sobre su hermana, quien falleció el 18 de octubre último a los 50 años, tras padecer una enfermedad degenerativa y terminal.

“Yo sigo adelante, tratando de ser mamá y papá. Con mi ex no tengo ningún tipo de diálogo porque no me interesa hablar con él, mis hijas lo visitaban pero hace un tiempo ellas decidieron no visitarlo hasta nuevo aviso. Conmigo son felices, les gusta vivir conmigo”, asegura sobre sus hijas Noelia (12) y Bettina (10). “Trato de ser una buena madre, tengo una asistente que me ayuda hace 10 años, tratando de sobrevivir en esta Argentina donde los sueldos son magros y las cosas carísimas. He pasado épocas muy difíciles en lo económico, pero yo tengo una fuerza interior que siempre trato de salir adelante y de creer en mí, tratar de que todo lo negativo se convierta en positivo, sobre todo porque mis hijas me necesitan, son nenas todavía, vivo para ellas”, apunta.

Beatriz cuenta que “Estoy programando qué voy a hacer este invierno, si no me llama un productor, trato yo de producir algo, así que estoy en eso. Seguramente voy a hacer teatro porque la televisión no me interesa mucho, está muy bastardeada y yo no estoy para estas pelotudeces que se hacen ahora en la televisión. Tampoco me han llamado. Hasta que no termine este maldito juicio que lleva 9 años contra Mario Pergolini, Diego Guebel, Jorge Rial y Luis Ventura, que fueron los que destrozaron mi matrimonio y mi carrera en su momento, porque estoy prohibida en ciertos canales, me bajan las publicidades, me hacen mucho daño. Pero tiempo al tiempo, en algún momento eso también pasará”.

La sanjuanina vive donde siempre, en un departamento en Pacheco de Melo entre Austria y Agüero, en Barrio Norte de Capital Federal. A su provincia viene de vez en cuando. La última vez fue en 2013, cuando fue la madrina de la Fiesta Nacional Gay del Sol. “Cada vez que viajo a San Juan voy a ver a mis primas que son todas divinas, hermosas, y les mando un beso grandote. Tengo un montón de familia allá, tías, tíos, cuando voy trato de estar una semana para visitar a los parientes, sino no me da el tiempo. Tengo alguna gente amiga pero fueron cambiando los teléfonos, por Face me escribo con algunas chicas con las que trabajaba en el Banco”, dice.

Recuerdos de provincia
“Ya perdí la cuenta de cuántos años hace que me fui de San Juan”, reflexiona. Nació en octubre de 1953, siendo la mayor de cuatro hermanos de una familia descendiente de sirios. “Yo vivía en la calle Cereceto cerca de la palmera de dos brazos y los últimos tiempos en la Villa América. Ahí tenía amigas, fui a la escuela Normal Sarmiento. De chiquita tenía una amiga que se llama Dorita Vila, me acuerdo que pasábamos buenos momentos con las vecinitas, jugábamos en la placita, íbamos al cine, dábamos la vuelta del perro como se dice, cosas simples. Recuerdo el olor a las glicinas en San Juan que me encantaba”, recuerda.

El padre de Beatriz trabajaba en el Banco San Juan y su madre fue siempre ama de casa: “En la casa donde vivíamos mamá se encargaba de plantar tomates, lechugas, espinacas, teníamos un horno de barro donde mamá hacía todo artesanal, a fin de año papá y mamá carneaban un cerdo o un chivo”, dice.

Salomón recuerda sus inicios como modelo en su provincia: “Trabajé ad honorem para LALCEC, tenía como 17 años. Yo tenía la ilusión de crecer como mujer. Si bien es cierto que trabajé en un bazar, en una zapatería y en un banco, el techo para una mujer en ese entonces era ser una cajera como yo en el Banco Agrario, los grandes cargos los ocupaban los hombres. Y una vez me presenté a un concurso de belleza que fue Miss San Juan y de ahí me vine a Buenos Aires para Miss Argentina que salí primera princesa y de ahí se empezaron a dar las cosas”, resume. “A Isabel la metí en todo lo que me gustaba hacer, después se enamoró, tuvo su hijo y se dedicó a la familia”, dice. Luego se llevó al resto de sus hermanos –Daniel y Guillermo- y a sus padres a vivir a Capital Federal porque “los extrañaba mucho”.

Beatriz cuenta que en San Juan trabajaba en Bazar París, que estaba en pleno centro. “Me acuerdo que me tomaron y yo estaba en la puerta, limpiando las cacerolas, en invierno, hacía temperaturas bajo cero y me salían sabañones en las manos porque tenía tanto frío, y yo con la gamuza porque tenía que estar todo brillante. Era chica, antes de los 18, empecé a trabajar desde muy chica”. Abandonó el Secundario en tercer año porque a su padre le fue mal en los negocios y decidió ayudar con su sueldo cuando sus hermanos eran chicos. “A mí no me festejaron el cumpleaños de 15, mi padre era muy celoso, no quería que baile con los muchachitos”, apunta.

Después trabajó en la zapatería Vallejo Calzados: “Me acuerdo que los dueños eran mellizos. Yo había entrado ahí y me pusieron como recepcionista en esa parte donde se vendían las pomadas para lustrar zapatos y también recibía los bolsos. Recién se había casado uno de los mellizos y había tenido un bebé, una nena, entonces yo la toqué y dije ‘qué cosa más bonita, qué belleza’, y empezó a llorar la nenita, obviamente porque desconocía, y la madre la tenía en brazos.  Entonces vino el padre, y me dijo ‘¿qué le hizo a la nena?’. Yo le dije ‘nada, disculpe, solamente la toqué’. Y la madre dijo ‘no, la pellizcó’. De ahí habrá pasado una semana y hacía poco que había entrado, y vino una señora con un bolso grandote con papas, zapallos, de todo. Y comete el error de poner el bolso, no yo, la señora, de ponerlo arriba de la vitrina y se rompió. Me echaron por eso. Esa es la discriminación que había en un momento”, afirma.
“Un poco me ayudó esa fuerza interior que yo tengo, un poco de suerte, de perseverancia” dice sobre su otro trabajo de adolescente, en el Banco Agrario, donde estuvo casi 3 años y llegó a manejar asuntos de Tesorería.

Sobrevivir en Buenos Aires
“Nunca estuve en buena situación económica. Cuando llegué a Buenos Aires ahí empecé a vivir con mejores condiciones. Apenas llegué no teníamos mucha plata. Habíamos ahorrado con Isabel que trabajaba en una cooperativa a la vuelta del Banco Agrario. Tomábamos colectivo, vivíamos las dos en una habitación de una pensión, que estaba extrañamente a la vuelta de donde vivo ahora. No teníamos más que dos camitas”, relata sobre su desembarco en la gran ciudad.

“Yo había tenido varias propuestas laborales desde que salí princesa en Miss Argentina y antes de irme de San Juan había desfilado para LALCEC en el Hotel Nogaró donde todas las modelos eran porteñas, menos yo. Estaban Teté Coustarot, Teresa Calandra y Susana Romero, que fue la única que me dio un poco de bola y nos hicimos amigotas. Y me dejó su teléfono en Buenos Aires, entonces a la primera que llamé cuando llegué fue a Susana y ella me ayudó muchísimo para el comienzo para ser modelo, yo ya sabía desfilar”, revela sobre sus primeros pasos.

“Un día Susana Romero me llamó para que la reemplazara en el Sheraton, era un desfile muy importante de mallas, ella era tapa de todas las revistas, tenía 5 ó 6 desfiles por día, y me llamó a la pensión diciéndome que le coincidían dos en un mismo horario. Cuando llegué dije ‘buenas tardes’ y no me contestó nadie y me miraron de arriba a abajo. Cuando me escucharon la tonada me dijeron ‘’¿y usted quién es?’. Yo dije que iba en reemplazo de Romero, y empezaron a los gritos, que cómo que no iba y que quién era yo, que quién me conoce. Me dieron una  malla y me dijeron que me la pruebe, y me quedaba perfecta. Me quedé y empecé a desfilar con top models. Se usaba que salieran serias, yo salí con mi sonrisa y les encantó, me recontra aplaudieron y desde ahí empecé a hacerme famosa”, rememora. 

Beatriz fue varios años mannequin y modelo de peinados con su pelo tan característico para casi todos los coiffeurs del país. Hasta que le salió un contrato en el exterior por año y medio, viajando por París, Nueva York y Brasil. Cuando volvió a Capital Federal la invitó a almorzar Mirtha Legrand.

La chica Olmedo
Lo primero que Salomón hizo en televisión fue un programa con Tato Bores. “Era Extra Tato, ahí también trabajaba Javier Portales. Salía con su smoking, su peluquín y los rollers, y muchas chicas lo perseguían, sin texto, dos de esas chicas éramos Isabel y yo. Cuando terminó me llamó Portales para decirme que él iba a empezar un programa en Canal 9 con Luisa Albinoni, Georgina Barbarrosa y otra gente. Y que ahí iba a tener algo de letra. Le dije que sí y estuve casi un año. Cuando terminó me dijo que Alberto Olmedo y Hugo Sofovich estaban buscando las ‘nuevas chicas Olmedo’. Fui a la entrevista. Estaban los tres. Yo ya era conocida, había desfilado, tenía como 60 cortos comerciales, el más famoso era el que había hecho para cigarrillos Parisiennes diciendo ‘Oh la la París’ toda vestida de blanco, con una capelina, y con ese gané un premio como mejor modelo publicitaria. Yo era conocida pero no era popular”, cuenta Beatriz sobre su despegue en la pantalla chica.

Y revive cómo fue el primer contacto con Olmedo: “Fue una entrevista, me dijeron ‘cómo está usted’, que Portales les había hablado bien de mí, me preguntaron mi edad y pretensiones. Yo dije que no tenía pretensiones, que sólo quería trabajar. Y me dijeron que en dos o tres días me llamaban por sí o por no. Sonó el teléfono de la pensión donde todavía vivíamos con Isabel. Pensé que era un trabajo más, nunca tomé la realidad de lo que fue todo aquello, que realmente marcó mi vida a nivel laboral muy importante”.

Para Salomón “La relación con Olmedo fue fantástica, fue lo mejor que me pasó en la vida profesionalmente. Todo anduvo muy bien y fui muy feliz. Gané mucho dinero en esa época y alquilé un departamento en Barrio Norte”.

Tras la muerte de Olmedo, la sanjuanina siguió trabajando con todos los capocómicos: Jorge Porcel, Jorge Guinzburg, Jorge Corona, Emilio Disi, Guillermo Francella, Berugo Carámbula. En Beatriz no sólo tenían una mujer hermosa, una vedette, sino también una comediante. Hizo casi una veintena de films que se convirtieron en clásicos del humor argentino y múltiples obras de teatro.

El trabajo de Beatriz fue en ascenso hasta que fue la cámara oculta que salió en el programa Punto Doc, que mostraba a su esposo con un travesti. Ella acababa de terminar de conducir Café Fashion y acababa de volver de Europa con Marley. “Ya tenía mis dos hijas, estaba buscando un tercero y ahí fue lo de la cámara oculta y se desbarrancó mi vida. No sé por qué la hicieron, éramos una pareja feliz y romper ese matrimonio le dio mucho rating y éxito a América y Paparazzi. Después me autoproducí y así pude sobrevivir hasta el día de la fecha”, concluye. 

“No sé por qué no me invitan a la Fiesta del Sol”
“Yo siempre me vanaglorio de ser sanjuanina y en todos los reportajes lo remarco, no entiendo por qué cuando es la Fiesta Nacional del Sol no me invitan, no sé, para ser jurado, será por ser sanjuanina que no me invitan. Invitan a gente que le tienen que pagar mucho dinero y los contratan igual. Además mi hermana Isabel fue Reina Nacional del Sol en un año antes de que nos viniéramos a Buenos Aires”, se quejó Beatriz Salomón.

“A San Juan fui la última vez invitada por una disco y la pasé muy bien contratada con mi show, por eso me llama la atención que nunca me llamaron a la Fiesta Nacional del Sol y hay tantos eventos en San Juan y nunca se acuerdan de mí, y les gusta que hable bien de la Provincia y lo voy a seguir haciendo. Con Isabel lo hablamos varias veces y decíamos qué raro que no nos llamen, ¿será porque somos sanjuaninas?, nos llamaba la atención que llevan a Mirtha o Susana, lo que está bien, pero también podés invitar gente como en mi caso de un target que no es una diva, y no lo hacen y eso da un poco de impotencia pero es lo que hay”, reflexionó.

Textual
“En Buenos Aires tenía novios, siempre estaba de novia. Yo salí con dos o tres chicos allá. Antes de venir a Buenos Aires dejé un novio que no voy a decir cómo se llama, el me quiso mucho y yo a él también. Después de divorciarme nunca más estuve en pareja, no me interesa, ya está”.

Turca dixit:
-Cristina Fernández:
“Prefiero no contestar”.
-José Luis Gioja:
“Me gusta que se haya repuesto, me parece un buen hombre, me alegro de que haya vuelto a la vida y a gobernar de nuevo”.
-San Juan:
“Me encanta San Juan, desde las últimas veces que fui es otro San Juan. Desde que tienen la minería los veo a los sanjuaninos un poco más poderosos, más importantes, más ricos”.
-Alberto Olmedo:
“No éramos recontra amigos pero él era una persona muy importante para todo el elenco de ‘No toca botón’, porque era muy angelado. Un hombre que había sido muy humilde en sus inicios y valoraba lo que era un plato de comida. Muy generoso, un grande. Teníamos una relación de colegas. Su último viaje de vacaciones lo hizo con el que era mi novio y yo, a Europa, fuimos a Madrid, a Marbella, y después siguió el viaje solo a otros lados. Allá nos encontramos con Lola Flores, con José Sacristán, con Alberto Cortéz, que eran amigos de él. Fue muy duro perderlo”.

Comentarios