En un vergel de 100 hectáreas ganadas al valle virgen de Chañarmuyo, a 1.700 metros sobre el nivel del mar, se producen algunos de los mejores vinos de altura de La Rioja, en una bodega es parte de la Ruta del Torrontés Riojano que recorre todas las zonas vitivinícolas de la provincia.
Bodega Chañarmuyo: vinos de altura, en un valle soñado
Además de los vinos de gran calidad, Bodega Chañarmuyo es un lugar completo para el enoturismo ya cuenta con hotel, restaurante y hasta salón de venta de vino y artesanías de la zona. Pero lo mejor de todo es el lugar mágico donde está ubicada, allí fundirse con la naturaleza es tan fácil que no dan ganas de irse. Al pie de la serranía, donde los cardones estallaban de flores blancas, el manto de vides con su verde-verano eran un remanso para el alma.
Propiedad del correntino Jorge Chamas, el emprendimiento plantó las primeras vides en el 2005 y como nunca antes hubo viñedos ahí, decidieron probar con varios varietales para ver cuáles eran los que expresaban mejor ese terroir.
Se plantaron los varietales Cabernet Sauvignon, Malbec (que hoy ocupa la mayor cantidad de hectáreas), Petit Verdot, Ancellotta, Syrah, Cabernet Franc, y Tannat, este último es de los que mejor se adaptó.
También pusieron blancas, Chardonnay y Viognier.
No dieron buenos resultados el Syrah, Aspirant y Petit Verdot. “En Cabernet la producción es baja, 7.000 kilos por hectáreas y estamos queriendo levantar la cifra, en los Malbec estamos bien, 10.000 kilos por hectárea. El Tannat se va a 15.000 kilos y tenemos que hacer raleo. La vid tiene sistema de conducción de espaldero, riego por goteo y malla antigranizo, ya que cae bastante en la zona”, contó Mauricio Barrionuevo, encargado de la bodega.
Para el vino top de Chañarmuyo, el 5 Hileras, bajan la producción a 3.000 kilos por hectárea para obtener mayor concentración de las virtudes de la uva, y la cosecha en este caso es manual. Aunque hay otras variedades que tienen cosecha mecánica.
La finca está diseñada para poder regar sin bombas, aunque se usan para un manejo más eficiente del agua.
De las 90 hectáreas que están en producción se cosechan unos 700.000 kilos de uva, pero también compran uvas de la zona, cuyo vino se vende a granel. La bodega tiene tecnología de punta y una capacidad de 1 millón de litros, pero elaboran 2,7 millones sumando la uva de terceros.
Antes de cosechar se miden los grados Brick de cada varietal para recogerlos en el momento justo. El enólogo es Luis Barraud (mendocino) y el ingeniero agrónomo es Julio Alarcón quien explicó que por el lugar en el que está el viñedo, al pie del cerro, casi no usan fertilizantes ya que el agua de lluvia arrastra mucho mineral de la sierra. “No usamos químicos, hay un producto que se elabora del desecho de la caña, y eso usamos porque tiene mucha riqueza de fosforo y potasio. Es un lugar aislado y tenemos baja intensidad de enfermedades. Medimos todo, fertilidad con muestras de suelo, y para el agua usamos la cámara de Scholander que es la forma de medir el agua en la planta, no en el suelo”, explicó Alarcón.
El foco de la comercialización está puesto en el mercado interno, por eso un 75 % de la producción queda en el país. El resto se exporta a EEUU.
Las inversiones continúan y la capacidad de la bodega se ampliará a 1,5 millones de litros en un año, también se sumarán hectáreas implantadas con vid con Malbec.
En hotel y restaurante trabajan 5 empleados y una estadía fuera de la temporada alta cuesta unos $2.600 por día.
En la página web de la bodega, Chamas cuenta en primera persona cómo llegó a Chañarmuyo y por qué decidió invertir en ese lugar. “Internándome en el campo, recorriendo senderos como podía, resaltaba en un cerro una cruz blanca que dominaba el valle. Era el punto culminante de peregrinación del pueblo. Erigida por un conocido lugareño, don Patrocino Carrizo (dicen que) dijo: ‘alguna vez se harán vinos en este valle de los que el mundo hablará…’. Vaya uno a saber si fue cierto, sin embargo, allí está la cruz de Don Patrocinio que desde 1913 mira el Valle de Chañarmuyo”.