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miércoles 29 de abril de 2026

Emocionante

Su hijo murió ahogado y él lo espera junto al mar

Navegaba con su hijo cuando un temporal los sorprendió, el joven cayó al agua y desapareció. Desde ese entonces abandonó su casa y vive con la esperanza de reencontrarse con su retoño.
Por Redacción Tiempo de San Juan
Lejos, pero cerca de los turistas, vive en forma solitaria y en una zona inaccesible de Cabo Corrientes, Mar del Plata, Enrique. Un hombre que se asentó en medio de las piedras, a escasos metros del mar, con sus escasas pertenencias y rodeado de mascotas, desde hace más de tres décadas. Un drama insuperable, la muerte de un hijo, cuando se desempeñaba como navegante en el océano, lo impulsó a quedarse allí, cerca de su pequeño, mientras recibe la conmovedora ayuda y el cariño de los transeúntes, con quienes intercambia libros.

"Bienvenidos a mi casa, ¿quieren leer un libro?", le expresó a Crónica, Enrique, como lo hace habitualmente con cada persona que camina por la zona de Cabo Corrientes. En "una cucheta de piedras, similar a la de un barco", pasa sus días este hombre de 56 años, en medio de las rocas. Un lugar de difícil acceso para quienes no lo conocen, pero no para él, quien es capaz de trepar o saltar piedras para asistir a sus fieles compañeros: decenas de perros y gatos que no lo dejan solo.

En 1978 comenzó a alojarse en la playa, en diferentes rincones de la ciudad balnearia, siendo su primer refugio Playa Grande, luego de un larga experiencia como tripulante de barcos. Una forma de vida que se interrumpió, asegura la gente del lugar, cuando "una noche navegando con su hijo, los sorprendió un temporal y la nave comenzó a moverse, cada vez más fuerte, y el chico cayó. Enrique no lo pudo rescatar y jamás lo pudo olvidar", le confesó a este medio, Alejandro.

A partir de ese momento su vida realizó un giro brusco de 180º: abandonó su vivienda, ubicada a pocos metros del Torreón del Monje, y encontró su nuevo hábitat en la orilla del mar. Elsa, otra vecina que desde hace 20 años conoce a Enrique, remarcó que "se fue al lado del agua, esperando que algún día vuelva su hijo. Él no es un linyera". De hecho, Enrique confiesa que "desde hace seis años no subo a la ciudad... allá se vive otra realidad, este es mi mundo. Yo vivo aquí, dentro de mi alma", enfatizó, al tiempo que golpeaba su pecho con la mano derecha.

Su particular estilo de vida llama la atención de los marplatenses, pero principalmente de los turistas, quienes detienen su marcha por el paseo de la costa para brindarle un cálido saludo y ofrendarle alimentos y prendas de vestir. "Hay de todo, buenos y malos, por suerte son más los que se preocupan por mí, me traen comida y se ponen a charlar conmigo. Siempre les hablo de los libros, les pregunto qué leen y entonces les ofrezco uno de los míos, y después ellos me traen los suyos", contó Enrique.

Justamente el ermitaño aseguró: "Mis libros son mis armas, porque la realidad que uno construye depende de su conocimiento. Por ejemplo para muchos el mar es peligroso, para mí es como volar". Enrique reflejó así su intensa lucha por idear una realidad que le permita definitivamente superar un pasado marcado por un drama irremediable.
 
(Fuente: Crónica)

 

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