El 15 de octubre de 1988, hace 25 años, el estadio de River Plate fue sede del primer gran festival de rock y derechos humanos que hubo en la Argentina. Hasta ese momento, varios artistas nacionales habían compuesto temas que pedían “democracia”, “memoria” y “cárcel común a los asesinos”, pero ese día fue la primera vez que se realizó un festival masivo –asistieron 75 mil personas– donde convergieron artistas nacionales –participaron Charly García y León Gieco– e internacionales –con la presencia de Sting, Peter Gabriel, Bruce Springsteen, Tracy Chapman y Youssou N’Dour– con un mensaje claro: “Derechos humanos ya”.
Todas las voces
El show fue organizado por Amnesty International para celebrar los 40 años de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Se realizaron 18 recitales en distintas ciudades de cuatro continentes. La elección de la Argentina no fue casual: recientemente se había producido el levantamiento carapintada de Semana Santa y se habían sancionado las leyes de Obediencia Debida y Punto Final.
El empresario Daniel Grinbank, que pasaría a la historia como quien trajo a los Rolling Stones, fue el hombre que diseñó el festival en Buenos Aires, aunque su éxito fue mérito, sobre todo, de Sting, que en diciembre de 1987 había visitado a las Madres de Plaza de Mayo en su sede y durante el concierto las invitó a subir al escenario para que hicieran su ronda mientras cantaba “They dance alone”, tema inspirado en los desaparecidos chilenos. Ese encuentro fue una clara muestra de que desde la música se podía aportar al esclarecimiento de hechos políticos y sociales.
El recital duró 7 horas ininterrumpidas, lo transmitió en vivo la Rock and Pop y las canciones fueron acompañadas por clips animados vinculados a la temática del encuentro. La fiesta se inició pasadas las 18.30 con Charly García cantando “Demoliendo hoteles”, “Nos siguen pegando abajo” y “Los dinosaurios”, y alcanzó su momento más feliz sobre el final, a las 2 de la mañana, cuando todos los músicos compartieron el escenario para cantar “Get up, stand up”, de Bob Marley.
Madres y Abuelas de Plaza de Mayo –incluidas Hebe de Bonafini y Estela de Carlotto– fueron invitadas a subir al escenario y reforzaron su aceptación masiva ganando visibilidad a nivel internacional. “Recuerdo con emoción esa noche. Tengo varias anécdotas con los músicos. Fue muy emotivo: había que visibilizar nuestra lucha y eso fue un empujón”, recordó Carlotto.
Cuando terminó el recital, los músicos viajaron a Mendoza para realizar otro show. La elección de esa ciudad como sede se debió a la prohibición de tocar en Chile, ya que estaba vigente la dictadura de Augusto Pinochet. A ese recital asistieron casi 35 mil personas, entre las que se calculó 10 mil chilenos.
A pesar del poco registro fílmico –no había celulares ni se transmitió en vivo por la tele–, el recital de Amnesty pasó a la historia como la primera gran fusión de rock y derechos humanos.