un cacho de cultura

El fenómeno pareidolia, eso que contradice lo paranormal

No ver lo que realmente se está mirando. Un tema que puede llegar a despejar un montón de dudas, si se lo analiza con seriedad y elementos que permitan llegar a una conclusión real.
martes, 12 de marzo de 2019 · 20:10

Muchas veces se habla de un fenómeno que suele confundir a quienes creen “ver” a una entidad fantasmagórica o percibir la presencia de algo que imaginan como una persona, a la que pueden llegar a visualizar, cuando en realidad no lo es. Lo que muchos no saben es que el cerebro humano, que cada día sorprende más con sus infinitas funciones, debido a que es un organo que está diseñado y a la vez preparadNoo para encontrar una serie de patrones hasta en los sitios en los cuales dichos parámetros no existen, puede llevar a una persona a vivir ciertos estados de confusión, miedo e incredulidad. Ese fenómeno es lo que se denomina pareidolia. Algo a veces intangible que conspira en muchísimas oportunidades con lo que es un caso de paranormalidad. No por mala voluntad, dobles intenciones o cualquier otro motivo, sino porque la realidad, miles de veces, supera a la imaginación. En el ámbito de lo paracientífico se han dado múltiples casos de apariciones de imágenes fantasmagóricas: en muros, suelos y cientos de objetos, así como hay miles de fotos logradas durante una investigación y en lo que se llama trabajo de campo, que plasman un supuesto contenido paranormaEmpero, hay que saber diferenciar lo que es una pareidolia de lo que en realidad resulta una estafa o fraude, cuano se manipulan elementos para hacer parecer lo que no es...

Así, ese “fantasma” que alguien intuyó o creyó haber visto, es en realidad un producto imaginario que salió del “procesador” del hombre, que es su cerebro, que captó algo muy parecido, pero que no es lo que esa persona pensó que había visto. Un tema que vale la pena investigar, para despejar dudas, y para ir siempre con la verdad. Porque no hay certezas de la veracidad de que este fenómeno sea causado desde un origen anómalo.

Qué cerebro eficaz

“Nuestro cerebro está preparado y diseñado para encontrar patrones hasta donde no los hay”. La frase de Carlos Álvarez, profesor de Psicología Cognitiva de la Universidad de La Laguna, en México, es por demás aclaratoria, aunque muchas veces, sus dichos no son tan fáciles de dilucidar.

Lo cierto es que, para la ciencia, la pareidolia es un fenómeno psicológico, de carácter perceptivo y no necesariamente dentro del campo patológico, que consiste en que un estímulo vago y aleatorio, de manera más habitual referido a imágenes, pero extensible a los sonidos e incluso a otros sentidos, es percibido erróneamente como una forma reconocible, pero que sólo aparece cuando el cerebro humano lo compara con algún preconcepto que se tiene en mente, o con algún recuerdo, a partir de los patrones en la memoria de ese individuo. Por eso mismo, no siempre una fotografía en la que parece proyectarse una entidad fantasmal es realmente eso, sino que es la mente de quien mira esa imagen la que imagina que en ese sitio hay un espíritu. No todos los casos son pareidolia, pero sí representan a una muy buena cantidad de apariciones fantasmales.

Teoría de Jeff Hawkins

El cerebro funciona sobre la base de la memorización y el reconocimiento de patrones, por lo cual la tarea que efectúa el córtex del cerebro es la predicción, o lo que el investigador Jeff Hawkins denomina memory-prediction framework, que traducido, es el marco de memoria-predicción. Según Hawkins, “el papel de cualquier región del córtex es averiguar qué relación hay entre sus entradas (llamadas inputs), memorizarla y usar esa memoria para predecir cómo se comportarán las entradas en el futuro”.

El cerebro humano utiliza una serie de algoritmos que son lo suficientemente generales como para que se pueda reconocer, imaginar, crear y aprender. Para que se entienda con claridad: sobre cada imagen que se capta se efectúa una búsqueda en la memoria para asociarla y catalogarla.

Un nítido ejemplo de esta observación es que si una persona observa un árbol de una especie desconocida para sí, por más rara que le resulte ese árbol, ese individuo lo reconocerá inequívocamente como árbol.

No todo lo que reluce es oro

Con lo antes expuesto queda claro que presuntas apariciones demoníacas, de supuestos seres extraterrestres, fantasmales, religiosas, o bien de cualquier otra presunción, se pueden explicar mediante esta teoría, que derrumbará varias de esas suposiciones sobre el origen de estas imágenes o fotografías, dado que en realidad se pueden llegar a descubrir como simples sombras, luces que generan raros efectos, manchas de variados tipos. La decoloración, la humedad o la erosión de distintas superficies podrían derriban la supuesta aparición de una entidad paranormal o imagen milagrosa.

Por último, cabe mencionar lo que se llama giro fusiforme, lo que se puede definir como nuestro radar de rostros. Es que el cerebro humano está dotado de unos circuitos específicos que se activan para procesar la información visual relativa a las caras de manera distinta al resto de los datos, y la parte del encéfalo que contiene estos circuitos es también la responsable del fenómeno de la pareidolia.

Dicha estructura se denomina giro fusiforme, y en cuestión de centésimas de segundo permite ver caras allí donde las hay, pero también allí donde no las hay. Además, cuando ocurre esta segunda posibilidad no se puede evitar tener la fuerte sensación de estar contemplando a alguien, aunque ese alguien sea en realidad un grifo, un peñasco o una fachada, incluso una sombra. Ese es el poder subconsciente del giro fusiforme: se quiera o no, se activará cada vez que una persona vea algo que le recuerde vagamente a un rostro. Es la contrapartida por haber diseñado un cerebro que está preparado para enfrentarse a gran cantidad de estímulos cambiantes e imprevisibles.

Conclusión

Todo esto lleva a pensar y analizar que, ante este tipo de escenarios, serán los investigadores de un supuesto caso paranormal quienes deberán saber despejar todas las dudas, cotejando y comparando para llegar a discernir si, descartadas todas aquellas suposiciones, se está ante un verdadero caso paranormal o es una cuestión compatible con la pareidolia. Siempre que prime el sentido común y el investigador no se aparte de su mirada objetiva.

Parece algo que en realidad no es

Hay muchos trabajos realizados por diferentes investigadores, pero es habital recurrir a claros ejemplos de algo que parece ser lo que no es. Así, se puede basar en la teoría que muestra el llamado Test de Rorschard. En la prueba, la misma se basaba en una pieza de mármol, desde la cual el investigador podría ir descubriendo ciertas siluetas parecidas a rostros, y cada vez que agudizaba la mirada se hacían más nítidas, basándose en las reconocidas “caras de Bélmez”, imágenes de la virgen (en paredes, galletas etc.), muchas de las psicoimágenes y de esas fotografías de supuestos fantasmas. Así, la investigación lleva a encontrar imágenes que, una vez ampliadas las fotografías, dejan claramente expuestas que no existe gran diferencia con los rostros catalogados como de origen paranormal en Bélmez de la Moraleda. Un ejemplo contundente desde lo fotográfico de una pareidolia se da cuando, al observar un simple mármol, en las betas se pueden ver lo que parecería ser un rostro. Sin embargo, no es una representación demoníaco, un signo fetichista y tampoco es un fantasma o algo parecido: se trata de una imagen creada por una perspectiva, el juego de luces y sombras y el efecto de la pareidolia.

Lo mismo sucede cuando el reflejo de dos ventanas en un cristal y la oscuridad pueden generar una imagen difusa, que a muchos confundiría. Se puede creer en la buena fe, pero con eso no basta. La capacidad de percibir formas y expresiones concretas a partir de estímulos ambiguos nos juega a veces malas pasadas y nos hace ver y escuchar cosas que no existen. No hay que olvidar que, cada día, la luz natural va y viene, y eso genera un flujo lumínico que va modificándose conforme pasan las horas, e incluso la iluminación artificial también juega su papel. Aún así, algo debe quedar en claro: Los muchos casos de pareidolia no anulan las posibilidades de que se produzcan inexplicables hechos paranormales . Esos que los mismos investigadores, escudriñando hasta en los más mínimos detalles, no logran develar qué es.

Comentarios