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domingo 22 de marzo de 2026

Consejos

El ejercicio intenso que ayuda a prevenir enfermedades oculares en adultos mayores

Investigaciones recientes señalan que la actividad física vigorosa protege la salud visual y reduce el riesgo de patologías asociadas a la edad, como la degeneración macular y el glaucoma.

Por Redacción Tiempo de San Juan

La ciencia suma una nueva razón para promover la actividad física regular en la vejez: además de beneficiar al corazón y al cerebro, el ejercicio vigoroso también protege la salud de los ojos. Según estudios citados por VeryWell Health, mantener un estilo de vida activo reduce el riesgo de desarrollar enfermedades oculares frecuentes en adultos mayores, como la degeneración macular asociada a la edad (DMAE) y el glaucoma.

La conexión entre ejercicio y visión

La salud ocular depende en gran medida del sistema cardiovascular. Una buena circulación sanguínea garantiza que la retina y la mácula reciban oxígeno y nutrientes de forma adecuada. Cuando la circulación se ve comprometida, aumentan las probabilidades de sufrir enfermedades que afectan la visión central y nítida.

Estudios recientes en animales comprobaron que el ejercicio reduce el crecimiento excesivo de vasos sanguíneos en el ojo, un mecanismo clave en la aparición de la DMAE. Además, un metaanálisis de 2022 con más de 14.000 adultos confirmó que los niveles elevados de actividad física se asocian con una menor incidencia de esta patología en etapas tempranas.

La intensidad importa

No todas las formas de ejercicio brindan la misma protección. Las actividades vigorosas, que implican mayor esfuerzo físico o entrenamiento de fuerza, son las que ofrecen mejores resultados. En contraste, rutinas más ligeras, como caminar, no logran el mismo efecto preventivo sobre la visión.

Por este motivo, los especialistas recomiendan al menos 30 minutos diarios de ejercicio intenso, ajustado a la edad y la condición física de cada persona, siempre bajo supervisión médica.

Ejercicio y calidad de vida en la vejez

Si bien la actividad física no revierte la DMAE en quienes ya la padecen, sí contribuye a enlentecer su avance y a conservar la autonomía. La enfermedad deteriora progresivamente la visión central, dificultando actividades como la lectura o la conducción, aunque la visión periférica suele permanecer intacta.

Por eso, los expertos aconsejan adaptar el ejercicio a espacios interiores seguros y complementarlo con el acompañamiento de profesionales especializados en baja visión, quienes pueden ofrecer herramientas para mantener la independencia en la vida diaria.

Un hábito preventivo

La evidencia coincide en que la combinación de ejercicio vigoroso, alimentación equilibrada y controles médicos periódicos es clave para preservar la salud ocular. En el marco del envejecimiento poblacional, estas estrategias se vuelven esenciales para garantizar una mejor calidad de vida y prolongar la autonomía de los adultos mayores.

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