Durante dos semanas, el cañón submarino de Mar del Plata fue escenario de una hazaña científica que cautivó a todo el país. Ahora, el buque de investigación pone rumbo a Uruguay, mientras se prepara el regreso a aguas nacionales en septiembre.
Así fue la emotiva despedida de la expedición en el fondo del mar del Conicet
La exploración del cañón submarino de Mar del Plata cautivó a millones de argentinos, llegó al New York Times y cerró con una escena histórica: científicos cantando “¡dale campeón!” a 4.000 metros de profundidad.
La escena final parecía sacada de una película: el robot submarino SuBastian descendió casi 4.000 metros hasta el lecho del Mar Argentino y dejó un cartel que decía “Gracias por el apoyo”. En la pantalla partida, se veía a los científicos del Conicet cantando “¡dale campeón!” y aplaudiendo a rabiar. Así, a pura emoción y con picos de 80 mil espectadores en vivo, se cerró la expedición que durante 14 días mantuvo a millones de argentinos pegados a una transmisión que —para sorpresa de todos— no era ni un partido de Messi ni un debate presidencial, sino el lento desfile de crustáceos, esponjas y pepinos de mar en un rincón inexplorado del Atlántico.
El operativo fue liderado por el Conicet junto al Schmidt Ocean Institute y universidades nacionales, con el buque Falkor (too) como base. Ahora, comienza la etapa de análisis de las muestras y las imágenes obtenidas, material clave para ampliar el mapa biológico del océano y proteger ecosistemas hasta ahora invisibles para la ciencia.
Pero la misión no se detiene. El Falkor ya navega hacia el talud uruguayo para la campaña “Uruguay SUB 200: Viaje a lo Desconocido”, que cubrirá 50 puntos desde el sur de Brasil hasta el norte argentino, con 37 científicos a bordo. Después, a fines de septiembre, volverá a aguas nacionales para explorar los cañones de Bahía Blanca y Almirante Brown.
Del fondo del mar al New York Times
El impacto fue tan grande que hasta el prestigioso New York Times dedicó un editorial al fenómeno, al que llamó un “frenesí submarino”. El medio describió cómo familias enteras suspendieron planes para mirar la transmisión y cómo chats y redes se inundaron de imágenes de criaturas marinas. También destacó el contraste entre el entusiasmo popular y el ajuste presupuestario que atraviesa la ciencia argentina bajo la gestión de Javier Milei.
“En 13 años de trabajo, nunca vi que un país reaccionara así ante una misión científica”, dijo sorprendido uno de los técnicos extranjeros a bordo. No exageraba: hubo más de un millón de espectadores siguiendo en vivo cada hallazgo, y hasta personas preguntando qué carrera estudiar para ser parte de la próxima expedición.
Para muchos, lo que empezó como una simple curiosidad terminó convirtiéndose en un evento colectivo que unió ciencia y orgullo nacional. Y si algo quedó claro es que, en la Argentina, el mar también puede ser territorio de pasiones.