Opinión

El turismo sale a la cancha

Es una de las apuestas más fuertes del gobierno de Sergio Uñac. Ya hubo dos anuncios fuertes: cablecarril y Vallecito. La matriz: generar más negocios para operadores. El inicio, con viento a favor por el agua. Por Sebastián Saharrea.
sábado, 09 de enero de 2016 · 09:23
Por Sebastián Saharrea
  
Cualquiera que se llevara por las formas podría afirmar que el nuevo impulso al turismo que configura parte central de la hoja de ruta del nuevo gobierno provincial llega bendecido por el agua: no hay mejor novedad, cualquiera sea la envergadura de los sueños, que ver nevar en la cordillera y que derrame a los diques.

Más allá del visto bueno de la naturaleza que acaba de clausurar 6 años de sequía impiadosa y dibujar así postales de lagos repletos que se hicieron extrañar, hay una visión inconfundible nacida desde la matriz política: la vocación del gobierno de Sergio Uñac de producir el despegue definitivo en una actividad que suele bendecir la actividad económica en lugares donde sus extensiones no han sido tocadas por la varita mágica de la productividad sino por la belleza incandescente de sus paisajes.

En esos términos, la receta parece simple: San Juan no heredó de la creación ninguna facultad para hacer crecer los sembrados en sus extensiones, sí fue tocada por la imponencia de su escenografía. Cae de maduro que deberá focalizarse para generar riqueza no en tirar una semilla de soja a la tierra reseca sino en explotar sus recursos naturales disponibles por la vía de la minería y el turismo. Como descubrieron y desarrollaron en regiones del mundo análogas, ningún descubrimiento: Los Ángeles, Sudáfrica o Australia están allí para testificarlo.

Ya inició hace una década la provincia ese camino de retomar las riendas del turismo como una fuente de creación de riqueza, los resultados comparativos con tiempos más remotos están a la vista. Pero esta vez, la nueva administración ha jerarquizado aún más la veta y parece haber puesto rumbo decidido al propósito de sacarle más provecho.

Por varias vías lo hace: la llegada al ministerio de una joven especialista como Claudia Grynszpan y la definición del propio Sergio Uñac de corregir una matriz orientada a los grandes eventos y redireccionarla en mejorar las posibilidades de todos los operadores que busquen hacer pie con sus negocios e inversiones pero reclamen cierta garantía de rotación de flujos.

Se detuvo casi 20 minutos  Sergio Uñac en la entrevista de más de 45 minutos que mantuvo sobre el fin del año pasado en Paren las Rotativas (Por Telesol), en explicar su entusiasmo con las posibilidades del turismo. Entregó dos perlitas relacionados con las apuestas en inversión pública, ambas seguramente de gran repercusión para el objetivo de multiplicar los visitantes y la actividad turística.

Uno es el regreso del cablecarril, emblema cantonista de los años 30 que tuvo apogeo hasta dos décadas después, pero que luego cayó bajo las garras de la incomprensión, cuando no del revanchismo político que dio marcha atrás con todo lo que había motorizado el líder. Así los sanjuaninos se quedaron no solo sin un pintoresco paseo en un funicular con su cable atravesando la ruta 12, sino también sin un audaz proyecto de cultivo en pleno cerro de la quebrada de Zonda que de haber sido mantenido podría haber representado un impactante atractivo turístico 80 años después. Pero del cual sólo queda el balconeo labrado a pico y pala por los obreros de entonces y las huellas de lo que era un sistema para bombear el agua hasta arriba.

Parte de eso es lo que se propone reconstruir el nuevo gobierno provincial como anzuelo turístico en una zona, esa impactante quebrada que conduce a Zonda, que de haber pertenecido a otra provincia o a otro país figuraría entre las postales más dilectas. Promete el cablecarril aportarle a San Juan otra de sus imágenes más icónicas, si es que el emprendimiento consigue hacerse un lugarcito en la simpatía de propios y extraños. Pasado tiene, lo dice la historia. Futuro parece que también, es el desafío.

El otro emblema que el gobernador Uñac parece dispuesto a apuntalar es el de Vallecito, donde habita la Difunta. No parece, pero la venerada es por lejos la imagen más representativa de San Juan detrás de la de Sarmiento. Y el paraje es el que más visitantes recibe en el año, por mucho por delante de lo que le sigue. Ocurre que si uno habita en otros contextos corre el riesgo de no entregarle su valor real, no mensurar adecuadamente un fenómeno popular arrasador. Indiscutido y fuente de inmensas oportunidades que seguramente vendrán.

Lo que piensa hacer el gobierno es subirle un peldaño la jerarquía turística al paraje, con más y mejor iluminación y la recreación de un clima que favorezca el acople de quienes ven en esta clase de turismo de la fe una brillante oportunidad económica. Tampoco se descubre nada: ocurre en todas las religiones y los credos paganos del mundo  que sus conciudadanos viven de sus imágenes como maná que baja del cielo.

El asunto es cómo mejorar infraestructura y soporte de difusión para que esas oportunidades puedan crecer. Como se lo planteó la propia ministra Claudia Grynszpan también en Paren las Rotativas sobre el punto distintivo sobre el que apoyará su gestión. La flamante titular de la cartera, especialista en la materia, venía trabajando como funcionaria en la dependencia que ahora comanda y conoce como nadie adonde aprieta el zapato. Sabe también cuál será su aporte de raíz, más allá de los muñequeos puntuales por la Fiesta del Sol, que Ricky Martin, que el show del autódromo, que el estadio.

Conoce y dice que el éxito de su gestión estará en poder favorecer la irrupción de un nuevo modelo que permita el desarrollo de las inversiones privadas: que gane el que apueste. Para eso, lógico, nadie traerá un dólar sin garantía de respaldo del sector público: empuje, difusión e infraestructura.

Camino por delante, hay mucho. Están los dos emprendimientos anunciados por el gobernador, también están los desafíos que plantea la naturaleza. Por caso Ischigualasto, emblema del turismo local de alto rango, que fue el destino de fuertes inversiones públicas en la última década al punto de haber cambiado de aspecto de manera terminante, pero que en el mano a mano con la vecina riojana de Talampaya todavía no lleva las de ganar en materia de servicios.

O Cuesta del Viento y todo el aterrizaje de un sector turístico asociado a las tablas, que en poco tiempo más podrá aportar otra foto inigualable de la fisonomía sanjuanina. O la impactante cadena de tres diques que pinta para dentro de poco (Caracoles-Punta Negra-Ullum), enhebrados por un camino de montaña que promete ser uno de los más pintorescos del país, y que ya tiene a los primeros adelantados comprando terrenos en las cercanías para anticiparse al boom que será esa belleza.

Material hay. Y por si hiciera falta, lo demuestra la reciente radicación de franquicias en el sector gastronómico que para funcionar requieren de una alta rotación durante todo el día. Como si no fuera San Juan. O como si San Juan estuviera cambiado. Como lo está.

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