No es casual que la agitación de los últimos días sobre un eventual adelanto de las elecciones provinciales haya surgido desde cierto campamento opositor: es a su intento de sumar más gente en un scum unificado a quien más beneficiaría, sin que acaso sean ni asomo los únicos.
Lo cierto es que a un año vista del primer cruce de espadas electoral del año próximo, si se mantiene para agosto el cónclave de internas abiertas provinciales, se trata de una especulación natural y con cierta lógica. Cierto también resulta que para el gobierno, encargado de dar las cartas y en este caso de decidir el día del evento, aún no confluyen los supuestos que lo empujarían a semejante decisión.
Siempre es bueno en estos casos anteponer el prefijo “por ahora” para no caer en sentencias desaconsejables para este contexto político, y siempre que se coincida con que una brisa nacional sobre contagiar epidemias en las provincias. ¿De qué depende un adelanto o una confirmación de las fechas electorales por estos pagos? Lo de siempre: la buena o mala suerte de las estructuras nacionales de referencia, alguna peste que haga necesaria la finta, alguna necesidad de mostrar un resultado, algún mal arreglo en esa dimensión, y por qué no la necesidad de despegarse para proteger el capital que tanto costó acumular.
Para cualquier caso, un año es demasiado lejos como para tener siquiera una idea peregrina: cualquiera de esos factores son de presentación tan espontánea y de lectura exclusivamente temporal, por lo que no tiene ningún sentido abrir el paraguas con tanta distancia ante la posibilidad de que en seguida pare de llover. Si bien no resulta inoportuno ir levantando la guardia, la respuesta a estas inquietudes estará –se apuesta doble contra sencillo- sobre el disco de sentencia: si la convocatoria debe hacerse tres meses antes, podríamos estar hablando de marzo próximo para ir a votar en junio, si lo que se quiere es adelantar un par de meses a la fecha usual de agosto. Se verá recién dentro de 8 meses.
Las respuestas a todas esas incertidumbres, motivaciones, con resultados puestos y todo, están en la propia historia. Bien generosa en nuestra provincia y con alguna perlita digna de ser recordada: José Luis Gioja fue electo gobernador por primera vez en 2003 en una elección postergada, en lugar de adelantada. En realidad, la adelantada fue la nacional, ante la urgencia de la explosión institucional del 2002, y allí terminó imponiéndose Néstor Kirchner ante la incomparecencia en segunda vuelta de quien había ganado la primera el 27 de abril, Carlos Menem. Y el 5 de octubre de ese año, Gioja iniciaba su primer período.
Como gobernador, en dos ocasiones fue a la relección y debió decidir si hacía los comicios unificados con la Nación: fue una y una. En la última en 2011, la de su récord personal del 69% de los votos que pegó en el palo del record histórico de Cantoni, fue el mismo día en que CFK obtuvo su reelección con el 54%: el 23 de octubre de ese año.
Pero en la elección de 2007 hubo una deliciosa secuencia de tironeos que derivó en el adelantamiento de las elecciones provinciales, a la rastra de varios motivos. El más relevante fue la decisión de Kirchner de distribuir el mapa de las provincias ganadoras del oficialismo entre las semanas previas al 28 de octubre –el día que CFK salía al ruedo presidencial- para darle un tono triunfalista a la jugada. Pero además hubo otro, que terminó traccionando: en marzo de ese año, el intendente de Santa Lucía, Vicente Mut, convocó a elecciones municipales adelantadas en su departamento para el 12 de agosto con el argumento de que “se discutan los temas departamentales, que quedan relegados ante un hecho tan importante como elegir gobernador o presidente”.
A la movida astuta del jefe comunal se fueron sumando otros interesados: Ibaceta en Calingasta, Carrizo en Valle Fértil, Franklin Sánchez en Jáchal. Y hasta el capitalino y bloquista Enrique Conti comenzó a amenazar con imitar a Mut, una jugada de distracción de quien se consideraba “desatendido” por el gobierno de Gioja y levantaba la mano para llamar la atención. Conti buscaba en ese momento también, vueltas de la vida, un acuerdo con el Frente para la Victoria integral, no sólo de algunos dirigentes. Un mano a mano entre Gioja y Conti desactivó el adelanto de las elecciones y alumbró el acuerdo con el Frente que justamente ahora el bloquista combate con uñas y dientes en su partido. Pero Mut y el resto de los intendentes rebeldes insistieron y hasta promulgaron por decreto la decisión.
La respuesta de Gioja estaba al caer. Y fue realmente sorpresiva y en formato de un clarísimo contraataque de escritorio para bloquear las motivaciones de despegarse: cuando nadie lo esperaba, llamó a elecciones provinciales para el mismo 12 de agosto, y todos a votar el mismo día, los de Santa Lucía y los del resto de la provincia. Los resultados dieron el veredicto de la jugada: Gioja obtuvo la reelección con el 61% de los votos y arrastró a una buena parte de los suyos, incluidos todos los departamentos rebeldes que habían primereado con el adelanto.
No fueron los primeros adelantos de elecciones en San Juan, ni cerca. Ya en 1991, Jorge Escobar se coronó gobernador en elecciones adelantadas por Carlos Gómez Centurión para favorecer a su fórmula bloquista y encapsularla de lo que se llevaba todo puesto en ese entonces, el menemismo. No pudo ser, un joven empresario lo doblegó el día que se votó sólo en San Juan, San Luis y Río Negro.
Pero luego, Escobar probó también de la misma medicina. Porque en 1999 buscó esquivarle a la evidente debacle de la década menemista y adelantó los comicios en que buscaba su segunda reelección para el 16 de mayo: fue derrotado categóricamente por Alfredo Avelín, quien como consecuencia de aquel adelantamento debió permanecer como gobernador en las sombras (es decir, sin asumir) nada menos que 7 meses, hasta diciembre. La caída del menemismo a manos de De la Rua se consumó el 24 de octubre.
Volviendo a la actualidad, ¿por qué razón decidiría Gioja adelantar las elecciones del año que viene? Respuesta tajante: por la misma. Lo haría, seguramente, si dedujera que sus chances son mejores en ese caso, o sería un envión para el proyecto nacional al que reporta, como ocurrió en el 2007.
También si debiera tomar distancia de lo que ocurra a nivel nacional. Puede deducirse que un escenario de ruptura entre Scioli –el candidato mejor perfilado del Frente para la Victoria- y el kirchnerismo resultaría incómodo para la dirigencia provincial, en realidad para todos los que no se pinten la cara con ninguno y pretendan retirarse de esa hoguera. Habría que hacer fuerza para imaginar a un gobierno nacional presionando a sus referentes provinciales por su candidato, aún a sabiendas que no tiene chances. Un mapa improbable pero no imposible, aunque por San Juan todos creen entender que nadie se suicida, y en política menos.
Los que sí hacen fuerza por un adelanto son los dirigentes opositores locales. Es que entre ellos reina la disparidad sin que nadie mande de manera notoria, y peor aún, todos responden a un candidato presidencial distinto. Si las elecciones provinciales son antes les permitiría encapsular esa cita e ir juntos la mayor cantidad posible, y luego en la presidencial jugar cada uno para su referente. Pero a un eventual regalo del cielo como sería el adelanto, ninguno se lo termina de asumir. Hace tiempo que dejaron de creer en los reyes.
miércoles 1 de abril 2026




