Por Sebastián Saharrea
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Ricardo y Viviana son, sin dudas, las personas más doloridas además de la propia víctima por el salvaje ataque que sufrió la menor a manos de sus “amigos y compañeros” y que tan profunda huella ha generado no sólo entre la familia sino también en la sociedad completa, afectada y golpeada por el desquicio de un grupejo de jóvenes salidos de matriz.
Sobrevuelan seguramente a su alrededor todo tipo de sensaciones. Primero, la preocupación por la situación y el futuro de su hija, y la búsqueda de la mejor manera de protegerla. También sobrevuelan quienes hacen de este tipo de desgracias una oportunidad, con alguna ramificación por el costado político.
